07 abril 2014

DEL CORREO DEL BLOG

La mala experiencia de Mexicana 
de Aviación

CREDITO: 
Enrique Campos Suárez
Mexicana de Aviación no era una línea aérea tan grande; sin embargo, era la segunda en importancia en este país y su nombre invitaba al patriotismo.
A fin de cuentas, la mala regulación de las autoridades de comunicaciones y transportes llevó al saqueo desde las entrañas de esta empresa que cayó en coma. Pero ese estatus de portar un derivado del nombre nacional y, por lo tanto, ser un fetiche para la identidad nacional impidió darle una muerte digna y a tiempo.
No creo que hoy le quede duda a nadie de que si pasados unos meses en que se descubrió que el pasivo que cargaba la empresa la hacía inviable, lo mejor hubiera sido quebrarla y repartir lo que quedara, empezando por los trabajadores que siempre están en el primer lugar de la fila.
Mexicana se desfondó el 28 de agosto del 2010, cuando las autoridades del gobierno federal ya sabían lo que sucedía al interior de esa empresa. A principios de ese año, intentaron sin éxito una fusión entre Mexicana y Aeroméxico para refundar una sola empresa de aviación.
Los pasivos de la empresa sólo parecían avalados por el valor de su marca, lo que nunca fue suficiente para conseguir el respaldo para nuevas deudas. La enfermedad se agravó hasta ese día de agosto que se declaró el estado vegetativo del concurso mercantil.
A la vuelta de estos más de tres años y medio de mantener con vida artificial una empresa sin cuerpo, también se dejan lecciones que se tienen que aprender en el terreno judicial. Un concurso mercantil no es un concurso de popularidad para un juez.
El juez Felipe Consuelo Soto fue excesivamente protagónico y hasta parcial en el caso. Alargó innecesariamente la quiebra en un afán de conseguir quién se quedara con el nombre y los despojos de la compañía. Sólo que nadie se animó porque en la canasta venía un baúl de deudas impagables.
Además, mientras más tiempo pasaba, menos mercado disponible les quedaba a los supuestos nuevos inversionistas.
Aeroméxico exprimió todo lo que quiso a los clientes en las rutas donde se volvió monopólico, lo que le dejó enromes ganancias, al tiempo que nuevos competidores, que estaban en pañales, despachando en Toluca se apropiaban de los espacios vacíos.
Interjet y Volaris supieron aprovechar la coyuntura y hoy son una competencia real en ese sector. Prevalecen rutas monopólicas, la demanda del servicio crece aunque a un ritmo lento, el Aeropuerto de la Ciudad de México es obsoleto, pero el mercado está cubierto.
Total que a la vuelta de estos años no hay ganadores. Ahora todos tienen que formarse a ver qué es lo que queda realizable para recuperar algo de lo perdido. Todos perdieron un tiempo precioso y la oportunidad de que los activos no se depreciaran tanto.
Las lecciones tienen que ser muchas: la primera, de regulación de esa industria, no puede haber una autoridad tan omisa sobre la salud financiera y las buenas prácticas corporativas de los empresarios.
Después, la apertura no puede aspirar a recargarse en un solo jugador, así se llame Aeroméxico. También las prácticas judiciales, que no acaben por dañar a todos. Y al final, la certeza de que se llame Mexicana o Pemex, portar el nombre nacional, no los hace infalibles