25 julio 2021

Transportes Aeromar, aquí y ahora

 

Transportes Aeromar, aquí y ahora

¿Conocen a esta aerolínea, que posee unos simpáticos aviones de hélice (turbohélices para ser exactos), y tiene su propia terminal en el AICM Benito Juárez?



Esta pequeña aerolínea vio la luz a finales de la década de los 80´s. Surgió a raíz de la necesidad de realizar viajes cortos regionales. Desde el año de su nacimiento (1987) hasta dos años después, operó desde el aeropuerto de Toluca, para posteriormente trasladarse de manera definitiva la Ciudad de México.

El dueño mayoritario es el judío Zvi Katz. La aerolínea cuenta con cerca de 900 trabajadores y genera USD $107,620,000 (ciento siete millones seiscientos veinte mil dólares) en ventas, de acuerdo con Dun & Bradstreet, compañía estadounidense dedicada al suministro de información comercial, de riesgo y financiera de empresas. Por eso llaman la atención la serie de “eventos desafortunados” suscitados dentro de esta empresa de aviación en los últimos años.

Comencemos con lo más llamativo: hace apenas un par de semanas los pilotos de dicha aerolínea protestaron por la falta de uniformes, así que decidieron presentarse a laborar sin ellos. Para quienes hemos trabajado en una aerolínea, sabemos que el uniforme es parte de las herramientas de trabajo, y que la empresa está obligada a dotar de uniformes a su personal.

Los 118 pilotos de la aerolínea comenzaron la protesta porque además de la falta de uniformes, no les han pagado sus primas vacacionales. No debemos soslayar, que los pilotos redujeron su salario en un 44%, como medida para “apoyar” a la empresa por el tema de la pandemia por Covid19.

Lo mismo sucede con los tripulantes. Ellos aceptaron en 2018 aplazar la revisión de su contrato hasta 2019. Al realizarse, se determinó darles un aumento salarial, pero por partes: una en ese mismo 2019 y la otra debieron recibirla en marzo del 2020. Sin embargo, pretextando la pandemia, hasta la fecha la empresa no les ha dado el aumento pactado.

Desafortunadamente, esto es solo una cara del poliedro problemático de la empresa con sus sobrecargos. Desde antes de la pandemia ellos ya estaban en un esquema de “rotación” (sin trabajar y sin cobrar), y lo siguieron haciendo durante todo este año, a pesar de que el acuerdo original era que la rotación duraría solo seis meses. Es decir, la medida feneció en el mes de octubre, sin embargo, los sobrecargos siguen rotando.



La representación sindical de ASSA, con vacuas promesas indujo a los sobrecargos a no estallar la huelga prevista para el 31 de agosto pasado. Al igual que a los pilotos, a los sobrecargos además del aumento al salario, también les adeudan primas vacacionales, uniformes y un largo etcétera de bonos diversos (bonos mensuales de cultura y deporte desde julio de 2019; bonos de puntualidad y asistencia desde abril del año pasado, vacaciones desde mayo de 2019, así como el pago de tiempo extra, de mayo a la fecha y el 20% correspondiente al fondo de ahorro.)

Para desactivar las justas exigencias de los trabajadores, el sindicato les prometió que la empresa empezaría a ponerse al corriente en el adeudo de los pagos mencionados, para que aceptaran prorrogar el estallamiento de huelga para el 30 de noviembre de 2020.

Como ustedes se pueden imaginar, dichos pagos no se dieron, y todo quedó nuevamente en promesas. Hay que decirlo fuerte y claro, para ASSA de México, los 108 sobrecargos de Aeromar “son pocos” y les resultan insignificantes. No existe otra explicación para entender su pasividad y permisividad en el crecimiento de estos adeudos que tiene la empresa para con sus sobrecargos.

La empresa alega en su favor que la pandemia tiene la culpa, pero como nos podemos percatar con el caso de los sobrecargos, el tema del atraso de pagos viene desde antes de la llegada del virus mortal.

De acuerdo con una circular publicada por ASSA de México, “ante el panorama difícil y crítico”, la empresa ha solicitado los “retiros voluntarios” de 32 sobrecargos. Déjenme decirles que gracias a una excelente comunicación que tengo con varios de los trabajadores de Aeromar, algunos sobrecargos me han señalado en varias ocasiones que el esquema de rotación fue impuesto por el sindicato, y que desde que alargaron la duración de dicho esquema, los sobrecargos de la empresa estaban dispuestos a enfrentar los recortes que sean necesarios, en vez de seguir con la zozobra de tener que dejar de trabajar, y de cobrar un mes, cada cierto tiempo.

El panorama no pinta nada bien, y menos si el sindicato se sigue haciendo de la vista gorda, permitiendo que la empresa siga incumpliendo con sus obligaciones patronales. Estamos en la antesala de una huelga, y en el horizonte veo a un sindicato haciendo todo lo posible por que no estalle, no por el bien de los sobrecargos, sino porque es más fácil no hacer nada, y convertirse en un sindicato pro empresa.



Los sobrecargos de Aeromar se ven y están desamparados por su sindicato, y es tan grande su enojo que la delegada de Aeromar de ASSA, que con la venia del Secretario General buscaba su reelección, perdió el cargo en las pasadas elecciones, celebradas en los primeros días de noviembre de este año. Es un hecho, el avispero ha sido pateado, y hoy el sindicato tiene un grupo de trabajadores enojado y harto de los años que llevan “cooperando” por el bien y para la subsistencia de la empresa, sin que esta les cumpla las promesas.

Dun & Brandstreet asegura que las fuentes dinámicas de información que utiliza permiten proporcionar datos crediticios cruciales. Entonces debe ser cierto lo que dicen, que Aeromar vende más de $2,140,000,00 (dos mil ciento cuarenta millones) de pesos al año. ¿Necesitará más que eso para dejar de sacrificar los salarios y prestaciones de sus trabajadores?

No puedo ver este tema como un asunto “entre particulares”. El Estado mexicano tiene por lo menos dos Secretarías federales con competencia y responsabilidad, tanto jurídica como política, en este tema: la del Trabajo, y la de Comunicaciones y Transportes. No solo debe velarse el respeto irrestricto de los derechos laborales, sino también las condiciones económicas de la empresa, pues no debemos olvidar que las aerolíneas son concesiones que otorga el Estado para que un particular las explote.

Quienes conocemos la industria aérea sabemos que es considerara “de alto riesgo” y que cualquier cosa puede afectarla; pero Aeromar, al igual que otras empresas como Volaris y VivaAerobus, son las que mejor han sorteado la crisis por Covid19. ¿Cuál es la necesidad de explotar a sus trabajadores?. Sus pilotos y sobrecargos son apenas dos botones de muestra. No olvidemos a los trabajadores del área de mantenimiento, mecánicos, despachadores, trabajadores de rampa, choferes; todos y cada uno merecen el pago justo por su trabajo.

Sí de verdad queremos que el país cambie, debemos denunciar las malas prácticas de empresarios rapaces, que sólo buscan enriquecerse a costa de sus trabajadores. Por eso, insisto, el gobierno no puede hacerse de la vista gorda. Ya bastante lesivo es que mi sindicato, ASSA de México, lo esté haciendo desde hace más de dos años, en perjuicio y menoscabo de los trabajadores. ¿En eso qué tiene que ver la pandemia?

Ximena Garmendia

Esta columna fue originalmente publicada el 24 de noviembre de este año y podemos asegurar que la situación no ha cambiado mucho.

 

18 julio 2021

Interjet, una bomba de tiempo

 

Interjet, una bomba de tiempo

Estimados lectores, ustedes que siguen puntualmente esta columna, saben que hemos dado seguimiento a lo que acontece en la empresa de aviación Interjet. Ya en el puente de “día de muertos”, la aerolínea canceló por varios días sus vuelos, diciendo que había sido a causa de un mantenimiento, sin dar especificaciones y sin ahondar más en ello, pero sottovoce se supo que fue porque no había dinero para pagar el combustible de las aeronaves.



Trabajadores de dicha empresa se han contactado conmigo y dicen que la situación es verdaderamente crítica y desesperante. No son sólo cinco quincenas de salario lo que la empresa les adeuda a sus trabajadores, sino que son ya cinco meses que no reciben los vales de despensa.

Sin ningún aviso de por medio, el fin de semana pasado la empresa decidió cancelar los vuelos de los días 28 y 29 de noviembre. Igual que a principios de mes, los dueños no dan la cara, pero los trabajadores informan que la cancelación obedeció nuevamente a que la empresa no pudo pagar el combustible.

No pretendo ser alarmista, pero esto es una verdadera bomba de tiempo. Surgen muchas preguntas, y debo ser enfática: la aviación en México, a pesar de estar en manos de particulares, es una concesión que otorga el Estado para su usufructo, pues usan el espacio aéreo, que es de todos los mexicanos.



Uno de los primeros cuestionamientos que me hago es ¿hasta cuándo el gobierno va a permitir que Interjet siga operando bajo condiciones que llegan al absurdo de no contar siquiera con el efectivo suficiente para el pago de combustible?, y es que no sólo los usuarios se ven defraudados al no poder realizar el viaje pagado, son los trabajadores quienes tienen que dar la cara, mientras los dueños se esconden.

Otra pregunta es: sí no hay dinero para el pago de combustible, ¿qué tan seguro es viajar con ellos?, Si no tienen dinero para el combustible, ¿tendrán para todas las refacciones que exigen los equipos?, sin ir tan lejos, muchos trabajadores al día se hoy viven en la zozobra permanente de no tener dinero para trasladarse a su lugar de trabajo, ¿y sí el trabajador en cuestión es un mecánico que debía de haberse presentado para arreglar alguna falla?.



Suena bastante cruel, y largos ríos de tinta he escrito sobre las condiciones de los trabajadores aeronáuticos, pero ¿qué sucede cuando una empresa ocupa el tema de la pandemia y la competencia desleal para no cumplir con sus compromisos adquiridos?

No se puede tapar el sol con un dedo; la semana pasada les presenté el caso de la empresa Transportes Aeromar, cuyos dueños también usan de argumento la pandemia por Covid19, pero no debemos soslayar que la empresa Aeroméxico tiene mucho que ver en los desastres financieros en los que están metidos tanto Aeromar como Interjet.

Un botón de muestra: los sindicatos de pilotos y sobrecargos, ASPA y ASSA respectivamente, tienen directivas sindicales conformadas exclusivamente por gente de la empresa Aeroméxico y han tomado medidas y decisiones polémicas en aras de que la única empresa que siga en el aire sea Aeroméxico.

A pesar del trabajo sucio de estos dos sindicatos en favor de Aeroméxico, Interjet, no puede recargar toda la responsabilidad de su situación actual en la guerra sucia de Aeroméxico. Existe, y es muy evidente que la empresa del caballero águila sigue frotándose las manos ante la probable desaparición de Interjet; incluso ha pospuesto algunos recortes y cambios a sus Contratos Colectivos de Trabajo, esperando esos cambios en el horizonte.

Para Interjet el panorama se torna negro y la siguiente pregunta que lanzo sin cortapisas es ¿acaso el gobierno está esperando a que suceda un accidente fatal para darle carpetazo al tema de Interjet? No soy buitre, lo digo porque no sería la primera vez que se use esa estrategia. En el pasado no muy lejano se usó con la empresa TAESA; hasta que sucedió un accidente fatal, el gobierno tomó las riendas, y terminó por darle santa sepultura a la empresa.



Estamos ante una bomba de tiempo: trabajadores que llevan meses sin pago, ex trabajadores que fueron liquidados y no han recibido su liquidación, no hay dinero para combustible, muchos de los empleados siguen con la camiseta bien puesta, pero no tienen ni para el transporte que los lleve a su trabajo, y temen que la empresa “los corra” por faltar.

Usuarios molestos por las continuas cancelaciones de sus vuelos, que se sienten defraudados por la empresa, porque cuando intentan cancelar su vuelo y recibir el reembolso de su boleto, no hay dinero para pagarles.

Seamos francos, a dos años de la entrada de Andrés Manuel López Obrador, hay dos Secretarías de Estado que han brillado por ausencia en lo que respecta a la aviación nacional. Está perfecto el avance del aeropuerto Felipe Ángeles y la cancelación de NAIM, sin embargo ¿qué aerolíneas volarán desde ahí?, Aeroméxico ha sido un gran detractor de dicho aeropuerto, negando que vaya a operar algún día ahí… que a ellos no los sacan de la T2.

Debo ser muy clara, antes de terminar el sexenio de Peña Nieto, se aprobó la apertura de los cielos, y las aerolíneas que comienzan a tomar el mercado en nuestro país son extranjeras; no se puede competir cuando no tienes las mismas condiciones. Por ello mi empeño en remarcar la importancia de la aviación nacional y el cuidado que debemos tenerle, ya que el cielo es nuestro.

A grandes rasgos, una sola aerolínea norteamericana tiene entre 800 y 900 aviones, incluso después de los reajustes por la pandemia por Covid19, mientras que toda la aviación nacional, sí juntamos la flota de Aeroméxico, Interjert, Volaris, VivaAerobus, Aeromar, Magnicharters, TAR, y todas las demás aerolíneas regionales, no llegamos ni a 250 aviones, también números después de los reajustes obligados por la pandemia.

Con base en esta realidad, es fácil imaginar que el aeropuerto Felipe Ángeles estará maniatado y a capricho de las aerolíneas extranjeras, y si terminado el sexenio de Andrés Manuel, la derecha ganara las elecciones, el proyecto del NAIM podría revivir. Los intereses económicos siguen siendo enormes, y en este país todo puede suceder.



Por eso el gobierno de México, y las Secretarías de Estado involucradas no deben tomar a la ligera el tema de Interjet; tenemos una Agencia Federal de Aeronáutica Civil enmudecida; basta una breve revisión para darnos cuenta que por situaciones mucho menos graves que las de Interjet, otras empresas han sido bajadas de vuelo, y es competencia de la SCT. Pero si hablamos de los trabajadores, la Secretaría del Trabajo y Previsión Social no sólo ha sido muda, sino que sus reacciones, posicionamientos y declaraciones han sido más bien torpes e indolentes.

Se están cumpliendo dos años del triunfo electoral de Andrés Manuel; la Cuarta Transformación avanza a pasos lentos, pero estos deben ser firmes y seguros. No necesitamos un accidente fatal de aviación para tomar cartas en el asunto. Son muchos los focos encendidos en todo lo que concierne a la industria aeronáutica mexicana, y todos están íntimamente relacionados. Aeropuertos, aerolíneas, equipos, permisos, impuestos, sindicatos… nada está desconectado. En esta columna semanal hemos tratado poco a poco algunos temas, nos faltan muchos más, de los que conviene estar enterados, porque el cielo nos pertenece a todos los mexicanos, así de simple.

Ximena Garmendia

Esta columna fue publicada el 1° de diciembre de 2020, antes de que los directivos de la empresa tomaran la decisión unilateral de parar operaciones y mucho antes de que los trabajadores representados por su sindicato, tomaran la determinación de estallar a huelga por incumplimiento del pago de salarios. El caso de Interjet se pudo evitar si las autoridades hubieran tomado a tiempo, cartas en el asunto. 

 

11 julio 2021

Mexicana de Aviación, cumple 99 años

 

Mexicana de Aviación, cumple 99 años

 

¿Es esto posible?, entiendo su duda estimado lector, y es que seguramente viene a su mente un alud de notas periodísticas que desde hace casi diez años hablan de “la quiebra de Mexicana de Aviación”. Si me acompaña, le contaré de una manera rápida, pero puntual la verdadera historia de Mexicana de Aviación, su quiebra y por qué podemos decir que está cumpliendo 99 años.



Desde hace una semana, la noticia de que Aeroméxico decidió acogerse al Capítulo 11 de la Ley de Quiebras, en Estados Unidos ha ocupado no pocos espacios en los medios de comunicación, con dos claras vertientes: la información financiera y la dirigida al público usuario.

La primera de las mencionadas con las implicaciones más importantes en los números, saldos, deudas, contratos y demás vericuetos de la empresa, y la otra, con la clara intención de que aquellas personas con un boleto o reservación mantengan la calma y tengan la certeza de que Aeroméxico seguirá volando con “normalidad”, o en el caso concreto, lo que la pandemia de COVID-19 permite que sea normal.



Y este es un punto clave: para la gran mayoría de los mexicanos, la industria aeronáutica se reduce a “aviones volando”, por ello si no tengo planes de “volar”, lo que suceda o deje de suceder en la industria no me va a quitar el sueño. De la misma manera, si desde hace 10 años dejé de ver la marca y logotipo de Mexicana de Aviación en los aeropuertos y la publicidad, infiero que dejó de existir. Pero esto es falso; la empresa sigue vivita y coleando, y podemos decir que sigue volando, porque sus rutas y slots hoy por hoy son operados por otras aerolíneas, pero legalmente son propiedad de Mexicana de Aviación.

La historia es larga y con muchos recovecos, tanto jurídicos como políticos, y podemos poner como punto de partida para esta reseña el sexenio de Vicente Fox y su interés por eliminar la restricción legal de que las aerolíneas extranjeras pudieran hacer “cabotaje”, es decir, transportar personas, mercancías y equipajes entre diversos lugares del territorio nacional, sin abandonarlo, una prerrogativa que pertenecía solamente para las aerolíneas nacionales. Ese gobierno presionó para que se pusieran a la venta tanto Aeroméxico, como Mexicana de Aviación (las dos administradas por el Estado), a través de la Controladora Cintra, cuyo director era Andrés Conesa Labastida. En su momento, las aerolíneas, Aeroméxico y Mexicana fueron valuadas en 1,000 millones de dólares, cada una.



En 2005, el entonces presidente de Grupo Posadas, Gastón Azcárraga adquiere a Mexicana de Aviación por la ridícula cantidad de 165 millones de dólares. Los nexos existían desde antes; todos recordamos el búnker en que se convirtió el Hotel Fiesta Americana Reforma (de Grupo Posadas), que sirvió como casa de transición de Vicente Fox, y en este país, nada es casualidad; como tampoco fue casualidad que antes de comprar la empresa, se diera marcha atrás a muchas conquistas laborales de los trabajadores.



Hablo de un ejemplo que me tocó padecer en carne propia. En Mexicana de Aviación existían dos contratos, y como sobrecargo contratada después de 1989 no teníamos derecho a jubilación. Sin embargo, tras una lucha sindical en 2001 conseguimos el derecho a jubilarnos tras 30 años de servicio, sin distinción de género, porque en el caso de los contratados antes de 1989 las mujeres se jubilaban a los 23 años de servicio y los hombres a los 28. Sin embargo, en la revisión salarial de septiembre de 2005, el entonces Secretario General, aseguró a la planta que el diagnóstico de Cintra (o sea Conesa Labastida) era que nadie compraría Mexicana de Aviación porque “costábamos mucho”, así que propuso que cediéramos nuestra jubilación los contratados después de 1989 para hacer más atractiva la empresa.

Bajo este panorama, que años después se demostró era un completo engaño, muchos de mis compañeros votaron a favor de que los contratados después de 1989 perdieran el derecho a jubilación. Recuerdo que cuando sucedió esa asamblea yo estaba de pernocta en Guadalajara, y me dio mucho coraje perder un derecho que habíamos plasmado en nuestro contrato colectivo de trabajo. Todo sucedió, dos meses antes de que Gastón Azcárraga comprara la empresa.



Una de las primeras acciones ejecutivas del nuevo dueño fue vender la torre de Mexicana, ubicada en Xola, en la Ciudad de México, mejor conocida por los lugareños como “la licuadora”. Un edificio emblemático para los trabajadores, no solo por su moderna y poco convencional arquitectura; también era entrañable porque se construyó con el dinero que por dos años los trabajadores cedieron a Mexicana de Aviación del reparto anual de utilidades para la construcción del edificio que albergaría las oficinas administrativas. Gastón Azcárraga la vendió a Fibramex por 40 millones de dólares, solo el 57% del precio en que estaba valuado el edificio. ¿Tuvo que desalojar el edificio? No, siguió despachando ahí porque desde esa fecha y hasta el 2010, Mexicana de Aviación pagó renta por el uso de ese edificio.

Hagamos unas cuentas básicas, todas expresadas en dólares. Compra una empresa de 1000 millones en tan solo 165 millones, de los que recupera inmediatamente 40 millones, tras vender la torre de Mexicana. Ya suena a buen negocio, pero hay más. En 2006, ya bien acomodado en su oficina (rentada), Gastón Azcárraga comenzó a buscar ahorros por medio de los trabajadores.

Primero logró un acuerdo de ahorros por 50 millones con los pilotos, a cambio de prometerles el 5% de las acciones de la empresa, así como un lugar en el Consejo de Administración, con derecho a voz pero no al voto. Así que, al costo de 125 millones, debemos restarle los 50 millones que se ahorró con los pilotos. ¡Muy bien, Gastón!, la empresa hasta este punto te representa un costó real de 75 millones, pero no se queda aquí. Con el personal de tierra firmó un convenio de ahorro por 25 millones. Así es que a Gastón en un abrir y cerrar de ojos había “recuperado” 110 millones de los 165 que pagó por Mexicana. Estaba tan emocionado que pretendió lograr con los sobrecargos un convenio de ahorro por 40 millones, pero justo ahí se topó con pared.



El gremio de sobrecargos había sido lastimado muy recientemente. Habían pasado escasos seis meses desde que tuvieron que “ceder” su jubilación en aras de hacer atractiva la empresa, y ahora su Director General venia a pedirles el 60% de sus prestaciones para mantener la operación. Nuestra oposición fue tan tajante, que la empresa se vio obligada a demandar en 2007 un Conflicto Colectivo de Naturaleza Económica, con el principal argumento de que “los salarios de los sobrecargos ponían en riesgo la viabilidad financiera de la empresa”. La batalla en tribunales comenzó y en una primera instancia se dictó un laudo que recortaba más del 60% de nuestras prestaciones y salario.

Nunca se ejecutó, gracias a un amparo promovido por los sobrecargos, que fue atraído por la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Fue hasta el año 2015, que el máximo tribunal de nuestro país falló a favor de los trabajadores, sentenciando que los salarios y prestaciones de los sobrecargos nunca pusieron en riesgo la viabilidad financiera de la empresa. De haber conseguido el tan anhelado Convenio de Ahorros con los sobrecargos, a Gastón Azcárraga le hubiera costado tan sólo 10 millones de dólares la empresa. ¡Una verdadera ganga!

La realidad es que, con una compleja y deshonesta ingeniería fiscal y tributaria, Gastón trianguló las pérdidas de sus hoteles a la aerolínea, y las ganancias de la aerolínea fueron a parar a sus hoteles, cuyo crecimiento fue exponencial a partir de la adquisición de Mexicana. Los que lo duden, pueden revisar su informe del año 2006, en el que Grupo Posadas anunció un crecimiento del 44.6%.

La intención de Gastón era que Mexicana de Aviación tuviera un sindicato único, en lugar de la contratación colectiva con tres sindicatos: la Asociación Sindical de Pilotos Aviadores de México (ASPA), la Asociación Sindical de Sobrecargos de Aviación de México (ASSA) y el Sindicato Nacional de Trabajadores de Transportes, Transformación, Aviación, Servicios y Similares (SNTTTASS). Simple lógica: es más fácil cooptar a un líder sindical, que a tres gremios distintos. Y estuvo muy cerca de lograrlo. En 2009 creó la empresa “Mexicana Link”, llamada coloquialmente sólo como Link, en la que tanto pilotos como sobrecargos y personal de tierra estaban afiliados al SNTTTASS, el modelo perfecto para sus planes.



El 20 de junio de 2010, Gastón Azcárraga citó por separado a los representantes de los tres sindicatos (ASPA, ASSA y SNTTTASS). La cita a la que yo acudí en mi carácter de Secretaria de Actas de ASSA, junto con una comitiva de una decena de personas, fue alrededor del mediodía. Además de Gastón Azcárraga, en la sala de juntas estaban el director de la empresa Manuel Borja Chico, y Adolfo Crespo director de comunicación corporativa y servicios al cliente. La propuesta que Gastón había dibujado para mi sindicato, estaba plasmada en un pizarrón, y tenía tres opciones:

·         Reducir de 1,350 a 822 el número de sobrecargos y todos volando bajo el contrato de Link (jugada con la que ASSA perdería la titularidad del contrato, y pasaría al SNTTTASS)

·         Que los sindicatos compraran la empresa (deudas incluídas, por supuesto) por $1.00 (Un peso) y usufructuar el nombre durante seis meses. Después podríamos ponerle “aeropatito” (literalmente esa fue su expresión, yo lo escuché con mis propios oídos)

·         Por último, si no aceptábamos ninguna de las dos propuestas anteriores, la empresa iba directo a la quiebra.

Gastón Azcárraga sabía que esa reunión no tenía ningún carácter resolutivo, sino únicamente intimidatorio. Se trataba de encender la mecha de una carga de dinamita pronta a explotar, y evidentemente él no se iba a quedar a ver el espectáculo pirotécnico. En menos de un mes, a mediados de agosto de 2010, Grupo Posada supuestamente vendió a Mexicana de Aviación a “Tenedora K”, una empresa recién creada por Grupo Omega, en la inverosímil cantidad de $1,000 pesos mexicanos. Mi escepticismo radica en que, en más de 10 años, nadie ha visto ese contrato, ni forma parte de ningún expediente judicial. Si alguien puede desmentirme, se lo voy a agradecer. Llevo años pidiendo que ese contrato salga a la luz pública. Quien también se volvió invisible fue Gastón Azcárraga, quien abandonó el país desde entonces.

Ante la exigencia de información, el flamante Secretario de Trabajo y Previsión Social Javier Lozano, declaró que no podía supervisar esa venta, ya que era un acuerdo “entre particulares”. La cifra de mil pesos fue dada a conocer por Juan Molinar Horcasitas, quien fuera Secretario de Comunicaciones y Transportes.

Hoy algunos documentos son públicos y se puede armar el rompecabezas. En esos días aciagos todo sucedía tan rápido y con una opacidad oscurantista. Hoy sabemos, porque así lo documenta el Libro Blanco de Mexicana de Aviación, en poder de la Secretaria de Comunicaciones y Transportes, que no fue Mexicana de Aviación la que la solicitó entrar a un Concurso Mercantil, sino que fue la propia Dirección General de Aeronáutica Civil (antes DGAC, ahora AFAC), dependencia de la SCT la que lo solicitó. Hoy sabemos que desde el día 5 de agosto el Juzgado Décimo Primero en Materia Civil en el Distrito Federal, radicaba la solicitud de Concurso Mercantil de Compañía Mexicana de Aviación, y también decretaba diversas medidas precautorias como:

·         Mantener a Mexicana en los derechos concesionarios para transporte de carga y pasajeros.

·         La prohibición de detener, retener, secuestrar y/o embargar o llevar acabo cualquier tipo de ejecución en las aeronaves, refacciones, motores, así como contratos, fideicomisos

·         Suspender, revocar y/o cancelar el registro aéreo y/o de matrícula de las aeronaves.

·         La suspensión de cualquier acreedor en contra de los bienes y derechos de Mexicana.

A pesar de la existencia de un mandato judicial expreso, la noche del 27 de agosto, Tenedora K toma la determinación de parar operaciones, aunque los sindicatos ya se estaban trabajando en nuevos contratos colectivos de trabajo para los diferentes grupos de trabajadores. Con la anuencia de Juan Molinar Horcasitas titular de la SCT, y de Javier Lozano Alarcón, de la STPS, ambos miembros del gabinete de Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, el 28 de agosto concretaron una quiebra fraudulenta, sin importarles dejar al país sin conectividad aérea. Si hoy le preguntáramos al entonces titular del Poder Ejecutivo su impresión al respecto, seguramente nos respondería: “el presidente no se entera de todo”, como responde cuando se le pregunta por Genaro García Luna.

Es un hecho, desde el 3 abril de 2014, existe una sentencia que declara la quiebra de Mexicana de Aviación, sin embargo no ha quedado firme, ni “ha causado estado”, como dicen en el argot jurídico. Dicha resolución ha sido impugnada por los diferentes actores que se han visto involucrados. Los trabajadores, primeros en la lista de acreedores, están defendiendo con uñas y dientes sus derechos. Ya la Suprema Corte determinó que no son ellos los que causaron la debacle financiera de la empresa, y el hecho de que Gastón Azcárraga esté prófugo de la justicia desde agosto de 2010 arroja mucha luz sobre el caso. 



Mexicana de Aviación no debe verse como un cadáver. Hoy por hoy está viva, porque su declaración de quiebra no puede ejecutarse; porque no ha liquidado a sus principales acreedores, que son sus trabajadores; porque tiene cuentas pendientes con sus jubilados; porque hay partes tangibles de su estructura que siguen vivas, trabajando y generando recursos como su MRO y su CAT; porque las rutas y los slots de su propiedad siguen siendo usufructuados por otras aerolíneas; porque la lista de propiedades dentro y fuera del territorio nacional no “desaparecieron” por acto de magia; porque a pesar de todo, es la primera marca que viene a la mente en el imaginario colectivo cuando se piensa en la aerolínea del país; porque aunque lleva 10 años “bajada de vuelo”, tiene más méritos para ser llamada aerolínea bandera, por encima de Aeroméxico, cuyo 49% de su capital es extranjero, y tiene una deuda de más de dos mil millones de dólares, según la propia de declaración de su director general Andrés Conesa Labastida… el mismo que administró Cintra.

Por eso afirmo que el próximo 12 de julio, nuestra empresa, cumplirá 99 años, por que mientras no se nos liquide a los trabajadores, seguimos siendo parte de la empresa. ¡La primera, que siempre será la primera!


Ximena Garmendia


Esta columna fue publicada el 12 de julio de 2020 y por increíble que parezca, mañana cumple la empresa 100 años.

04 julio 2021

El tamaño del hoyo de Aeroméxico

 

El tamaño del hoyo de Aeroméxico

Seguramente a ustedes también les dijeron que los modelos educativos aplican los ejemplos para reflexionar, analizar y fortalecer el aprendizaje. Justamente en la columna de hoy, con base en un ejemplo, explicaremos de qué tamaño es el hoyo en el que se encuentra la empresa del Caballero Águila, e invitarlos a analizar y reflexionar sobre la importancia del momento, para no ceder a los chantajes empresariales.



En columnas anteriores conté a grandes rasgos la historia de Aeroméxico, una empresa que vio la luz en los años treinta, con la razón social “Aeronaves de México”, pero que en 1988 fue requisada por el gobierno para “renacer” como “Aerovías de México”. No fue solo un cambio de nombre; jurídicamente se trató de una nueva empresa, aunque para el público usuario siempre ha sido “Aeroméxico”.

El pasado 30 de junio Aeroméxico solicitó ante un juzgado de la ciudad de Nueva York, Estados Unidos de Norteamérica, acogerse al Capítulo 11 de su Ley de Quiebras, para poder afrontar los compromisos adquiridos en dicho país. Dicha solicitud ingresó con el aval de que la empresa Apollo Global Management, era la que conduciría su reestructuración.

Aclaremos que Apollo Global Management es un fondo de inversión que trabaja principalmente con fondos de capital privado, como pensiones, y no es precisamente una institución de asistencia privada. El lucro y la especulación económica son herramientas utilizadas, y suele sacar muy buenas ganancias con las empresas que están en bancarrota o cerca de ella, y Aeroméxico no es la excepción.




Cuatro meses después, en octubre de este año, la empresa del Caballero Águila recibió la venia de la juez y del fondo de inversión para otorgarles mil millones de dólares para su reestructura y poder salir de dicho capítulo como una empresa ya saneada.

Justo aquí es donde quiero que realicemos una pausa. Tengan los datos anteriores muy a la mano por lo siguiente que les voy a contar. En septiembre de 2010, justo después de la bajada de vuelo de Mexicana de Aviación, y de haber entrado a un  Concurso Mercantil en nuestro país, una de las condiciones para terminar ese juicio y seguir operando, era conseguir un “inversionista” que le inyectara de manera inmediata 300 millones de dólares. Se dijo con esa cantidad la aerolínea más antigua de América podría regresar a volar. Puntualmente dicho, hace 10 años, y con menos de un mes de estar bajados de vuelo, el requerimiento se resumía: inyección de 300 millones de dólares, liquidación de empleados en un plan a 7 años, pagando una parte en efectivo, otra más después de cierto tiempo y otra parte en acciones de la empresa.

Entonces hablábamos de 8,500 empleados directos que había que liquidar y recontratar bajo nuevas condiciones laborales. Hoy, la plantilla de Aeroméxico es de más de 16 mil trabajadores, y los números de liquidaciones realizadas son más bien “discretos”; la verdad es que no corresponden al monto solicitado para salir adelante.

A diferencia de Mexicana de Aviación, la empresa del Caballero Águila no se ha visto en la necesidad de ejecutar medidas tan drásticas, por lo menos hasta ahora. Si bien es cierto que ha realizado recortes de personal, sobre todo de trabajadores temporales, lo ha hecho bajo la figura tramposa de “renuncia voluntaria”, y con la promesa de que regresarán tres meses después. Así es como ha convencido a sus trabajadores de “separarse” laboralmente de la empresa.



En el caso de los tripulantes de cabina, los pilotos se han acogido a la figura de “PSGS”, (permisos sin goce de sueldo) y son 266 quienes se encuentran en esa posición. En el caso de los sobrecargos, se “desvincularon”, eufemismo usado por la empresa para que 616 sobrecargos de la troncal y 150 de la subsidiaria firmasen sus “renuncias voluntarias”, con la misma promesa realizada al personal eventual: regresar “pronto” a su lugar de trabajo.

Tanto los pilotos como el personal de tierra que siguen en la empresa han sido tajantes respecto a lo que atañe a sus Contratos Colectivos de Trabajo: no están dispuestos a ceder más. Los pilotos ya habían firmado hace unos meses un convenio de reducción de salario de 37.5% durante los meses de julio, agosto y septiembre y posteriormente estarán cobrando, hasta diciembre de este año, solamente el 70% de su salario.

En el caso del personal de tierra, tanto el sindicalizado como el que es de confianza, unos tienen la reducción del 50 % de su salario desde el mes de marzo y hasta la fecha, y otros que no aceptaron la reducción, sólo laboran durante 15 días al mes. El resultado no es el mismo, pero es igual. Solo están recibiendo la mitad de un salario normal.

A los ciudadanos comunes y corrientes nos cuesta trabajo dimensionar lo que son $1,000,000,000 millones de dólares. Son más de 4 milenios de salario mínimo general vigente de nuestro país. ¡Una grosería! Podríamos imaginar que es una cantidad “holgada” para sacar a flote a Aeroméxico. Sin embargo, nos sorprende, y no de manera positiva, que dicha empresa haya realizado una solicitud de un crédito al Banco Nacional de Comercio Exterior (Bancomext), con una finalidad totalmente independiente de los mil millones entregados por la fiduciaria Apollo Global Maganament.

Aunque Aeroméxico argumenta que esta solicitud se realizó desde el mes de abril, también hizo público que pretende usarlo para pagar el TUA (impuesto de uso de aeropuerto) a Aeropuertos y Servicios Auxiliares (ASA). No sabemos ni el monto del préstamo solicitado, ni tampoco a cuánto asciende la deuda. Bancomext no se ha pronunciado al respecto.

Con todo lo anterior, surgen las preguntas naturales y a la vez siniestras ¿pues a cuánto asciende el hoyo en las finanzas de la aerolínea?, si mil millones de dólares no son suficientes, ¿cuánto dinero realmente necesita?, ¿responsabilidad de quién?, ¿de los administradores?, ¿de los empleados?, ¿acaso el hoyo financiero es por culpa de sus trabajadores?, ¿a cuánto asciende realmente la cifra para salir del capítulo de quiebras gringo?, ¿estamos acaso ante un barril sin fondo?.

Dicen que la cuerda se rompe por lo más delgado y la empresa ya ha puesto sus cartas sobre la mesa: la intención de reducir aún más las condiciones laborales de sus trabajadores, a quienes mañosamente llama “colaboradores”. Las condiciones no están tan lejos de las propias del porfirismo, sólo le hace falta su tienda de raya.

Es inconcebible que en pleno siglo XXI se pretenda regresar, de facto, a las condiciones laborales del siglo XIX, con el pretexto de una pandemia global. El hoyo financiero no es culpa de los trabajadores, que quede claro; Aeroméxico tuvo un monopolio durante diez años, como para que las consecuencias económicas de esta pandemia le fueran menos lesivas.

Veremos si en los próximos días logra su objetivo de mermar la calidad de vida de sus trabajadores recortando aún más sus derechos laborales. Pero hay que decirlo, hoy más que nunca y ante este panorama, se requiere que estemos atentos a lo que sucede en este ramo. Si bien es cierto se trata de una empresa privada, su lugar natural de trabajo es el espacio aéreo, y el cielo, nunca me cansaré de decirlo, es nuestro, de todos los mexicanos.

Ximena Garmendia

Esta columna fue originalmente publicada el 17 de noviembre del 2020, ahora van incluso por un  segundo préstamo y solicitaron ampliar los términos para la presentación de su reestructura y se vienen recortes a 1105 trabajadores más de tierra. Eso sin contar que todos los trabajadores tienen nuevas condiciones laborales, ganando menos el 60% de sus precepciones, sin derecho a ningún aumento de sueldo durante 4 años.