25 octubre 2020

Campañas electorales en ASSA

 

Campañas electorales en ASSA

Mis estimados lectores, esta semana pretendo llevarles por un viaje onírico en el tiempo con la intención de que conozcan un pedazo de la historia de mi sindicato, en materia de campañas electorales, antes de la era ­-y sobre todo el boom-, de las redes sociales.

Y es que, siendo sinceros, en el caso del sindicato de sobrecargos, las campañas son todo un evento “sui géneris”. Tengo la intención que tanto los ajenos, como las nuevas generaciones, conozcan cómo era hacer una campaña electoral hace no muchos años.



Como se relatan los sueños, y con la finalidad de hacerlo más entretenido, voy a narrar los acontecimientos con la ayuda de dos sobrecargos imaginarios, que bien podrían ser cualquiera de ustedes, amables lectores. Así que abróchense sus cinturones, coloquen el respaldo en posición vertical, listos… despegamos.

Estamos a principios de los años 90, la revolución tecnológica avanza a pasos agigantados y hemos dejado atrás un mundo que no regresará. Ya sucedió la caída del muro de Berlín, así como el final de la guerra fría; y en México estamos viviendo un nuevo “milagro mexicano”, gracias al Tratado de Libre Comercio, impulsado por Carlos Salinas de Gortari, después del escándalo del fraude electoral de 1988.

En estos años el sindicato de sobrecargos ha vivido varios acontecimientos que lo han cimbrado. Es momento de que conozcan a los dos sobrecargos, un hombre y una mujer. Él es Julio, de la vieja guardia, y ella es Claudia, que tiene apenas un par de años en la empresa y por sus venas corre todo el ímpetu acorde a sus 20 años de edad.

Estamos en un pasillo del Aeropuerto de la Ciudad de México, justo en el pasillo donde está “Coordinadora” de Mexicana”, así como “Firmas” de Aeroméxico. En ese entonces sólo existe una terminal aérea, y nuestros personajes vienen llegando de vuelo. Hasta ese momento, las campañas electorales habían sido más bien sobrias, con posters en blanco y negro, y con candidatos repartiendo trípticos hechos con máquina de escribir, de mano en mano.

Pero ahora no es así; las impresiones a color son lo de hoy, y mientras caminan por el pasillo, ven varias caras conocidas, otras no tanto, de compañeros que se están postulando a un cargo sindical. Una larga sucesión de posters por todo el pasillo. A lo lejos, un grupo de sobrecargos vestidos de civil está repartiendo junto con su propaganda (a color, y hecha por una super poderosa computadora Compaq Pentium III), bolsas para los zapatos, plumas, libretas, y otros artículos promocionales que van repartiendo junto con incansables sonrisas.

─ Buenas tardes compañeros, miren, aquí les entrego mi tríptico, donde dice mi trayectoria y va acompañada de un detallito para ustedes. No se les olvide ir a votar, del 1º al 10 de noviembre, eh, no se vayan a hacer ojo de hormiga, es muy importante su voto.

Julio mira un poco pasmado la velocidad con que la candidata sonriente dispara las palabras, cual metralleta. Extiende la mano y recibe el tríptico y una pequeña libreta con su respectiva pluma Bic (que no sabía fallar) con el nombre de la candidata y el cargo a ocupar, debidamente impreso.

Mientras, Claudia, que se deslumbra y se siente halagada de que le pidan su voto, responde emocionada.

 ─ Gracias compañera, claro que sí, ¡cuenta con mi apoyo! ─, le alcanza a gritar a la candidata que ya le dio la espalda y sigue repartiendo propaganda.

Julio trata de detenerla con un leve codazo, y Claudia sorprendida le pregunta a su compañero:

─ ¿Que pasa Julio?, la compañera fue muy amable y tiene cara de que va a hacerlo bien; mira, me tocó una bolsita para guardar los zapatos de servicio; mi mamá me hizo una, pero con el trajín, pues ya está muy gastada.

Julio la toma gentilmente del brazo, y la lleva unos metros más allá de donde están haciendo campaña los compañeros sobrecargos, y le dice con afabilidad:

─ Claudia, cómo se nota que eres nuevita; no comprometas tu voto así nada más, tienes que conocer a todos los candidatos y enterarte de todas sus propuestas de trabajo. Lo de menos es recibir un obsequio, que para mí no es más que una compra de voto, pero disfrazada.



Una nube banca y espesa de neblina envuelve a los dos personajes, mientras van desapareciendo de la escena. Cuando se disipa, podemos ver que ya han pasado algunos años, y nuevamente los encontramos en el pasillo interno, donde están las áreas de firmas de las empresas agremiadas a la ASSA. Y sí, otra vez, estamos en época de proselitismo electoral.

A la distancia vemos a Claudia corriendo hacia Julio, que está cuidando la maleta de ella, en lo que iba a su casillero.

─ ¡Julio!, ¡Julio!, ¡mira! Oye, ¿cuánto les habrá costado?, están en todos los casilleros─. En la mano Claudia sostiene un cassette VHS, que viene acompañado de una hoja con los nombres de los candidatos que participan en dicho video.

─ No lo sé Claudia, pero una buena lana sí ha de haber costado. No tienen vergüenza, gastar tanto dinero, ojalá y lo hayan pagado de sus bolsillos y no del dinero del sindicato.

La misma neblina los vuelve a envolver, para luego desaparecer. Han pasado un par de años y en el mismo pasillo, una nueva época electoral se desarrolla. La novedad ahora es la publicidad “envolvente”, así como figuras de cartón de tamaño real de los candidatos. Nuestros personajes vienen llegando de tecolote; son casi las seis de la mañana y ambos están más dormidos que despiertos.

─ Julio, yo me quedo aquí abajo cuidando las maletas en lo que subes a firmar, te espero aquí; es que ya no aguanto los pies. El regreso estuvo mortal.

─ Está bien Claudia, pero te atienes a lo que te asignen, no te vayas a quejar después.

─ Sí hombre, me aguanto; ahorita estoy tan cansada que me da igual.

Julio deja a Claudia junto a los teléfonos públicos que están ubicados en la planta baja del aeropuerto y sube las escaleras para dirigirse a firmar su salida, cuando, ve a lo lejos a una candidata. Como está medio dormido, abre un poco más los ojos para percatarse que no es la candidata en cuestión, sino solamente su imagen, de tamaño real, y vaya susto que le ha metido. Mientras camina va observando la enorme cantidad de publicidad electoral; le duelen la cabeza y los ojos, hay propaganda hasta en el techo, y en su fuero interno piensa en lo inaudito del hecho, “¿dónde quedaron las propuestas serias?, esto es un circo de tres pistas” concluye molesto al salir del área de firmas.

─ Claudia, no me lo vas a creer, pero me duele no solo la cabeza, sino los ojos, ya se pasaron de la raya, ¿y así piden el voto?, es una basura visual, no te vayas a espantar si subes, pero hay una candidata de cartón de tamaño natural al final de la escalera.

─ ¿En serio Julio?, vaya, ¿y no hay candidatos?

─ Por suerte no, es muy temprano pero no tardan en llegar…, ¡huyamos!.

Los vemos salir por una de las puertas del aeropuerto, poco antes de que la neblina espesa los cubra. Cuando se desvanece, las cosas son diferentes. Ahora vemos que hay dos terminales, y los sobrecargos están cada quien en su terminal; los de Mexicana y Click (Aerovías Caribe tiene dos bases: México y Mérida), se quedaron en la Terminal 1 del AICM, mientras que los sobrecargos de Aeroméxico están en la nueva Terminal 2; las sobrecargos de Aeromar en su propia terminal, justo al lado de la T2.

La propaganda electoral se ha limitado; en ambas terminales está prohibido colocar posters, y en el caso de la Terminal 2, ni siquiera se puede hacer proselitismo en la sala de reservas de la empresa del caballero Águila. Vemos a Claudia platicando con Julio en la sala de reservas, en la que han colocado una carpeta con toda la propaganda electoral de los sobrecargos. Se sientan para hojearla.

─ ¡Vaya!, hasta que acabaron con la basura visual.

─ Ay Julio, no era para tanto, a mi me gustaba que me dieran regalitos, y ahora, pues ya ni los vemos.

─ Así es mejor Claudia, además, como sí no conociéramos a muchos de ellos y de qué pata cojean; de verdad, ya era un insulto a la inteligencia. Bueno, ¿no recuerdas que hubo quien hasta dio clases de yoga en el aeropuerto?

─ Claro que me acuerdo, y tampoco me olvido de la manta de la candidata a Hacienda, ¡tapaba el edificio anexo de la sede sindical!

─ Ahora está mucho mejor, mira que acabo de recoger mis vales en el sindicato y sólo les permitieron colocar, a cada candidato 7 posters, todos de una sola medida y únicamente en las ventanas. Ya era tiempo de acabar con la basura visual.

─ ¿Te imaginas, Julio, cómo serán las campañas en el futuro? Yo creo que serán  por televisiones portátiles que cada quien traerá en la bolsa…

Ya no escuchamos el resto de la plática. La sempiterna neblina nos ha traído hasta la fecha actual. Hoy, con el boom de las redes sociales el proselitismo sindical es totalmente diferente a como lo conocieron Claudia y Julio hace un cuarto de siglo. Ya no hay que ir a depositar trípticos a los casilleros. En este mundo virtual, ni siquiera se necesita acudir a las terminales aéreas, basta con subir un video a la red, y voilá, das a conocer tu propuesta de trabajo, a cientos de personas al mismo tiempo.

Quiero dedicar esta columna a todos aquellos compañeros que, sin importar a qué empresa pertenecen o a qué sindicato estén afiliados, no dejan de luchar por sus derechos laborales. Va un abrazo fuerte y a la distancia para todos ustedes con una férrea petición: nunca dejen de luchar.

 

Ximena Garmendia

 25 de octubre 2020

 

18 octubre 2020

De altos vuelos y derecho laborales

 

De altos vuelos y derecho laborales

En la columna de la semana pasada hablamos de la historia reciente de la Asociación Sindical de Sobrecargos de Aviación de México (ASSA) y de los Secretarios Generales que han pasado por la sede sindical, e hice referencia al nulo acervo histórico que existe en ASSA, lo cual una verdadera tristeza.



No obstante, en el caso de la Asociación Sindical de Pilotos Aviadores (ASPA), esto no es así, al contrario, ellos están sumamente orgullosos de sus fundadores; tan es así, que en el marco de su 60 aniversario hasta un libro conmemorativo realizaron.



Pero mi intención, mi estimado lector, es que de la mano realicemos un viaje en el tiempo y nos remontemos a finales los años 50, cuando la aviación pasó de ser algo “experimental” a una profesión bastante seria; era momento de dar paso a la consolidación de la industria, y con ello a época dorada de la aviación.

El país vivía las mieles del “milagro mexicano” bajo la mano de Adolfo López Mateos. No obstante, las exigencias de la clase obrera mexicana empezaron a reclamar los triunfos obtenidos de la Revolución Mexicana.

Es así como a finales de esos años, surgen varios movimientos de trabajadores como el de médicos, maestros, ferrocarrileros, electricistas, tranviarios y por supuesto, de pilotos aviadores; estos grupos pugnaban por la libertad sindical y el derecho a un Contrato Colectivo de Trabajo digno.

Los pilotos se agruparon y crearon ASPA, que vio la luz el 4 de agosto de 1958, tuvieron que pasar dos años, para que el gobierno los reconociera como sindicato gremial. Fueron dos largos años de lucha y de reuniones clandestinas, eso sí, sin perder el ánimo de lucha.



Para nuestro viaje en el tiempo, usaremos un personaje ficticio. Es un piloto de recién ingreso, deslumbrado por ser su primer empleo, pero con hambre de triunfar en el mundo aeronáutico. Lo llamaremos “Pepe”. Tan sólo tiene algunos meses trabajando para una de las empresas más grandes del país, y ve con gran interés la posibilidad de formar un sindicato democrático. Es así como no falta a las reuniones, muchas veces clandestinas que organizan un grupo de pilotos.

─ Oye mano, ¿ya te enteraste de que van a juntarse hoy a las 5 de la tarde?

─ No, no tenía idea, pero gracias, mano, por avisar. Ahí estaré.

─ No nos vayas a fallar Pepe, mira que esta lucha es por mejorar nuestras condiciones laborales; además, que el gobierno nos tome en serio.

─ Claro, dalo por hecho mi hermano, nos vemos allá, sin falta, ¿quieres que les lleve algo?

─ Con tu sola presencia, y si puedes Pepe, avísales a los demás de la reunión de hoy; pero ya sabes, sé discreto, que hay mucha gente que nos quiere ver derrotados.

La reunión se realiza en la sala de un domicilio particular, y a lo lejos Pepe observa cómo acomodan sillas para crear una especie de auditorio. En una esquina ve conversando a los pilotos que encabezan el movimiento; ve a Fabre, sonriente, después mira Tarazona que está absorto con las palabras que pronuncia Farell. Sus ojos continúan buscando a los líderes y se topan con Ballina, que se encuentra ya rodeado por varios pilotos. Todos tienen en su rostro la esperanza pintada

Pepe se da cuenta que por detrás de él, Astudillo le coloca la mano en el hombro y le agradece el haber venido a la reunión. Sólo falta Riquelme, que estaba en una llamada telefónica justo al otro extremo del auditorio improvisado. Todos, toman sus asientos y se aprestan a escuchar lo que sus líderes tienen que decirles. Esta es una de las muchas reuniones clandestinas que hubo.

Les proponen un paro para el día 23 de enero, que ningún avión vuele ese día, Pepe, un poco nervioso, voltea a ver su compañero.

─ Ahora sí, el gobierno nos va a tener que reconocer, no le queda de otra, vas a ver que sí Pepe, por fin tendremos un contrato decente.

─ ¿No crees que nos estamos arriesgando demasiado?

─ No Pepe, ahorita es el momento de demostrarle al gobierno lo que valen los pilotos mexicanos, tenemos que estar bien convencidos de que estamos haciendo lo correcto.

─ ¿Y sí nos corren?, prácticamente acabo de salir del colegio militar; mi padre me matará si me corren.

─ Ay Pepito, sea hombre, tenga arrestos, que son muy necesarios para salir adelante en la vida. Mira, ya viste a nuestros líderes, están dando el todo por el todo, no queda de otra más que apoyarlos, vas a ver Pepe, no te corren y mejoraremos mucho.

Llegó el día 23 de enero de 1959 y Pepe se puso su uniforme recién planchado, su colonia mientras al fondo en un tocadiscos suena “Don´t be cruel” de Elvis Presley,  se mira por última vez al espejo, ya con su uniforme completo y se dispuso a participar en el paro de actividades, con el temor a lo desconocido; él no sabe que ese día será conocido después como el “Día de la emancipación del piloto aviador mexicano”. Cuando vio tantas caras conocidas en el aeropuerto, miró a sus líderes y Fabre le devolvió la sonrisa. En ese momento, sintió una confianza hasta ese momento desconocida, y supo que había contribuido a cambiar la historia de los pilotos mexicanos.



─ Pepe ¿no te sabes la buena nueva?

─ No mano, ¿qué pasó?

─ Ni adivinas, acabo de hablar con Farell y me lo confirmó, el gobierno por fin nos ha reconocido.

─ ¿De verdad?, ¿me hablas en serio?, no me vayas a gastar una broma, que al rato tengo vuelo, ¿me lo juras?

─ Quita esa cara de perrito asustado Pepe. Sí mano, estoy feliz, guarda este día como la fecha más importante para nosotros los pilotos agremiados a la ASPA, 13 de enero de 1960. Ahora sí, el cielo es el límite.

Y es así como comenzó a gestarse una gran historia de lucha sindical, siempre con la mira en mejoras laborales para los pilotos agremiados a la asociación. Es por eso que, aunque a las nuevas generaciones de pilotos de ASPA esta historia pueda parecerles muy lejana, son ustedes los que deben de velar y no dilapidar el capital humano del sindicato.

La aviación está pasando por una de sus peores crisis y se requiere de gente comprometida y capaz para salir avante, y eso será más fácil si no olvidan de dónde vienen y lo que costó conseguir lo que al día de hoy disfrutan.

Esta columna va dedicada a todos aquellos valientes pilotos que no dudaron, en perseguir su sueño, un sindicato libre y democrático.

 

Ximena Garmendia

18 de octubre 2020

 

 

 


11 octubre 2020

Un poco de historia

 

Un poco de historia

¿Qué es el tiempo? ¿acaso es el mero paso de las horas?, ¿es lo que marca nuestro transitar por esta vida? Se conoce como tiempo a la duración de las cosas sujetas al cambio que determinan las épocas, períodos, horas, días, semanas, siglos, etcétera. La palabra procede del latín “tempus”, y es un convencionalismo social que su unidad de medida es el segundo.

Yo, como amante de la historia, me intereso en hablar de eventos pasados, pero sobre todo registrar los acontecimientos que se suscitan día a día, para no caer en las garras del olvido colectivo. “Flaca es la memoria” es una frase que me gusta decirles a mis allegados cuando dejamos que el paso del tiempo borre nuestra propia historia.

Y al parecer eso sucede con la historia ligada a la Asociación Sindical de Sobrecargos de Aviación de México, mejor conocida simplemente como ASSA. Hoy hablaré de ese mítico lugar, el único autorizado para dar el visto bueno antes de poder firmar nuestra planta con la aerolínea a la que habíamos aplicado.



Nuestro sindicato vio la luz en 1960, y a pesar de ser un gremio mayoritariamente femenino, en toda su historia sólo ha tenido tres mujeres como Secretarias Generales. Tengan cuidado si buscan información directamente en la página web de ASSA. Diré que es una vergüenza que ni siquiera el nombre de una de ellas puedan escribir de manera correcta.

Para los “recién” agremiados al sindicato, o quienes tengan menos de 9 años de serlo, el único Secretario General que conocen es Ricardo Del Valle Solares. Es un hecho irrebatible que no tienen referentes históricos que les permitan realizar una comparación y comprobar si el actual, ha sido el mejor representante sindical que ha tenido ASSA. Por ello hoy los conmino a que me acompañen en esta rápida mención de algunos de los Secretarios Generales que ha tenido la Asociación Sindical de Sobrecargos de Aviación de México. Lamentablemente no puedo mencionar a todos porque no existe un acervo histórico y documental dentro del sindicato que nos ayude a recordarlos. Hablaré pues, básicamente de las gestiones que me ha tocado ver durante los 22 años que tengo de ser agremiada.

Con algunos de los nombrados no me tocó interactuar en tiempo y espacio, pero puedo afirmar que fueron Secretarios Generales que pasaron por ASSA de México: Jorge Díaz, Carlos Larios, Alejandro Díaz, Eduardo Eguiza, Jorge Correa, Patricia Esnarriaga, Alejandra Barrales, Arturo Aragón, Francisco Villarreal, Lizette Clavel y finalmente, Ricardo Del Valle.

Patricia Esnarriaga Hermosillo

Antes de entrar de lleno al desglose de los puntos positivos y negativos de sus gestiones, vuelvo al punto nada menor y que ustedes mismos pueden comprobar, de la poca presencia del género femenino en la Secretaría General, a pesar de que el gremio siempre ha estado integrado por una planta mayoritariamente de mujeres. No creo que sea casualidad. Pensemos que corre el año de 1988. En julio de ese  año a la Secretaría de Gobernación (responsable de las elecciones presidenciales) “se le cayó el sistema” y no hubo manera de saber si era la primera vez que el Partido Revolucionario Institucional perdía una elección.

Unos meses después quebraría “Aeronaves de México”, nombre original de Aeroméxico, y en 1989 se daría “la Perestroika” de Mexicana de Aviación, como se le llamó al reajuste de personal basado en expedientes. En ese momento las dos aerolíneas más grandes del país eran parte del Estado. De manera concomitante, en medio de este río revuelto, llega por primera vez una mujer al cargo de Secretaria General de la ASSA, Patricia Esnarriaga, que después se vio envuelta en una acusación de fraude supuestamente cometido durante su gestión. Los testimonios son variados y divergentes, algunos dicen que fue una trampa para sacarla de un “juego de hombres”, y otros opinan totalmente lo contrario. 

María Alejandra Barrales Magdaleno

Poco tiempo después, se empezó a gestar dentro de la planta de sobrecargos un movimiento de renovación sindical, llamado “MURS” (Movimiento Unido de Renovación Sindical), pues a la representación sindical la integraba una mayoría de sobrecargos antiguos de Mexicana de Aviación, y los sobrecargos jóvenes no se sentían representados por estos compañeros. Estos tuvieron un acercamiento con Hernández Juárez, líder de los telefonistas, quien terminó apadrinando de manera política a la que dentro de algunos años sería la segunda mujer en ocupar la Secretaría General.


No hay plazos que no se cumplan, así es que los sobrecargos esperaron pacientemente organizados. Su movimiento aprovechó el “olvido” del entonces Secretario General Eduardo Eguiza, quien no ratificó el emplazamiento a huelga de los sobrecargos de Mexicana. Ese error acarreó su destitución, dando paso franco a la llegada de Alejandra Barrales, quien para ese entonces ya había ocupado un cargo dentro del Comité Ejecutivo, como Secretaria de Prensa, lo que aprovechó para sentar las bases para una buena relación con los medios de comunicación.



Hábil oradora, sabía manejar a la asamblea y podemos decir que su primera gestión fue bastante exitosa. Lo malo viene cuando el poder engolosina y la ambición de continuar al frente del sindicato se hace más grande. Alejandra Barrales consiguió la reforma del estatuto para poder permanecer “un periodo más”, esto es, un total  de seis años de gestión en el mismo cargo. Así llegó al final de la segunda gestión, ya no tan exitosa como la primera, y parecía no estar satisfecha. Empezó a buscar entonces la reforma estatutaria para poder lanzarse como candidata una tercera ocasión, pero no puso todos los huevos en una sola canasta. De manera paralela, y animada por su padrino Hernández Juárez, exploró la posibilidad de “brincar” a la política.



En este nuevo periplo, “La Negra”, como la llaman sus más cercanos, tocó a las puertas de Rosario Robles, entonces Jefa de Gobierno del D.F., una vez que Cuauhtémoc Cárdenas se había ido a buscar la presidencia de la República, abanderado por el Partido de la Revolución Democrática. Rosario Robles, que no olvidaba el origen de su carrera política en las huestes del Sindicato de la UNAM, le aconsejó a Barrales que para poder aspirar a una diputación federal necesitaba llevar a cabo alguna obra social. Una Guardería de Sobrecargos sería una excelente idea. Hemos de recordar dos eventos claves: Uno, la guardería que se materializó con dinero de los sobrecargos agremiados, nunca funcionó, pues incluso antes de su construcción, ya había una negativa expresa por parte del Instituto Mexicano del Seguro Social para operar; y dos, el fraude en el Seguro de Vida de los sobrecargos, en el que no solo se intentó ocultar los dividendos de la póliza. Aunque la responsabilidad recayó totalmente en el agente de seguros (Broker) de Inbursa, nunca se investigó que dicho personaje había abierto cuentas bancarias en Bancomer con documentación y firmas que solamente podían salir del sindicato.

Las piezas y los tiempos sindicales no se estaban dando para los fines de Barrales. Aunque buscó la reforma estatuaria para lanzarse por tercera vez como candidata, nunca consiguió los votos necesarios. Al ver truncados sus sueños de continuar al frente de la asociación sindical, acomodó piezas clave, en puntos estratégicos dentro del sindicato, para que le cubrieran las espaldas. La candidata a la Secretaría General, por ejemplo, fue su amiga Leticia Varela, personaje involucrado en las irregularidades antes mencionadas

Sin embargo, una planta de sobrecargos crítica, activa y participativa, votó por el candidato de la oposición, y Arturo Aragón Sosa arrasó en las elecciones sindicales. Este personaje, sobrecargo de Mexicana de Aviación, es de los pocos representantes sindicales que no quiso usar al sindicato como trampolín político;  compañero afable, tranquilo, y muy zen; tan zen que me desesperaba, pues todo lo tomaba con calma chicha. Su gestión fue muy tranquila, sin sobresaltos, con ganancias en los contratos colectivos que no eran nada del otro mundo. No obstante la gente de Alejandra Barrales que quedaba en la representación sindical, le hizo la vida de cuadritos. Arturo concluyó su vida laboral, se jubiló bajo el esquema de pago único y hoy, puedo afirmarlo, es un hombre muy feliz.

Arturo Aragón Sosa


Después de Aragón, vino Francisco Villarreal, a quien yo designé como “mi némesis” y lo apodé “tío Villis”. Durante la segunda y última gestión de Alejandra Barrales estuvo a cargo del Centro de Estudios; compitió para ser Secretario de Trabajo, pero perdió ante Sergio Loza, uno de los fundadores del MURS, que por diferencias políticas con Alejandra, tomó su propio camino.

Francisco Javier Villarreal Peláez
 

No hay duda, en ese momento el sindicato estaba dividido en dos corrientes: los “barralistas”, que respaldaban a Francisco y los “lozistas”. Alejandra movía hilos para en algún momento recuperar el poder, pero en primera instancia para impedir el avance de las investigaciones efectuadas bajo la gestión de Arturo Aragón, donde se destapó el fraude de la guardería y los Seguros de Vida. La batalla legal había alcanzado tales dimensiones que Alejandra demandó penalmente a Arturo. El horno no estaba para bollos, así que Barrales requería una mano amiga que apagara los fuegos al interior del sindicato.



Esa era la función del nuevo Secretario General Francisco Villarreal, mejor conocido en la planta de Mexicana como el Príncipe Machabelli. Su estatura física era tan alta como su inteligencia, y la mejor de sus armas, la oratoria. Se había aprendido de memoria el estatuto y podía citar los artículos y su contenido como si fuera esgrima intelectual. Disfruté todos los debates entablados con este ilustre personaje. Con él trabajé directamente como Secretaria de Actas del Sindicato, a diferencia de Arturo Aragón, con quien solo estuve como adjunta en su último año de gestión.

Yo había llegado al Sindicato gracias a los votos de gente contraria a Villarreal. En aquel momento pensé que como Secretario General no iba a pedir mi bajada de vuelo, y que mi gestión sindical me la pasaría volando, pero no fue así. Este hombre inteligente y maquiavélico sabía cuándo aflojar la cuerda para no tensarla demasiado. Pragmático, antes que sectario, en alguna ocasión me pidió apoyo para que difundiera en mi blog una circular del sindicato. El objetivo era informar a los sobrecargos, y en ese momento el blog era lo más parecido a las redes sociales.



La de Villarreal fue una gestión que le exigió temple y carácter. Le toca estar al frente de la ASSA cuando Mexicana de Aviación es desincorporada de Cintra, y es vendida a Grupo Posadas. Misma época en que Leticia Varela queda como Secretaria Tesorera. Él recibe la demanda por Conflicto Colectivo de Naturaleza Económica de AMX contra sus sobrecargos. Él estuvo a la altura de la investidura de ser el líder de ASSA, y brindó sin chistar el apoyo necesario a “la contra” de ese entonces para salir en unidad con un amparo colectivo, después de que la de la voz y un grupo de sobrecargos nos amparamos de forma individual de dicha demanda.

La terminar su gestión, Villarreal regresó a volar, y buscó retirarse cuando consiguió trabajo como asesor en Aeroméxico. Lo recuerdo bien, era el 9 de agosto de 2010 cuando la Secretaría General recibió su solicitud de retiro. Solo 19 días más tarde nos bajarían de vuelo, para no regresar a volar hasta el día de hoy, y contando.



Villarreal, al igual que Arturo Aragón, hizo oídos sordos a los cantos de reelección que emitían las sirenas. Ambos prefirieron regresar a la línea a volar. Así llegamos al caso de la tercera mujer en ASSA como Secretaria General. No es cosa menor que ese Comité Ejecutivo, por primera vez en el sindicato, estuvo integrado mayoritariamente por mujeres. Lizette Clavel a la cabeza como Secretaria General, Pilar Manrique como Secretaria del Trabajo, Margarita Doshner como Secretaria de Conflictos, María del Ca como Secretaria de Previsión Social, Alejandra Lara como Secretaria de Relaciones, Ximena Garmendia, o sea yo, como Secretaria de Actas y Wendy Perea como Secretaria Tesorera. Solo los cargos de Secretario del Interior,  Secretario de Cultura y Deportes y Secretario de Prensa, estaban ocupadas por hombres.

Lizette Clavel Sánchez

Sí, trabajar ahí era la locura, pero al mismo tiempo, era un ejercicio de democracia en todo su esplendor; en las discusiones de las juntas de comité cada quien planteaba su postura, tejía alianzas y al final, con todo y nuestras diferencias podíamos salir en unidad en pro de los trabajadores. Pero hay que decirlo, nos tocó la peor época, Lizette recibió la Secretaría General con una espada de Damocles sobre nuestras cabezas llamada demanda por Conflicto Colectivo de Naturaleza Económica, por parte de Mexicana de Aviación; por si fuera poco, estaba el fantasma amenzante de otra demanda del mismo tipo, pero ahora por parte de Aeroméxico; sumen la pandemia por AH1N1, y la división interna del sindicato derivada de una pésima destitución que nos llevó a quedarnos sin Toma de Nota a una tercera parte de los representantes sindicales.

Estuvimos con una parálisis económica al interior del sindicato por espacio de 6 meses, o un poco más, y es que para sacar dinero de las cuentas de la asociación, se requieren las firmas mancomunadas del Secretario General y del Secretario Tesorero. Ideológicamente divididos en dos bandos, todo era complicado; Wendy no quería firmar si firmaba Clavel, porque esta última estaba “destituida”, pero para el banco ella seguía siendo la titular junto con la tesorera, así que estábamos enredamos en estos menesteres, y todos los mencionados antes, cuando en Mexicana llegó la “amenaza” de Gastón Azcárraga de quebrarla si no aceptábamos sus nuevas condiciones; nos agarró a toda la representación sindical, con los dedos en la puerta.



Estábamos sin Toma de Nota, colapsados económicamente y en cuanto bajaron de vuelo a Mexicana, creímos que era el fin del sindicato, pues se dejaron de percibir la mitad de los ingresos. Era la hora de serias decisiones: ¿nos pagamos los emolumentos o les pagamos a los trabajadores del sindicato?, siempre tratamos de que los trabajadores al servicio del sindicato no salieran perjudicados. Nadie me lo cuenta, yo estuve ahí.

En medio del caos, tuvimos que salir a una desgastante Reforma Estatutaria, que nos costó casi dos meses. Yo me enfermé de AH1N1 y me sacaron enferma de mi casa para poder “abrir” la asamblea de votación. Se trataba de una reforma que nos permitiría salir a elecciones para renovar no uno, sino dos tercios del sindicato. Sí, en esas elecciones, por un margen de 68 votos de diferencia, Ricardo Del Valle ganó como Secretario General.



Del Valle Solares no ha dudado en culpar a “pasadas administraciones”, en especial la encabezada por Lizette Clavel, de ser más mala que la carne de puerco en cuaresma, y que todo lo negativo es obra de ella. Cuando Ricardo utiliza esta frase de “las pasadas administraciones” yo me pregunto ¿acaso olvida que las tres pasadas administraciones son las él? ¿o es que considera que del 2011 a la fecha se cuenta como “una sola” administración? Por si ya se le olvidó contar, le recuerdo: esta es su cuarta gestión.

No olvidemos la historia, porque quien la olvida está condenado a repetirla; hace mucho ASSA era un gran sindicato democrático y ejemplo a seguir. Me queda claro que a pesar de ser un gremio mayoritariamente femenino, las compañeras prefieren impulsar hombres en cargos claves. Me queda claro que jamás se percataron que a pesar de todos los inconvenientes y presiones externas, bajo la última gestión democrática los sobrecargos eran libres de expresarse sin recibir represalia alguna, nunca hubo amenazas ni chantajes. En ningún momento se les pidió actuar en contra de su libre albedrío.

Dicen que para conocer “a los mejores”, también hay que conocer “a los peores”. No tienen que buscar ejemplos en otros sindicatos. ASSA tiene mucha historia de la que se puede echar mano. Yo solamente les dejé algunos de los ejemplos más recientes.

Invito a los actuales agremiados a que no tengan miedo, y que con imparcialidad y libertad evalúen a su actual representación. Ellos no deben enojarse si lo hacen, es una parte fundamental de todo gremio democrático. Si no soportan que su planta observe y critique su diario actuar, entonces seguramente no son las personas indicadas para estar en el frente de batalla.

 

Ximena Garmendia

11 de octubre 2020

 

 

04 octubre 2020

¿Y ustedes?

 

¿Y ustedes?

Albert Einstein, el físico más famoso de la historia se hizo esta pregunta: ¿por qué esta magnífica tecnología científica, que ahorra trabajo y nos hace la vida más fácil nos aporta tan poca felicidad? Y con su mente privilegiada él mismo la respondió: simplemente porque aún no hemos aprendido a usarla con tino. Lo anterior viene a cuento porque estoy pensando en una balanza común y corriente, de las que se usan en los mercados. Hoy la gran mayoría las utiliza digitales, pero antes, cada que hacíamos una compra, de manera tan sencilla como silenciosa presenciábamos una sabia verdad: cada balanza tiene su contrapeso.

Compañeros de la ASSA de México, de sobremanera me llaman la atención los acontecimientos suscitados en el sindicato de sobrecargos, y necesito saber si ustedes notan cómo la representación sindical ha usado de pretexto a la “nueva normalidad” para seguir trabajando con opacidades totales. Hagamos un recuento de tres asambleas, en concreto. Por el momento, no tocaré aquellas que han celebrado los compañeros de Transportes Aeromar, no porque no sean importantes, sino por el énfasis que quiero hacer en tres temas diferentes e insoslayables.



Todas en septiembre. La primera asamblea, fue celebrada el pasado 14 con motivo de nombrar a la Comisión Electoral que será la encargada de observar el buen desarrollo de las próximas elecciones en el sindicato. La segunda asamblea, de fecha 26, para abordar el tema de los recortes que solicitó la empresa del caballero Águila. Finalmente, la tercera de ellas que se llevó a cabo el 30, con el tema del Seguro de Vida de los sobrecargos. Diecisiete días intensos.

En la primera asamblea se cuestionó al Secretario General sobre la “nueva modalidad” de votación para nombrar a la Comisión Electoral. Y es que el artículo 107 bis del Estatuto de ASSA es muy claro: “…Son electos por mayoría ordinaria en una Asamblea General Extraordinaria, convocada, con un tiempo mínimo de quince días de anticipación al primero de octubre, con el único objetivo de seleccionarlos.”

Pero ¿qué es una mayoría ordinaria? Se denomina así para diferenciarla de la “mayoría absoluta”. También se le conoce como mayoría simple, mayoría relativa, mayoría común, simplemente “mayoría” (a secas), y es la que se da en una votación cuando un candidato o proposición obtiene más votos que cualquier otro, sin que tenga que ser mayoría absoluta. Por lo tanto, la votación en esta asamblea se podía realizar de forma directa en la plataforma “Zoom” que se utilizó para llevarla a cabo.



¿Cuál es la verdadera razón de pedirles a los agremiados que enviaran un correo electrónico con el sentido del voto, y anexar una identificación oficial y la credencial de la empresa? Argumentaron que era para “tener certeza” de que el que vota efectivamente sea sobrecargo, pero esa es una razón insuficiente, falaz y francamente estúpida. Estamos hablando de que la asamblea ya está instalada, con los agremiados presentes y registrados. No hay manera de que haya ajenos, porque para poder acceder al webinar de la Asamblea, el sobrecargo tenía que solicitar el ingreso con su correo electrónico; el pre-registro concluye cuando el administrador acepta la solicitud; de otra manera es imposible acceder al webinar de la Asamblea, así que si ellos aprueban previamente las direcciones de correos electrónicos, es ilógico que se “cuele” un desconocido. Aún con la dirección web o “liga”, si no hay pre-registro, no entras a la Asamblea. ¿Por qué no pedir y recabar la votación en ese momento? La plataforma permite hacerlo, y en cuestión de segundos tener los resultados, a la vista de todos los asistentes.



Que el voto sea por correo electrónico tiene muchos puntos criticables, sobre todo por la falta de certeza, legalidad, independencia y objetividad. De entrada se rompe la seguridad de que solamente voten los asistentes a la asamblea y se otorga un lapso de cinco horas para recibir los votos… ¿en qué asamblea el agremiado necesita 300 minutos para emitir su voto? Porque no es un tiempo para definir su postura; eso lo debió hacer durante los debates de la asamblea, y una vez discutido y analizado, proceder a la votación.



Con este formato el agremiado no puede emitir un voto libre y secreto, pues tendrá que adjuntar su nombre e identificaciones para que sea tomado en cuenta; tendrá que creer ciegamente en que los correos recibidos son los que dicen los representantes sindicales que llegaron; tendrá que confiar en que la mesa directiva anuló los votos que debían ser anulados; y sobre todo, no tendrá más opción que aceptar que los números de votos que digan que fueron emitidos, en un sentido o en otro, coinciden con la realidad y no fueron manipulados.   

El Secretario General pregunta incómodo y molesto a la asamblea ¿de verdad creen que la representación va a estar pensando en otra cosa que no sea en beneficios para ustedes, compañeros? Y yo le respondo, con base en el conocimiento de mis estatutos, de mis derechos como agremiada, y con la libertad de expresión como estandarte: no es cuestión de creencias, de buena fe, de filias o de fobias; nuestras leyes internas no son casualidad ni surgieron por generación espontánea, son el resultado de innumerables horas de trabajo, de luchas ganadas y batallas perdidas a lo largo de los sesenta años que tiene de vida el sindicato. Están para cumplirse y para no cometer los mismos errores que en el pasado; para ir para adelante, y no para retroceder.

Precisamente, el auditorio de la Sede Sindical lleva el nombre “13 de mayo” porque en esa fecha le dieron el registro al sindicato, en 1960. La primera de las asambleas del pasado mes de septiembre sí se llevó a cabo en el auditorio, dentro de la sede sindical. Pero para la segunda, Ricardo Del Valle la movilizó a otro lugar, sin especificarlo en la convocatoria correspondiente. Y luego se pregunta por qué los agremiados dudan de sus acciones. Con esta medida, abre una innecesaria puerta a la especulación ¿fue para evitar la presencia de compañeros “indeseados” que se habían presentado en la sede sindical?

Es así como esta segunda asamblea se lleva a cabo en el auditorio alterno que tienen en el Sindicato de Telefonistas. Ahí el Secretario General lleva una comitiva, que es una mezcla inédita entre “Comisión Electoral” recién nombrada y amigos incondicionales. ¿Cómo se enteró este grupo de la sede para esa asamblea? Los agremiados no lo sabemos, pero debemos confiar en que el líder tomó esa decisión buscando lo mejor para nosotros, aunque el tema de la reunión era el recorte a la base de sobrecargos de Aeroméxico.

La votación volvió a ser con el “nuevo método” de enviar el voto vía correo electrónico, con todos los anexos requeridos. Ustedes lo saben mejor que yo, durante las cinco horas en que se puede enviar el voto, los esbirros del Secretario General estuvieron azuzando por mensajes de WhatsApp a los sobrecargos para que votaran por la opción B, que era la preferida por Ricardo Del Valle, y efectivamente fue la que ganó. ¿Cómo nos enteramos?, pues por voz del Secretario General que nos jura que él mismo, con sus propios ojos, vio los resultados. Y que para que nadie dude, hubo un grupo de amigos que lo pueden avalar.

Aquí debo señalar un punto interesante. A pesar de toda esta maquinaria diseñada a modo, para que ganara la opción B, hubo agremiados que votaron por la opción A. Esto no debería de incomodar a nadie. Es lo que sucede en las democracias. Sin embargo, una compañera electa como Comisión Electoral, sabía quiénes fueron los sobrecargos que votaron por la opción A, e hizo alarde de ello en sus redes sociales, llamándolos “hipócritas” por no haber votado por la opción B. Todo mal! Si estaba presente como parte de la comisión electoral, lo hizo fuera de los tiempos estatutarios, y además no puede emitir opiniones, solamente debe observar. Y si su presencia era como la de un simple agremiado, ¿cómo es posible que tuvo acceso a esa información? Increíble pero cierto, en lugar de celebrar su victoria, se la pasaron evidenciando a todo aquel que no votó en el sentido que quería el líder sindical. Esto combinado con el gran manto de opacidad, ha propiciado que los sobrecargos tengan temor de perder el empleo por no darle gusto al Secretario General.

Así llegamos a la última asamblea, convocada fuera de tiempo y forma. Un día antes de celebrarse la misma, llegaron correos con la liga para el consabido pre-registro. El estatuto, ley interna que rige al sindicato y agremiados, dice en su artículo 32.- “…la Asamblea General Extraordinaria, deberá convocarse, cuando menos, setenta y dos horas antes a aquella en que debe celebrarse.” Pero en esta tercera ocasión no llevó a cabo la asamblea en la sede sindical de los sobrecargos, ni en la sede sindical de la asociación hermana, sino en una casa particular, la de la Secretaria Tesorera Ivonne Jurado, a pesar de que el espacio ideal para realizar la asamblea, por ubicación, accesibilidad, dimensiones y naturaleza, es sin duda el auditorio del sindicato.



Yo les pregunto, amables lectores, ¿qué pasaría si un compañero, de manera casual camina por la calle y se topa con la casa de la Tesorera, y ve que se está llevando a cabo una asamblea?, ¿podría ingresar a un domicilio particular, por ser agremiado?, ¿el dueño de la casa puede negarle la entrada, aunque sea su derecho sindical?, ¿qué autoridad está facultada para resolver esa controversia? ¿un juez cívico, un Ministerio Público, el Procurador Social, el Presidente de alguna Junta local o federal de Conciliación y Arbitraje, la Secretaría de Seguridad Pública o la de Trabajo y Previsión Social? En serio, Ricardo, no es un evento social el que estás presidiendo, y no es “de barbas” que las asambleas sindicales se lleven a cabo en la sede sindical. Te conviene pensarlo con calma, antes de que repitas esta “fabulosa” idea.

De nueva cuenta, invitó a sus “amigos”, perdón, a su comisión observadora para que asistieran de manera presencial. Seamos claros, la presencia en esta asamblea de los compañeros que fueron nombrados para fungir como Comisión Electoral, contraviene el estatuto, el cual es tajante al delimitar a la perfección sus funciones en la fracción I de su artículo 107 bis. Pretender que hagan otro tipo de labor observadora, es una clara violación a la ley interna del sindicato.

Todo lo anterior deja a la vista un claro patrón de conducta, totalmente innecesario: conducirse como bandolero a salta de mata. ¿Por qué hacerlo así, si de acuerdo con el Secretario General, lo único hace el sindicato es trabajar incansablemente en pro de los agremiados?, La consecuencia es clara: está impidiendo que ningún sobrecargo, que no esté alienado a la Secretaría General, le pueda cuestionar a Ricardo Del Valle absolutamente nada. Por lo menos en estas tres asambleas a las que me refiero, el líder ha manipulado de forma tal que los sobrecargos terminan acatando sus designios.

Ricardo Del Valle deshonra su investidura al tratar de denostar a todo aquel que opine diferente, y demuestra palmariamente que no le gusta la democracia, ni la diversidad de opiniones. A los pocos sobrecargos que levantan la voz para diferir de él, los etiqueta como “la contra”, que lo único que hace es evidenciar el poco o nulo apego del representante sindical a los estatutos. El tema se vuelve delicado y alarmante cuando se ensaña con las mujeres, a quienes les arrebata la palabra en las pocas contadas ocasiones que se las ha dado, o cuando comienza a burlase de sus interlocutoras. Abusa del monopolio del micrófono para dejarlas mal paradas, llegando a ser misógino y machista en su actuar. No tiene en cuenta que la mayoría del gremio que dice representar está integrado por mujeres.

Ser líder sindical no es un salvoconducto para que pueda hacer lo que quiera, mucho menos usar tonos amenazantes con los interlocutores que lo cuestionan. Ese mismo tono es replicado en los “chats” que se tienen dentro de los webinar de Zoom, donde compañeros hombres se la pasan insultando a las mujeres sobrecargos que se animan a cuestionar y pedir cuentas al líder. Triste resultado, cuando el espacio para debatir ideas se reduce a burlas y ataques, tanto verbales como escritos. No puedo hacer a un lado el peligroso precedente de machismo y misoginia que genera el Secretario General, y permea en sus esbirros.

No puede ni debe eludir su responsabilidad; como presidente de debates, es obligación del Secretario General mantener el orden y el respeto mutuo. Mala nota para la Comisión de Vigilancia, que es completamente omisa de su principal función. La situación empeora si las agresiones registradas en el chat no quedan asentadas en el acta de la asamblea. En un abrir y cerrar de ojos, las compañeras son víctimas de una doble agresión, la que profiere el insulto mismo, y luego la quedar en el olvido, por omisión o estulticia de la representación sindical.

Resumiendo, tenemos una representación sindical liderada por un compañero sobrecargo que cree estar por encima del resto de sus agremiados; que entiende al contentillo la letra de los estatutos; que hace gala de su machismo y misoginia para dirigirse a las compañeras que lo cuestionan, olvidando que parte importante de su trabajo es recibir y resolver tales cuestionamientos; que no soporta la diversidad de pensamiento y que le encantaría que no hubiera “contras”, pues considera que no ayudan en nada.

“Cada balanza tiene su contrapeso” reza el refrán. Siempre son necesarios, en todos lados, en especial dentro de un sindicato que es un ente político. Por eso vale la pena preguntarnos ¿qué pasa al interior de ASSA? No es normal que en lugar de actuar conforme al estatuto, las asambleas parezcan actos clandestinos para preparar un abigeo, evitando el contacto con los agremiados. Que no nos digan que es por el tema del Covid19. ¿También por la sana distancia impiden la entrada a la sede sindical? Eso quedó registrado en video, cuando un grupo muy pequeño de compañeros intentó meter ante la Comisión de Vigilancia una consignación, lo cual es su derecho, y así lo mandata la ley interna.

De nada sirve que Ricardo Del Valle repita hasta el cansancio que todo es transparente y democrático “como siempre ha sido”. No se puede tapar el sol con un dedo, y yo no voy a pecar de ingenua, mientras los sobrecargos agremiados a la ASSA le sigan avalando estas tropelías, él no va cambiar su forma de hacer las cosas, por más evidencias que existan. Las preguntas son para la planta: ¿Ustedes van a hacer algo diferente? ¿Van a ser ese contrapeso tan necesario?

 

Ximena Garmendia

4 de octubre 2020