26 marzo 2023

La realidad de Mexicana

 

La realidad de Mexicana

“Que es un soplo la vida, que 20 años no es nada”, esta frase queda bien en un tango, pero todavía hay compañeros que creen que “habrá justicia”, para los que 12 años no es nada. Si han tenido la oportunidad de leer la novela “Miau”, de Benito Pérez Galdós, entonces recordará  a uno de los personajes principales: Ramón Villaamil, y tendrán claro que su característica principal es el pesimismo, y que prefiere pensar que sucederá lo peor, para no sufrir una decepción.



Pues exactamente emulando ese personaje, es que yo prefiero plantearme el peor de los escenarios, en lugar de ilusionarme construyendo castillos en el aire, como se llama una canción de Alberto Cortez, también conocida en la bohemia como “la canción del idiota”.

Los hechos nos han demostrado cuál es la realidad: Mexicana de Aviación, junto con sus filiales fue saqueada y nos dejaron en bancarrota. Pretender ignorar esta parte de la historia es un contrasentido banal, pueril y estéril.

En su momento señalé hasta el hartazgo (de alguno de ustedes, no mío) que había que actuar legal, política y mediáticamente contra Grupo Posadas. Hoy por hoy sigo denunciando la publicidad que suben a redes sociales, y jamás me hospedaría en alguno de sus hoteles. Para mí es un principio básico de congruencia, no voy a consumir y dejarle mi dinero (todavía más dinero) a quienes me robaron, así de sencillo.

No ignoro que durante estos 12 años muchos laudos se han ganado; sí, y no sólo el de los sobrecargos jubilados en 2016, sino que también -incluso antes que los sobrecargos jubilados- los trabajadores de confianza ganaron su juicio en 2015, y luego, en 2019 el resto de los trabajadores sindicalizados. Eso no es ningún secreto.

Pero quiero enfatizar que ninguno ha podido cobrarlo. Es más, me atrevo a sentenciar: nunca nadie podrá hacer líquido su laudo. ¿Por qué? Simple y sencillamente porque no hay de dónde hacerlo. ¿Ya les dije que nos robaron y dejaron las arcas vacías? No me gusta, y por supuesto que no puede llamarse “justicia”, pero lo único que nos queda es la marca y algunos bienes, más un fideicomiso que fenece el próximo año.

Así como sé que muchos piensan como yo, entiendo perfectamente que mucha gente no comparta mi punto de vista y esté en desacuerdo. 

Todavía más claro tengo que otro amplio sector de plano ni siquiera lo entiende y están “perdidos” en este laberinto legaloide (sí, lo digo con desprecio) que se ha construido en más de una década de juicios, demandas, amparos, recursos, apelaciones, peritajes, embargos, nombramientos y revocaciones. 

Para mí, como veo las cosas, la única oportunidad real (no ficticia ni imaginaria), es la que nos ofrece el Gobierno Federal, que hoy está frenada por un puñado de compañeros. De verdad, digo y subrayo que son un puñado porque en los hechos no son esos 200 que cacarean, son mucho menos. 

Sean los que sean, van de la mano de un abogado del que sabemos su historia. No, no me estoy metiendo en su vida privada y/o sentimental, esa no me interesa y no cabe en este blog; hablo de su trayectoria laboral, pública y política. Lo aclaro porque luego hay personas que en su afán de defenderlo, se confunden.

Afortunadamente, para ustedes y para mí, leer esta columna es totalmente voluntario.

Ninguno de Ustedes (y lo escribo con mayúscula en señal de respeto) está obligado a estar aquí; y yo ejerzo mi libertad de expresión (y no tienen idea de lo gratificante que es). Yo no escribo estas líneas para agradar a la gente, lo que están leyendo es una reflexión, una opinión personalísima que se basa en la  experiencia adquirida a lo largo de estos años, en los que he ocupado diferentes trincheras: estudiante, trabajadora terrícola, sobrecargo, adjunta, representante sindical, parte de una oficina de comunicación social, bloguera, youtuber, groupie, columnista… eso sí, siempre “professional complainer”.

En ese orden de ideas -y sé que no les va a gustar-, cuando mi sindicato habla de que se debe “legitimar” mi Contrato Colectivo (MXA) porque hay juicios, y que debe hacerse “para que nos liquiden”, tengo que decirles: nunca vamos a conseguir que nos liquiden, porque la única manera real -y lo subrayo- es con la compra de los bienes y la marca por parte del Gobierno Federal, lo demás son puras chaquetas mentales (y disculpen la analogía, me vale gorro).

No nos engañemos, no hay nada. Así que, por mucho que ASSA continuara detentando nuestro contrato, quedaríamos como lo que somos en los hechos: sobrecargos que hacemos bulto en el padrón de agremiados, que somos ocupados de pretexto para que la Asociación Sindical de Sobrecargos de Aviación siga siendo “gremial”, y no se reduzca a ser un sindicato de empresa, apreciaría mucho más la honestidad de que me lo planteen así, que por la búsqueda de mi liquidación.

Con todo el respeto que me merecen, en ASSA no han entendido a fondo la complejidad de la situación de los sobrecargos de Mexicana y de Click. Durante todos estos años lo único que se hizo (y porque fueron órdenes del gobierno federal anterior) fue meter sobrecargos de MXA a volar en AMX; jamás se luchó por conseguir nuestras liquidaciones, por conocer el status jurídico de los expedientes, por hacernos llegar la información, por realizar asambleas informativas, por exigir y rendir cuentas de los fideicomisos, nada, absolutamente nada. Desaparecimos de su radar, así de simple, tanto de representantes como del resto de los agremiados.

De verdad, compañeros, ¿creen que casi 13 después pueden conseguir la liquidación que por ley corresponde? ¡Claro que no!, las matemáticas y Pitágoras no mienten, la suma de todos los laudos nos arroja la friolera de 9 mil millones de pesos ¿de dónde piensan que los pueden sacar? Esa cantidad de dinero solo se puede comparar con lo que gastaba diariamente el Gobierno Federal para enfrentar la pandemia en sus momentos más álgidos, pero era para los más de 126 millones de habitantes del país, no para un grupo de 8,500 trabajadores defraudados y poco más de 600 sobrecargos jubilados.

Hoy nos estamos jaloneando una cobija de 816 millones porque no nos alcanza para taparnos. Los que sueñan con que se venda el MRO, les recuerdo que tiene dueño, que aunque lo compró por mil pesos, ahora pide millones de dólares por él ¿acaso los tenemos? ¿Por qué nos peleamos entre nosotros y dejamos que los responsables se sigan pudriendo en dinero?

Es verdad cuando les digo que en este país la justicia es solo para la gente que tiene los recursos económicos para llegar a ella, ¿creen que a simples trabajadores sin lana nos van a dar justicia?, ¿en serio?, ¿han volteado a ver otros casos?, ¿los han estudiado?

Porque yo sí, y en todos los relacionados al mundo aeronáutico, los trabajadores han quedando “chiflando en la loma”; triste pero cierto. No hay dinero para liquidarnos, y si se cae la venta de Mexicana, creo que ya podemos darle santa sepultura. Sí, veremos que “de oficio” se pueden seguir tramitando todos y cada uno de los juicios, durante los próximos 10 o 20 años, pero nunca vamos a ver nuestras liquidaciones. Pongo mis manos al fuego.

Ese panorama es sin contar con los oscuros intereses que existen alrededor de que no se venda la marca Mexicana; hay gente que está pagando mucho dinero para esto. ¿Por temas aeronáuticos? ¡Para nada! Hay un sector que no quiere que el Presidente, en una mañanera se de vuelo anunciando “El regreso de Mexicana de Aviación, aerolínea que trataron de matar los neoliberales”. Aunque sabemos que no es así, sería un golpe muy fácil de capitalizar y convertir en votos, pues suena muy bonito para el imaginario colectivo.

Compañeros: yo no les hablo ni dulce, ni bonito, mucho menos pretendo “caerles bien” o “ganar fama”; simplemente digo lo que observo y doy mi opinión, me gusta hacerlo por escrito, para en unos años salir a decirles con los pelos de la burra en la mano “se los dije”.

No me equivoqué un ápice con Ricardo, documenté absolutamente todo, desde los “punta de lanza” entre los que por cierto iba Claudia Quijas, hasta la entrada del Contrato B, votado por ex MXA´s a cambio de la promesa de “regresar alas” a los sobrecargos desempleados. 

A los Contrato A de AMX les dije: “ahorren, ahorren, ahorren”, porque ya sabía que la empresa iba a ir por sus prestaciones y por bajarles sus ingresos lo más que se pudiera. Y recuerdo perfectamente que muchos de ustedes me tiraron “de a loca”, justo como lo hacen hoy. Yo ni gano ni pierdo, solo les advierto cual es el futuro que veo que se viene.

Por último, compañeros de ASSA, no es por joderlos ni mucho menos incordiarlos, pero ¿por qué no mejor trabajan en jalarse los contratos que tiene el STIA? Son tres: Aeroméxico Connect, VivaAerobus y Volaris, son contratos vivos que le alegrarían mucho la existencia a sus sobrecargos. Yo me limito a guardar estas líneas. La historia me juzgará.

 

Ximena Garmendia
26 de marzo de 2023