10 octubre 2021

Certeza en las elecciones sindicales

 

Certeza en las elecciones sindicales

Los trabajadores tenemos el perene temor de que nuestro voto no sea respetado en las elecciones, sobre todo, cuando las dirigencias tienen líderes que llevan en el cargo algunas décadas. Es por ello que muchos de nosotros vimos con gran esperanza la Reforma Laboral de 2019.



Sin embargo, los hechos hablan. En las elecciones más recientes, en este año y bajo la “era Covid”, en la renovación de las dirigencias sindicales, los actores de siempre han sido vueltos a elegir.

En estos momentos soy candidata a la Secretaría de Prensa de la Asociación Sindical de Sobrecargos de Aviación de México; sin embargo me brotan un montón de dudas y me surge la necesidad de plantear una salida que evite continuar con lo que se ha convertido en una “simulación de democracia” en los sindicatos de nuestro país.



Creo que el que sean los propios sindicatos quienes lleven a cabo las elecciones de sus líderes sindicales los convierte en juez y parte, y no abona para nada a impulsar la democracia sindical, ya que en muchos de los sindicatos, el “Colegio Electoral” son una mezcla de representantes sindicales y trabajadores afines al Comité Ejecutivo.




El comerciante estadounidense James Cash Penny dijo: “Muéstrame un obrero con grandes sueños y en él encontrarás un hombre que puede cambiar la historia. Muéstrame un hombre sin sueños, y en él hallarás a un simple obrero”. Así es que déjenme soñar y tal vez pueda hacerse realidad. Hablo de la creación de un órgano electoral exclusivo para las elecciones sindicales.

Se me ocurre que el INE que trabaja por años electorales, podría llevar a cabo todas y cada una de las elecciones de los sindicatos; con esto matamos dos pájaros de un tiro. La autoridad electoral del país desquitará el dinero que se le da para su funcionamiento, porque la idea no es darle más presupuesto, sino que con el que tiene, lo administre de tal manera que pueda organizar estas elecciones.

Y seamos francos, son pocos los sindicatos en este país. La Secretaría del Trabajo y Previsión Social, en el año 2018 los clasificó así: 2,962 sindicatos, 558 federaciones, 48 confederaciones o centrales obreras y 11 agrupaciones. De todos estos, el 60% es controlado por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), con 10 familias al mando, según declaración de la doctora María Xelhuantzi López, de la Facultad de Ciencias Políticas y Administración Pública de la UNAM.

Y cito textual: “Hasta este año (2018), corroboran los datos de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS), el 43% de los sindicatos de trabajadores estaba concentrado en tres centrales obreras ligadas al priismo histórico: CTM, CROC y CROM. Nombres como los de Rodolfo Gerardo González Guzmán (CROM), Carlos Aceves del Olmo (CTM), Roberto y Sergio Mendoza León (CROC) salen a relucir cuando hablamos de tres de las más poderosas confederaciones sindicales que existen en México”.

Pero el sindicalismo llamado “independiente” tampoco se salva de estas prácticas. El 42% de los sindicatos de trabajadores en México, según cifras oficiales, son independientes, como es el caso de Unión Nacional de Trabajadores, que agrupa a varios de estos y cuya presidencia es tripartita. La UNT, como se le conoce desde su fundación en 1997, está liderada por Francisco Hernández Juárez, que dicho sea de paso, se ha vuelto a reelegir como Secretario General de los Telefonistas. No conozco otro líder de ese gremio, pues lleva al frente de su asociación sindical 44 años ininterrumpidos, exactamente los mismos que tengo de edad al día de hoy.  

En esa presidencia tripartita también está Agustín Rodríguez Fuentes, Secretario General del STUNAM, que lleva al frente de su sindicato 28 años. Y por último, un sindicato que representa ser un garbanzo de a libra, que ojalá cuiden las nuevas generaciones, y no dilapiden lo que sus padres fundadores crearon; se trata de un sindicato donde la reelección no existe; cada año se renueva un tercio de la representación sindical, y sus votaciones son libres y secretas.

El lugar del tercer presidente colegiado de la UNT le corresponde a la Asociación Sindical de Pilotos Aviadores de México (ASPA), que en su vida interna, cada tres años tiene un Secretario General diferente. Dentro de la UNT, la presidencia tripartita lleva las riendas de un gran porcentaje de sindicatos denominados “independientes”; lamentablemente, es sólo un membrete que no se refleja en los hechos.

Es por ello, que para mi es imperante, que la renovación de las dirigencias sindicales sea real y no una simulación, es una vergüenza que se jacten de ser sindicatos “libres, autónomos e independientes” y sus dirigencias tengan años en los mismos cargos, dejando fuera la posibilidad que nuevos trabajadores se incorporen a la vida sindical.

Lo dije y lo sostengo, son juez y parte al organizar ellos mismos sus elecciones, y la STPS lo permite bajo el gastado argumento de “la autonomía sindical”. Con esto la máxima autoridad laboral del país se lava las manos y permite que las malas prácticas antidemocráticas se sigan llevando a cabo y que todo “cambie para no cambiar”.

Soy agremiada a un sindicato autodenominado “democrático”, y como conozco sus entrañas, también afirmo que el adjetivo calificativo le queda grande. Sólo en palabras, pero no en hechos aparece el término. Pongo de ejemplo a mi actual Secretario General, que lleva 9 años al frente y está en su cuarta gestión, a pesar de que el estatuto que nos rige sólo permite 2 gestiones. Originalmente, mi sindicato ASSA, al igual que ASPA, sólo permitía estar una gestión de tres años al frente, sin embargo, cuando Alejandra Barrales fue Secretaria General del mismo, modificó los estatutos para que pudiera ser dos gestiones, esto es, seis años en el mismo cargo.

Por lo tanto, como agremiada y como integrante de la 4T, veo la imperiosa necesidad de llevar a los hechos las palabras pronunciadas por nuestro presidente Andrés Manuel López Obrador. Se antoja muy complicado, más no imposible, pero es sin duda indispensable generar un verdadero sindicalismo democrático en el país, que apuntale a los trabajadores como condición sine qua non del desarrollo económico, político y social del país.

Estoy clara y cierta en que mi inquietud sobre la posibilidad de que pudieran llevarse a cabo las elecciones sindicales bajo la rectoría de una institución ciudadana, y constitucionalmente autónoma como lo es el Instituto Nacional Electoral, es utópica, y a más de uno le parezca descabellado. Lo sé, es un bonito deseo; pero hoy más que nunca tengo la necesidad de hacer esa petición, y no es porque esté como candidata en estos momentos, sino porque se requiere democratizar todos y cada uno de los sindicatos, independientes o no, para generar certezas laborales en los trabajadores del país, y estos, coadyuven a su transformación, como base de toda economía.

Organismos constitucionalmente autónomos han surgido en nuestro país como un parteaguas, cuando las condiciones exigieron que se marcara “un antes y un después”. La creación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos es concomitante a la del Instituto Federal Electoral, en el año 1990. Ambas instituciones, buscaban la “credibilidad”, tanto del pueblo mexicano, como de todos los ojos observadores en el extranjero. Los derechos humanos, y las elecciones fueron considerados piedra angular para el desarrollo y crecimiento del país.  

Treinta años después, ambas instituciones están consolidadas, y no han estado exentas de renovaciones y adecuaciones a los nuevos tiempos. Su profesionalización es a toda prueba, y sus actuaciones más honrosas han sido siempre de las administraciones menos allegadas al poder político en turno. Treinta años después, ¿no debemos pensar en dotar a la clase trabajadora de un garante de su libertad de asociación? Este gobierno, después de un desafortunado “olvido” que duró años, por fin ha suscrito diversos convenios de la OIT. A este gobierno le ha tocado negociar todo lo referente a la homologación de leyes laborales en el marco del acuerdo internacional con Estados Unidos y Canadá, el T-MEC.  

Parecen sólidos avances, pero es importante que los canales de comunicación entre clase trabajadora y el gobierno federal de México no se vean cortados. Ahora más que nunca es necesario escuchar las demandas de los trabajadores, los de a pie, los que todos los días salen a partirse el lomo para llevar el sustento a sus casas, y no solamente a los líderes gremiales que viven cómodamente de las cuotas de sus agremiados y de las prebendas de las empresas. Hay que decir las cosas como son; no pretendo tapar el sol con un dedo.

Por eso mi reclamo es franco, directo y siempre respetuoso. Luisa María Alcalde Luján, Secretaria de Trabajo y Previsión Social: te conocí cuando todavía estabas en la preparatoria; te vi pocas veces cuando estaba en el despacho de tu padre, el asesor legal de mi sindicato, el Lic. Arturo Alcalde Justiniani, con quien trabajé codo a codo. Yo era Secretaria de Actas de ASSA y necesitaba que “revisaran” las actas ingresadas en los procesos legales del sindicato, como los emplazamientos a huelga, y las relativas a las elecciones sindicales.

Hace unos días, optaste por bloquear mi usuario de la plataforma Twitter. Tal vez me consideres un mosquito zumbando en tu oreja y resulte muy molesta, pero es que yo sí creo en las palabras de nuestro presidente Andrés Manuel López Obrador. Estamos en medio de una gran transformación, y se requiere que sea real, y no una mera simulación. No dejaré de denunciar todos los actos de corrupción que vea, y más siendo sindicalista desde hace 22 años.

Sí queremos cambiar de verdad al país, hay que comprometerse con ello hasta la médula. No vale hacerlo de dientes para afuera, y menos con un tema que sigue pendiente en la agenda, como la democracia sindical. Por todos y para todos los trabajadores de México, basta de simulaciones perversas, y viva la real democracia sindical.

Ximena Garmendia

10 de octubre de 2021

Esta columna fue originalmente escrita el 20 de octubre del año pasado, hoy la demanda sigue siendo la misma, certeza en las elecciones, folio desprendible para un voto, libre, personal y secreto.