24 octubre 2021

Se cobran “baratos” los favores

Se cobran “baratos” los favores

 

Pensemos por un momento, que les exigen lealtad absoluta sin poder cuestionar absolutamente nada. Sí, así como lo leen, no pueden objetar, no pueden criticar, tener una opinión diferente a la previamente establecida. Le deben jurar obediencia incondicional a una sola persona, y el séquito que lo rodea hará todo lo que esté a su alcance para cumplir con dicho cometido.

 


No, aunque lo parezca no estoy describiendo el comportamiento de una secta, ni religión, mucho menos de un partido político, estoy señalando la forma en como se comportan en la Asociación Sindical de Sobrecargos de Aviación de México, conocida coloquialmente como ASSA.

 

Hace muchos años, cuando una joven sobrecargo de Aeroméxico se propuso “sacar” a los anquilosados viejos del sindicato, formó un grupo que se hacía llamar “El MURS” (Movimiento Único de Renovación Sindical). Esa joven a la que hago referencia era Alejandra Barrales, y buscó durante su gestión cultivar el culto a la imagen.

 


En aquel entonces, todas las representantes sindicales afines a ella, solían vestirse casi igual, al grado que algunos compañeros de la representación contrarios a ella, se lo hacían ver con sorna. Aquella mujer intentó coaccionar a la base de sobrecargos, pero gracias a la democracia que se vivía en aquellos ayeres en el sindicato, jamás pudo perpetuar el “pensamiento único”.

 

No fue sino hasta muchos años después, con la llegada al cargo de su pupilo a la Secretaría General, un hombre de mediana edad, sin personalidad, mucho menos inteligencia, que con base en un sistema de “premio/castigo” y con la ayuda de otros representantes sindicales afines a él, concretaron el fallido sueño de Alejandra Barrales: un sindicato monolítico y con una sola visión.

 


Y cuidado quien se aleje de él, pues será severamente castigado. La diversidad de pensamiento se reprimió utilizando de manera artificial “citas” en Relaciones Laborales de las empresas, y no les informaban el “motivo” por el cual los sobrecargos eran citados ahí.

 

En una franca colusión con las empresas, principalmente con Aeroméxico, el sindicato, se quitó a toda la gente libre pensadora, pues durante once años, la “fabricación de culpables” ha sido una de las marcas distintivas de las gestiones de Ricardo Del Valle como Secretario General.

 


Otra de las “estrategias” es lo que la gente suele llamar “poner cuatros”. La historia de "poner un cuatro" se relaciona con un juego de la baraja española que se conoce como 'brisca'. En él, la carta de menor valor es el 2, y a ésta le sigue el 4; durante el juego, en la penúltima ronda o mano —conocida como "arrastre"— se acostumbra tirar la carta más baja que se tiene con el fin de conocer el juego de los oponentes. Como tirar un 2 sería demasiado obvio, "poner un cuatro" funciona como un señuelo para que los demás revelen su juego.

 

Y de esa forma logran que el sobrecargo sienta la espada de Damocles sobre su cabeza, y vea la “necesidad” de “pedirles el favor” a la representación sindical, le quiten la espada que le apunta y le salven, con lo que adquiere una deuda de por vida, la cual pagará las veces que la representación sindical considere necesario.

 


Puede ser convirtiéndose en “oreja” y “poner el dedo” a otro compañero, al que el pondrán “un cuatro”, para ejecutar el mismo modus operandi y así tener a otro sobrecargo al servicio de la representación sindical.

 

En esta época de redes sociales, se hace más que evidente cuando un sobrecargo fue “coptado” por la representación y su nueva función es hacer todo lo que se le pida, así atente en contra de su dignidad como ser humano.

 

Entre promesas de “regresar alas”, “salvar el pellejo”, “cambios de vuelo”, “permisos sin y con goce de sueldo”, uno a uno han engrosado las filas de los fieles siervos del Secretario General, quienes no dudan ni un instante en ir a “agradecer los parabienes” al perfil personal del Secretario, donde se deshacen en “halagos”, pero que resulta ser muy burdo para el público ajeno a esa tóxica dinámica.

 


Sin embargo, es evidente que después de 10 años de andar pagando “favores” que por algún motivo tuvieron que pedir, los sobrecargos comienzan a mostrar cansancio, hastío, hartazgo, pero sobre todo repulsión. Sí, les revuelve el estómago tener que callar y soportar atropellos con tal de mantener “el trabajo”.

 

Por eso, hoy que estamos en medio de un proceso electoral, la representación ha comenzado a llamar por teléfono, mandar mensajes, escritos y de voz, a todos esos compañeros que en el pasado les hicieron un “favor”.

 

Les recuerdan puntualmente que gracias a ellos “recuperaron alas, tuvieron un permiso, les salvaron el pellejo” o lo que sea que hubieran hecho. Son tan insistentes que ponen a sus más allegados a escribir en sus perfiles de redes sociales que “no se olviden de quién les echó la mano”, llegando casi al grado de escribir “denle gracias a la mano que les da de comer, sin él ustedes no tendrían trabajo”.

 

Pero, ¿eso es real? ¡No, para nada! Más bien ha sido una narrativa muy perversa que durante mucho tiempo ha permeado en la base de los sobrecargos agremiados a la ASSA de México. Les quitaron su derecho a opinar libremente, a exigir rendición de cuentas por parte de los representantes sindicales, que al día de hoy, se siguen sintiendo “intocables” y por encima del resto de la base de sobrecargos.

 

Hoy más que nunca es imperativo el recuperar la libertad de expresión, de disentir, de no estar de acuerdo en cómo se maneja la actual representación sindical, en exigir cuentas claras sobre el patrimonio de la asociación pero lo más importante, entender de una buena vez, que los representantes no están por encima de los sobrecargos de la base, son exactamente iguales, pues tienen los mismos derechos y obligaciones. Cuya función es la de representar ante la empresa al grupo de sobrecargos, a quienes siempre deben de rendirles cuentas de cada paso que den y les pregunten en el órgano máximo que es la asamblea, qué rumbo quieren tomar.

 


Es momento de cambiar el sindicalismo monolítico ejercido desde hace 10 años y recuperar la verdadera democracia, que es muy necesaria. Para terminar, a quienes se han dedicado en redes sociales a verter mentiras como sí de un “bolo” se tratase les digo: No, no se busca “eliminar, cambiar, modificar”, el Convenio de Ahorros temporales con la empresa Aeroméxico, los sobrecargos están conscientes de la importancia de honrar los acuerdos tomados y a pesar de todas las pifias que conllevó la firma del mismo, respetarán su vigencia hasta la fecha establecida para el término de dichas condiciones laborales.

 

¿Qué si buscan los sobrecargos contrarios a la actual representación?, la transparencia en la rendición de cuentas y en dejar, primordialmente, en que dejen de “cobrar” favores al gremio de sobrecargos y se apeguen a lo establecido en el Estatuto en vigor, pues su función, no es esa.

 

Ximena Garmendia

24 de octubre 2021