17 abril 2022

Radiografía de una demora

 

Radiografía de una demora

Si hay algo que los usuarios de aviación detestan, son las demoras. Independientemente de la línea aérea contratada, siempre será una gran molestia llegar temprano a su vuelo y encontrarse con que su vuelo se encuentra demorado. Por ello comparto con ustedes esto que llamo “Radiografía de una demora”, con la intención de que los pasajeros de las líneas aéreas conozcan un poco más la operación de un vuelo.



No me refiero a una línea área en concreto. Utilizaré generalidades aplicables tanto a las bajocosteras como a las aerolíneas tradicionales, porque deben ustedes saber que “en todos lados se cuecen habas”.

La operación de una aerolínea es algo muy complicado, ya que el factor humano tiene un juego importantísimo, y podríamos calificarlo de “impredecible”; me explico: las aerolíneas planean un año antes las operaciones que se tendrán el año que siguiente, y mediante proyecciones obtienen información de cuántos tripulantes y equipos requerirán para cubrir el número de vuelos “proyectados”; sin embargo, es común que diferentes variables hagan disminuir o aumentar los números pronosticados.

Una vez que se tiene un número de tripulaciones requeridas para los vuelos, tanto de sobrecargos como de pilotos, proceden a trazar líneas, es decir las “secuencias de vuelo” para cada tripulante. Para armarlas exitosamente, se deben contemplar los días de descanso obligatorio, vacaciones del trabajador, incapacidades por enfermedad o maternidad, días de permiso con y sin goce de sueldo, revalidación de pasaporte, visa, licencia y el examen médico, algunos de ellos expedidos por la Agencia Federal de Aviación Civil. Entonces, hay que quitar cierto número de días que no contarán con ese trabajador y distribuir los restantes en diferentes “servicios” (vuelos) para cubrir durante el año.

La historia sería diferente si los humanos fuéramos máquinas, que nunca se enferman, ni se accidentan y que jamás faltan a sus trabajos; pero no es así. Entre los sobrecargos es una vivencia recurrente que cuando el pasajero ve a los sobrecargos comiendo exclama con sorpresa “¡ustedes también comen!” Sí, parece chiste, pero es cien por ciento real.

Ahora, cada compañía aérea tiene un departamento encargado de sus operaciones aeronáuticas, que mensualmente emite un rol o secuencia de vuelos que el tripulante deberá cubrir, asignándole los vuelos y reservas correspondientes. En esa secuencia de vuelos vienen los días off y los días de descanso llamados “intocables”, que son cinco días consecutivos del mes en los que la empresa no puede asignar un vuelo; no son una canonjía sin fundamento, se trata del tiempo correspondiente a los 4 domingos del mes que el trabajador aeronáutico tiene que volar, más el descanso obligatorio llegando de vuelo.

A diferencia de los trabajos en tierra, los tripulantes firman sus servicios a cualquier hora del día, desde la madrugada o hasta la medianoche, no existe el concepto “fin de semana”, es más, los pilotos y sobrecargos saben qué día firman y qué día terminan, pero si les peguntas qué día de la semana es, se desconcertarán pues su ritmo de vida se rige por su rol o secuencia, es decir, cuándo vuelo y cuándo no.

Por ello la Ley Federal del Trabajo asigna cinco días de la semana, el primer día es el descanso obligatorio después de un vuelo y los otros cuatros representan esos 4 domingos del mes. Y como no se puede volar más de seis días seguidos también establecido dentro de la Ley Federal de Trabajo el séptimo día se tiene que descansar, o se paga triple.

Por todo lo anterior, las empresas siempre deben tener gente de reserva, en horarios escalonados, por sí algún tripulante no se presenta a su servicio. ¿Cuánta gente tiene una empresa aeronáutica de reserva? Depende del tamaño de la línea, y del número de gente disponible, además se debe de tomar en cuenta que por cada persona que salga de reserva se afecta la secuencia de vuelo.

Con este ejemplo quedará más claro: imaginemos que tenemos un tripulante dentro de una reserva, que dura la jornada completa (6 u 8 horas, dependiendo la empresa). Nuestro tripulante ya llevaba dos horas en la reserva, cuando es llamado para cubrir un servicio, en este caso un vuelo de 7 horas, que sumadas a las dos horas que llevaba, dará un total de nueve horas; este sobrecargo, tenía un rol o secuencia en la que firmaba al día siguiente -en la madrugada- su siguiente servicio; la Ley Federal del Trabajo señala que este tripulante debería descansar 24 horas, pero dicho descanso, de ser necesario, puede reducirse hasta 12 horas.

Pues bien, el tripulante que sacamos de la reserva, ya no alcanza a firmar su siguiente servicio, por lo que habrá que sacar a otro tripulante de reserva para que cubra ese vuelo. Pero si el que iba a la reserva se reporta incapacitado por enfermedad, no tendremos uno, sino dos elementos menos, por lo que el área de operaciones de la aerolínea tendrá que buscar entre los tripulantes disponibles, y moverlos de un vuelo a otro, echando mano de una figura conocida como “tripulaciones mínimas”.

De hecho, en nuestro país es muy común que los vuelos -bajocosteros o tradicionales- salgan con tripulaciones mínimas, y lo hacen porque sale “más barato” y se ahorran sueldos y prestaciones. Desafortunadamente también acarrean “demoras”, sobre todo en temporadas altas, por falta de sobrecargos a bordo. Y el caso de los pilotos es más complicado aún, pues el avión no puede ir con “tripulación mínima”; forzosamente tiene que ir un capitán y un copiloto, y no pueden suplirse el uno al otro. Si un capitán falta, debe suplirlo otro capitán. Aunque tenga copilotos disponibles, no pueden volar porque no tienen el adiestramiento y porque su licencia dice claramente “copiloto equipo tal”, (a320, B737, ATR, etc…)

Cuando un piloto asciende de copiloto a capitán, existe un extenso adiestramiento previo, que incluye varias horas en el simulador de vuelo y muchos vuelos vigilados por un asesor. Después de eso, puede ascender a capitán y volar “en el lado izquierdo del avión”.

Agreguemos que los sobrecargos sí pueden ser tripulación de todos los equipos que tenga su compañía, pero los pilotos (capitanes y copilotos) solamente pueden volar el equipo que ampare su licencia; no por falta de pericia, sino porque así lo marcan las leyes internacionales de la aeronáutica. Así que cuando a ustedes, como usuarios les digan “falta tripulación”, es porque la operación seguramente se ha complicado al grado que ya no tienen el personal disponible y ad hoc para poder sacar el vuelo y cumplir con el contrato de transportación.

Tomen en cuenta también que tanto pilotos como sobrecargos pueden enfermar en pleno vuelo y quedar incapacitados. Durante mis años en Mexicana de Aviación hubo una ocasión en que nos quedamos sin el Capitán; íbamos en un itinerario de seis días, ya veníamos en el segundo día, en el tramo de Zacatecas a Chicago, y durante el vuelo el Capitán se quejó de acidez. Todos buscamos entre nuestras pertenencias cosas como Riopan, Pepto, Sal de Uvas, o cualquier otro medicamento para mitigar la acidez, pero nada de esto iba a ser suficiente; de lo que nos enteramos más tarde es el capitán se nos estaba infartando.

Llegamos a nuestro destino y el Capitán pidió un médico, porque ya no aguantaba más. Cuando subieron los paramédicos se percataron que tenía un infarto y se lo llevaron al hospital; nosotros nos fuimos al hotel y al día siguiente teníamos que haber hecho un tecolote (vuelo de madrugada) a Guadalajara. Evidentemente ya no lo hicimos. Nos llamaron para decirnos volaríamos a México como pasajeros, y que saldría otra tripulación para realizar “nuestro” vuelo, sin demoras.

Obviamente, Mexicana de Aviación tenía el personal suficiente y se podía dar el lujo de este tipo de movimientos. Con las plantas tan ajustadas de las aerolíneas actuales, algo así se antoja francamente imposible, y las consecuencias son cancelaciones y demoras por falta de tripulación, o por falta de equipo.

Además del factor humano, debo decir que los aviones también tienen que descansar. No puedes traerlos volando las 24 horas, o comenzarán a fallar. A veces hay empresas que exprimen al máximo sus equipos, pero si uno falla, tendrán que empezar a mover sus aviones como si de piezas de jenga se tratara.

Y es que las aerolíneas se la pasan moviendo piezas de un lado a otro, rogando que la torre no se mueva y no se caiga, pero a veces por más esfuerzos realizados, una sola pieza que tirará el juego. Sin quitarle la importancia y seriedad que implica la operación aeronáutica, haré otro simil lúdico con las demoras. Pueden verse como fichas de dominó, acomodadas en una larga fila. Una demora tarda en recuperarse mínimo en 24 horas, una ficha tira a otra y las demoras se van acumulando. Pueden pasar incluso días para regularizar los vuelos.

No es un trabajo sencillo, es muy complicado reducir las demoras al máximo. Cuando son imputables a las líneas aéreas, el costo es excesivamente caro, pues no solo hay que pagarle horas extras al personal, sino que también hay que compensar al pasajero.

Finalmente, sepan ustedes que así como los usuarios odian las demoras, los trabajadores de las aerolíneas también las detestan. Una demora siempre enfrenta a pasajeros y personal, pero ni uno ni otro tienen la culpa. Hagamos un frente común para que los dueños de las aerolíneas provean a los trabajadores de todas las herramientas necesarias para hacerle frente a las demoras, que ya dijimos, nunca dejarán de existir.

 Ximena Garmendia

17 de abril de 2022