10 agosto 2010

DE LA COLUMNA DE ROSARIO ÁVILES

Los aprendices del Gran Houdini
Rosario Avilés | Opinión    Martes 10 de Agosto, 2010 | Hora de modificación: 22:53








Como si se tratara de un gran espectáculo de magia, los administrativos de Grupo Mexicana (que ahora se llama Nuevo Grupo Aeronáutico, aunque hasta eso habría que ponerlo en duda) realizaron una serie de malabarismos y demostraciones de escapismo que al final de cuentas dejan atrás una estela de interrogantes de por dónde andan los negocios y el transporte aéreo en este país.

Uno por uno se fueron insertando los números del espectáculo, que parecía tan bien montado que nadie sería capaz de desvelar el misterio que se ocultaba tras él. De la compra de la empresa al montaje del conflicto económico y de ahí a pasar de un lado a otro, activos, marcas, contratos.

La creación de un culpable visible y odioso, insaciable, retrógrada, porque defiende sus contratos colectivos, porque defiende volar sin fatiga, porque pelea por la seguridad, porque es sindicalista ¡y democrático! (¡qué mala costumbre es esa, por Dios!). Y todo hubiera funcionado bien sino fuera porque… como en las películas de mala factura, los trucos se notan a kilómetros.

Si se tratara de un mal vuelo, se diría que el comandante de esta nave quiso dar un viraje completo y sorpresivo. Al hacer el banqueo forzó demasiado el ángulo y perdió sustentación, la nave se desploma y requiere de un verdadero comandante que lo devuelva a la ruta correcta y que lo mantenga estable.

A punto, pues, del desastre, Mexicana está hoy en la puerta de la reestructura si todo va bien porque si no fuera así, la aviación nacional estaría realmente al borde de su desaparición. Y no es porque Mexicana sea toda la aviación que existe, sino porque dejarla quebrar implicaría que no existiera la intención de mantener aerolíneas mexicanas, que vuelen con pilotos mexicanos, que creen empleos en este país y que traigan divisas para que apuntalen a nuestra economía.

Y es que, ante la imposibilidad de incorporar a nuevas aerolíneas mexicanas para que cubran las rutas a Estados Unidos debido a la degradación de la que hizo objeto la FAA a nuestro país, creámoslo o no, hay empresas (¡que se dicen mexicanas!) que están pidiendo que vengan tripulaciones extranjeras en aeronaves extranjeras a hacer ese trabajo.

De hecho, esto es lo que ha venido sucediendo de manera sistemática en los años recientes. Si antes la mayoría de los vuelos desde y hacia el extranjero era cubierta por empresas mexicanas, ahora la participación de aerolíneas de otros países en ese mercado es claramente mayoritaria y creciente.

La puntilla sería traer empresas que, en la contingencia, se adueñaran del mercado. De ahí a los cielos abiertos y de los cielos abiertos a la liquidación completa de la industria nacional. No dudamos que haya algunos que sueñen con eso, como si de verdad las aerolíneas extranjeras fueran a hacer el servicio que hoy hacen nuestras empresas, como si eso fuera lo mejor, como si este país estuviera ya en liquidación porque 200 años de Independencia nos dejaron exhaustos y 100 años de Revolución no fueron suficientes y preferimos que otros vengan a disponer de nuestros cielos.

Y en el ínter, el inefable Treviño sigue repitiendo que pronto estaremos otra vez en categoría 1. Hasta habla de que “ya nos están ayudando (obviamente se refiere a los técnicos de la FAA)” y que se está trabajando en el “buen entendimiento”, como si el problema de la seguridad en la aviación de este país fuera “el entendimiento” y no la falta de recursos y de atención al sector.

Si de verdad queremos retornar a la categoría 1 y de ahí partir para tener una aviación realmente competitiva, se requiere reconsiderar todo el sistema, planear para el largo plazo, sentar a la mesa a aerolíneas, aeropuertos, agencias de viajes, trabajadores de las diversas áreas del transporte aéreo, autoridades implicadas, Congreso, sociedad civil.

Y que conste que la competencia real, ya sea como empresa, como sector o como país, empieza por tener en casa un equilibrio que permita balancear todos los intereses. Es muy fácil competir o decir que se compite con tarifas bajas a costa de los trabajadores con lo que esto significa para la seguridad. Ahí están las consecuencias y la realidad que es terca: literalmente nos sacan de la jugada. Recordemos que hasta el Gran Houdini tuvo su Waterloo.

Y pues dicen que no hay mal que por bien no venga. Tal vez necesitábamos esta debacle para empezar a tomarnos en serio las cosas. ¡Ojalá!

raviles_2@prodigy.net.mx