20 marzo 2013

DEL CORREO DEL BLOG

 
 
Recién le platicaba que después de Semana Santa viene un proceso de reordenamiento de los horarios de despegues y aterrizajes con que operan las principales aerolíneas en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM). Es lo que se conoce comúnmente como slots.
La terminal capitalina ya opera algunos días con una sobresaturación que pone en peligro la seguridad de los usuarios. Se llegan a dar hasta más de 70 movimientos por hora, lo que prendió los focos amarillos de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT).
La dependencia que comanda Gerardo Ruiz Esparza llamó hace un par de semanas a los directores de las cinco principales líneas aéreas para informarles de algunas medidas que se empezarán a adoptar. La inicial es reducir a 57 operaciones por hora.
Esos 13 o incluso más movimientos excedentes se tendrán que redistribuir fuera de las horas pico (7:00 a 10:00 de la mañana y 5:00 y 9:00 de la noche), o bien buscar acomodo en aeropuertos alternos al DF, como Puebla, Querétaro, pero sobre todo en Toluca.
La noticia cayó como verdadero balde de agua helada entre los convocados a la reunión. Apunte a Andrés Conesa por Aeroméxico, José Luis Garza por Interjet, Enrique Beltranena de Volaris, Fernando Flores de Aeromar y Juan Carlos Zua Zua por VivaAerobus.
La SCT dejó en las empresas la responsabilidad de redistribuirse en el manejo de los slots, lo que francamente se ve cuesta arriba porque ello implicará ceder a la competencia oportunidades de negocio. Además le decía que unas están mejor pertrechadas que otras.
Por ejemplo, Aeroméxico de Eduardo Tricio y Aeromar de Zvi Katz tienen derechos adquiridos sobre los slots del AICM, en función de la antigüedad que tienen en la terminal. No es el caso de Volaris de Pedro Aspe, VivaAerobus de Roberto Alcántara e Interjet de Miguel Alemán.
 
Interjet entró al AICM mediante un acuerdo entre particulares con Raúl Aréchiga, dueño de la desaparecida Aerocalifornia, que la misma autoridad cuestionó en su momento. Hay quienes dicen que la propia SCT inició un proceso contra ese convenio privado.
La misma compañía enfrenta litigios del sindicato de trabajadores de la también extinta Aerolíneas Azteca, del finado Leonardo Sánchez Ávalos. El gremio demandó a la empresa por haberse adjudicado ilegalmente sus slots en la principal terminal del país.
Pero el caso de Interjet no dista mucho de la actuación de Volaris. La que preside Gilberto Pérezalonso también aprovechó una regulación aeroportuaria laxa y los vacíos que dejaron Aerocalifornia, Aerolíneas Azteca, pero sobre todo Mexicana para sentar sus reales en el AICM.
Por todo ello se ve difícil que las aerolíneas logren ponerse de acuerdo entre sí para reordenar los slots, de ahí que no sea remoto un acto de autoridad de la SCT. En ese escenario, la dependencia tendría que ordenar la desincorporación de algunas frecuencias.
Sin nunca quererlo, la circunstancia se le puso a modo al equipo de Enrique Peña Nieto. Y es que fue durante su gobierno en el Estado de México cuando se relanzó el aeropuerto de Toluca como opción alterna al de la Ciudad de México en sociedad con OHL, de José Andrés de Oteyza.
Entonces el aeropuerto recibía 500 mil pasajeros al año. El gobierno de Peña introdujo beneficios que se tradujeron en incentivos fiscales que aprovecharon Interjet y Volaris, que se convirtieron en la columna de Toluca. El aeropuerto llegó hasta los 4.5 millones de personas.
Pero el Plan Maestro de Toluca consideraba entre seis y ocho millones de pasajeros y una ampliación en el tiempo para captar hasta 16 millones de personas, lo que se conseguiría con una segunda pista. Pero Interjet y Volaris se fueron al AICM y truncaron esos planes.
 
Ahora por esas coincidencias de la vida, los que entraron por la puerta de atrás a la Ciudad de México podrían estar enfilando su regreso forzoso a la que siempre debieron ver como su hub: Toluca.
México al 12 lugar
A finales de mes la Organización Mundial de Turismo, que preside Taleb Rifai, va a publicar el ranking global de la actividad.
México va a descender dos posiciones, para situarse al cierre de 2012 en el duodécimo lugar. En total el país se habrá desplomado cinco escaños en los últimos seis años, cortesía del gobierno de Felipe Calderón en otro claro caso de omisión e irresponsabilidad de esa administración, que nunca tuvo capacidad de planeación y visión de política pública.
El problema no debe circunscribirse a factores como inseguridad, imagen y percepción, sino a un conjunto de elementos como los mencionados y que incluyen también la confrontación que históricamente ha existido en las cúpulas del sector empresarial turístico, léase la Concanaco de Jorge Dávila, el Consejo Nacional Empresarial Turístico de Pablo Azcárraga y la Confederación Nacional Turística de Jorge Hernández. Estas agrupaciones también han sido incapaces de articular una buena comunicación entre ellas y no se diga una agenda en materia de turismo. Cosa de ver el ridículo que hicieron en la inauguración del Tianguis Turístico, donde nuevamente afloraron las filias y fobias que se dan entre ellos mismos.
La Secretaría de Turismo, con Claudia Ruiz Massieu al frente, dio inicio a un trabajo de reconstrucción del tejido sectorial partiendo de lo que encontraron: una caída estrepitosa en el posicionamiento mundial de México.
Un primer paso es el diseño de 30 planes de competitividad en igual número de destinos turísticos a fin de evaluar sus debilidades y fortalezas para a partir de ahí comenzar a reposicionarlos en los mercados internacionales. El objetivo es tenerlos listos a finales de 2013. Participan en su elaboración secretarios de turismo estatales, prestadores de servicios locales y la Sectur federal, con el apoyo del Instituto Mexicano de la Competitividad, que comanda Juan Pardiñas.