22 noviembre 2011

DE LA COLUMNA DE ROSARIO AVILÉS

Consuelo en Mexicana
Rosario Avilés |  Opinión     2011-11-22  | Hora de creación: 02:43:32| Ultima modificación: 03:46:52



 La espada de Damocles que pendía sobre la cabeza de Mexicana de Aviación se ha alejado un poco del horizonte inmediato, para irritación de algunos funcionarios, empresarios del sector y corifeos que los acompañan. Esta amenaza fue matizada gracias a un juez que —con simples y llanas palabras— declara que las empresas de capital nacional, el bienestar de los trabajadores y el futuro de este país como nación independiente y donde haya justicia son importantes y hay que trabajar por ello.

 En un mundo donde palabras como congruencia, palabra de honor, justicia, solidaridad y responsabilidad son letra muerta en aras del numerito de la rentabilidad cuyo fruto se queda en unas cuantas manos se ha vuelto prioritario, lo que el juez Felipe Consuelo ha expresado suena a escándalo y más de uno ha dejado salir la bilis al escucharlo.

 Lo cierto es que en un mundo de valores trastocados, es fácil perder de vista que las empresas mexicanas fueron hechas para que en ellas desarrollaran su talento los profesionales mexicanos, para que las divisas que se generen se queden en México y para que la riqueza así lograda, si bien diera una renta razonable, también sirviera para que el patrimonio de los mexicanos, fuesen trabajadores, proveedores, usuarios del servicio o  el mismo fisco.

 Llama la atención que en el proceso de concurso mercantil que sigue Mexicana se muestren muchos interesados no en que la empresa subsista, sino en que se dé la quiebra (“bien morir” le dicen algunos), como si esa fuera la intención del concurso mercantil cuando muy claramente su finalidad es la de conservar valor, según se lee en la exposición de motivos del legislador al ser presentada la iniciativa de ley.

 Pero como vivimos en una sociedad donde el cinismo se ha vuelto moneda de curso, la patria ordenada y generosa que nos prometieron quienes hoy gobiernan, se ha convertido en el lugar donde medran todo tipo de intereses antes que el interés público.

 De ahí que en el tema de las aerolíneas nacionales y del transporte aéreo en general, reine el caos y el desorden que ya ha cobrado la vida de al menos tres secretarios de Estado del más alto nivel y de muchos otros funcionarios y alguno que otro particular, sin que ello haya tenido consecuencias en la administración del sistema, donde los encargados siguen haciendo las mismas cosas, recortando los presupuestos, imponiendo condiciones a todas luces riesgosas y pasándole la factura a los que siguen.

 Por eso es que las declaraciones del juez Consuelo son como un aire fresco en el ambiente de podredumbre que priva en las decisiones de gobierno. Al final de cuentas, ¿para qué queremos empresas, para qué queremos aerolíneas, para qué queremos gobiernos si no es para que el país mejore? Pero si el saldo es contrario entonces implica que hemos perdido el rumbo.

 En el asunto del accidente del helicóptero donde perecieron Blake y sus colaboradores, es importante mencionar que la única consecuencia que parece avistarse, es la investigación que la Secretaría de la Función Pública le sigue a Luis Rey, director adjunto de Administración del Seneam, pero el asunto dista mucho de ser sólo un tema de mal manejo administrativo.

 Este tipo de accidentes, como el CFIT (Controlled Flight into Terreain), que parece ser la hipótesis más plausible en este caso, fue durante muchos años el principal factor de accidentes hasta que la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) tomara cartas en el asunto para capacitar a los pilotos en el manejo de esas situaciones potencialmente riesgosas.

 La relación estrecha entre los investigadores y los responsables del sistema —sus propios jefes— hace difícil que las conclusiones de la investigación se conozcan ampliamente y tengan más consecuencias que una simple sanción o la remoción de un funcionario menor, cuando debiera dar lugar a una verdadera reestructura del sistema en su conjunto, incluso la remoción de altos funcionarios y la escisión de la SCT para que sea más eficiente, así como la creación de la Comisión de Transporte Aéreo, tan solicitada por los profesionales del ramo.

 Y no olvidemos que estamos hablando de pilotos de la Fuerza Aérea Mexicana, lo cual hace todavía más complicado el asunto en términos de investigación y recomendaciones. Pero esperemos que esta vez, sí haya un verdadero cambio

 raviles_2@prodigy.net.mx