06 septiembre 2011

DE LA COLUMNA DE ROSARIO ÁVILES

10 mil horas de vuelo
Rosario Avilés |  Opinión     2011-09-06  | Hora de creación: 21:24:45| Ultima modificación: 21:24:45


 En este país, para ser exitoso se necesita una mezcla de relaciones “correctas” y una buena dosis de “sí señor-ismo” a toda prueba. Si la mezcla se acompaña con un diplomilla de universidad extranjera (sea lo que sea) y un hígado a prueba de ascos, el cóctel está servido y se pueden escalar las más altas cumbres de la política y la economía.

 En este ambiente florecen todos los negocios y todas las carreras que caben en el espectro del gabinete. Sólo así se explica que a estas alturas –un año después de que malamente se haya bajado de vuelo a la aerolínea más antigua y una de las marcas más prestigiadas de ese mercado— no exista solución a un problema que burócratas menos encumbrados pero más listos ya hubieran sacado adelante hace meses.

 Haría falta, por ejemplo, dejar de repetir lugares comunes y ponerse a pensar en serio: ¿por qué empresas y despachos de consultoría financiera pasarían horas y horas revisando números, corridas financieras, haciendo juntas de trabajo y presentando alternativas, concitando voluntades y exponiendo, incluso, sus reputaciones, si no tuvieran intenciones serias de quedarse con la empresa?

 Hay demasiados casos ya a estas alturas como para pensar que el problema no está en los inversionistas interesados, sino en otro lado. Por poco que gasten, muchos de esos empresarios no tendrían por qué perder su dinero y su tiempo, su energía y su paciencia sólo por un negocio incierto.

 Hay quien sugiere que lo que pasa es que buscan un “negocio de saliva”, esos que los políticos suelen asignar a los cercanos previo arreglo. Para apoyar esta hipótesis, se dice que los interesados deben exhibir el capital disponible como “entrada”.

 Está muy bien que exista un mecanismo para asegurar la disponibilidad de recursos, pero para depositar capital —y eso lo sabe hasta un tendero de pueblo que no fue a Harvard ni a Chicago— se requiere saber qué es lo que están queriendo venderle (suponiendo que haya una intención real de vender).

 Las demoras y los dimes y diretes no son gratuitos. Algo anda muy mal en todo este entramado porque para hacer una transacción se requieren tres cosas mínimas: un comprador, un objeto a vender y un vendedor. Aquí parece que hay compradores, una marca y un cúmulo de experiencia que vale mucho más que algunos de los que hoy rabiosamente se oponen a su viabilidad y… ¿el vendedor? ¿Alguien sabe quién es realmente el vendedor y qué es exactamente lo que vende?

 El problema de la opacidad con que se ha manejado todo este asunto es que cualquier cosa sería probable, que a la hora de la verdad resultara que las acciones no estén ni a nombre de Azcárraga ni de Grupo Posadas ni de Tenedora K… o que la marca haya sido enajenada y puesta en un fideicomiso fantasma, o que haya cambiado de nombre, o que estén financiando un proyecto político…qué importa la hipótesis, el asunto es que la falta de información, de rendición de cuentas y de vergüenza de nuestros funcionarios da para imaginar cualquier cosa.

 El prestigio de Mexicana es tal que aún se recuerda el poemínimo de Efraín Huerta: “Sólo hay alguien con más horas de vuelo que yo… la Compañía Mexicana de Aviación”. Y sí, lo más valioso de Mexicana es su gente, la experiencia que todos ellos juntos han acumulado.

 Dicen los expertos que para ser un especialista y un virtuoso en alguna actividad se requieren al menos 10,000 horas de experiencia. Eso vale mucho, pero nuestro país se ha dedicado a crear esos expertos y ahora los exporta a cambio de nada.

 El mejor negocio del mundo para las aerolíneas asiáticas y del Medio Oriente ha sido contratar tripulaciones mexicanas con miles de horas de experiencia y que se exportan gratis Esas aerolíneas deben ser los fans más entusiastas de la administración actual…pues claro, no tienen un pelo de tarugos.



 Lo oí en 123.45: Luto y verdadero hartazgo por el clima de inseguridad que, en esta ocasión, ha cobrado la preciosa vida de las reporteras Marcela Yarce y Rocío González Trápaga… un ¡ya basta! que se une al de Sicilia y al de tantos mexicanos que nadie ve ni oye…

 raviles_2@prodigy.net.mx