Hablemos de las mentes colonizadas en la aviación
Es importante tocar estos temas, con la finalidad de ampliar nuestra visión
del mundo. Porque durante muchos años nos hemos “comido con patatas” la narrativa
que nos plantea que el “american way of life” es algo que tenemos que alcanzar
en esta vida para tener éxito.
Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, se instauró una propaganda muy
edulcorada -pero peligrosa- de que todos debíamos aspirar al “sueño
norteamericano”; ya saben, una imagen donde no pueden faltar la casa propia,
los hijos, el auto y los perritos, pues son la escena idílica en cualquier
suburbio norteamericano, o ya tropicalizado, en cualquier colonia “clase
mediera” de México.
Un gran libro que nos retrata justamente esa época es “Las batallas en el
desierto” (1980) de José Emilio Pacheco, y si de plano les da flojera leer el
libro, pueden buscar su versión cinematográfica llamada “Mariana, Mariana”
(1987), dirigida por Alberto Isaac, cuya adaptación del guion fue realizada
nada más que por Vicente Leñero.
La mención es necesaria para darnos cuenta de que, como sociedad, hemos
estado orbitando por décadas alrededor de la cultura gringa. Nadie es inmune a
ella, pero para mí es importante desmitificar la aviación que tienen en Estados
Unidos y nuestra aviación.
Cuando entré a volar, por allá de 1998, veía a los sobrecargos de otras
aerolíneas con curiosidad, y con especial interés a empresas extranjeras, y
siempre me cuestioné si ellos estaban mejor que nosotros. Ya saben, condiciones
laborales, pagos y prestaciones, porque no voy a negarlo, los seres humanos
tenemos un terrible afán por andarnos comparando todo el tiempo.
Mi curiosidad fue respondida cuando en 2007 Mexicana de Aviación nos
demandó a los sobrecargos por un Conflicto Colectivo de Naturaleza Económica, y
parte de la argumentación de la empresa era decir que nuestro contrato estaba “por
encima” del promedio de sobrecargos, no solo en el país, sino también a nivel
mundial.
¿De verdad esperaban que me comprase ese cuento? Si todas las revisiones
siempre nos sentíamos pobres y explotados. Y es que los mexicanos tenemos una
condición innata, que puede llegar a ser un problema: el aspiracionismo como
forma de vida. En la aviación es muy fácil creer que el nivel socio-económico de
un sobrecargo está muy por encima del resto del “godinato”. Y es que “el viajar”
da una falsa sensación de “riqueza” y por eso muchos sobrecargos se pierden en
su burbuja.
A dicho sector le cuesta darse cuenta que somos obreros de la aviación, y
decirles que no son clase media, los puede trastornar un poquito. Yo sostengo
que esto es gracias a la colonización en la que se vive permanentemente, pues
se tiene la idea que los tripulantes gringos ganan más que nosotros y como
viven en un país de primer mundo, sus prestaciones y condiciones laborales son
superiores a las que tenemos los auxiliares de cabina mexicanos.
¡Nada más falso!, pues de entrada las condiciones laborales de los
tripulantes de cabina gringos, por regla general, están por los suelos. Por
supuesto que habrá excepciones, pero a la gran mayoría solamente les pagan las
horas de vuelo.
En Estados Unidos las horas de servicio no existen. El tiempo que
transcurre desde que llegas a firmar tu servicio hasta que le quitan los calzos
al avión, es gratis, porque no se te paga, y en caso de demorarse un vuelo,
tampoco te pagan un carajo; las aerolíneas solo pagan lo que vuelas.
El país más poderoso del mundo, con la aviación más grande, tiene a los
peores empleadores; son unos explotadores, pichicatos y mercenarios, y si te
despiden te vas con una mano adelante y una atrás, porque las liquidaciones no
existen. ¿Y jubilarse?, en lo absoluto, por eso hay tripulaciones con muchos
años, porque si no trabajan, literalmente no comen.
Ser tripulante de cabina, en alguna aerolínea norteamericana, devela la peor
cara del capitalismo rapaz. Justamente por este motivo, dentro de los alegatos
de Mexicana en nuestra contra, dijo que incluso en Estados Unidos los
sobrecargos ganaban “menos” que nosotros los mexicanos, y que por tal motivo la
aerolínea corría el riesgo de quebrar.
Años después, y desafortunadamente demasiado tarde, la Suprema Corte de
Justicia de la Nación dejó muy claro: los salarios y prestaciones de los
sobrecargos no ponían en riesgo alguno la salud financiera de la aerolínea. En
buen español, nuestros salarios jamás iban a hacer que Mexicana tronase.
Antes de la resolución, Mexicana se defendió, y no solamente utilizó el
ejemplo de los salarios y prestaciones de los sobrecargos gringos, sino que también
puso de ejemplo a las bajo costeras, llegando al extremo de comparar nuestras
condiciones con las de los sobrecargos de Interjet.
Esto lo traigo a colación, porque me resulta falaz el argumento de la
Asociación Sindical de Pilotos Aviadores de México (ASPA), en el sentido de
rechazar (léase “satanizar”) la intención de Viva y Volaris de crear una
empresa controladora. Seamos claros y usemos los términos correctos, no es una
fusión porque cada línea aérea seguiría operando de forma independiente.
Pero dicen los pilotos agremiados que si se le da luz verde a la creación
de una controladora, las condiciones laborales de los pilotos de ASPA, se ven… amenazadas.
Difiero de esa conclusión, porque de entrada tanto los pilotos de Viva como
los de Volaris, ya están afiliados al Sindicato de
Trabajadores de la Industria Aeronáutica, Similares y Conexos de la República
Mexicana con (STIA), que
sabemos muy bien es el negocio de la familia Romo desde hace muchísimos años.
Así es que en caso de concretar la formación de la controladora, en realidad eso
no cambia en lo absoluto los contratos celebrados con dicho sindicato, porque
cada línea aérea va a funcionar -repito-, de forma independiente.
En 28 años, he visto
desde varios ángulos el uso del poder y del pragmatismo. Me ha tocado ver
directamente diferentes formas de hacer política y diplomacia, más basadas en
factores prácticos, reales y materiales, en lugar de ideologías, éticas o
morales; le llaman “realpolitik”, y debo decirlo: no me espanta, pero no por
eso voy a pecar de inocente, ni tampoco voy a ser indolente.
En ese sentido, voy a decir que lo que yo veo que está haciendo ASPA es precisamente
utilizar el mismo discurso que en su momento usó la administración de Mexicana
de Aviación, cuando nos demandó a los sobrecargos por “caros”. Lo que ASPA
señala es que si se permite crear una controladora con dos contratos colectivos
(Viva y Volaris), en manos de un sindicato conocido por ser pro empresa (STIA),
resultaría muy “atractivo” para Aeroméxico que busque abaratar los costos de
los pilotos que prestan sus servicios para esta línea aérea, ya sean la troncal
o la alimentadora.
Por eso han pedido que se intervenga y no se permita la creación de esta
controladora, porque ellos asumen que existe un riesgo de que Aeroméxico les
pida bajarse el salario y las prestaciones; según ellos, al ser el 60% de
pilotos trabajando bajo una misma controladora, sus condiciones laborales
serían las que dictasen las relaciones obrero-patronales.
Voy a decirlo con todas sus letras, y no espero que les guste mi opinión: ese
argumento me parece una reverenda estupidez, creer que mis condiciones
laborales están amenazadas por el STIA es tener muy poca fe en ASPA, o de plano
que no saben vender su experiencia y talento con Aeroméxico.
Soy consciente de que muchos de los que vuelan en Viva y Volaris fueron pilotos
de Mexicana, y merecen todo mi respeto; mi comentario es sin demeritar a ningún
piloto aviador. Pero desde mi particular punto de vista ASPA se está
equivocando garrafalmente, y la estrategia no debería ser solicitarle al
gobierno que intervenga para impedir la formación de una empresa controladora.
Con quien tendría que estar debatiendo los alcances, pros y contras es con la
familia Romo, del STIA.
Así, “a calzón quitado” y dando la cara, con la firme intención de jalarse
los Contratos Colectivos de Viva y Volaris, y haciendo públicas y de
conocimiento de las autoridades laborales, la pretensión de que sea ASPA, un
sindicato gremial que detente los CCT de los pilotos de ambas empresas. No es
juego sucio, es algo que hoy es posible en términos de la ley laboral vigente.
Pero no, están optando por un camino más cómodo, tratando de impedir una
controladora, que en estricto sentido no les afecta en nada. Y va de nuevo y
hasta que les quede claro, ¡no!, no es una fusión de aerolíneas, es la unión de
dos compañías aéreas, como las que existen a nivel mundial, por ejemplo KLM y
Air France o IAG la cual tiene Iberia, British Airways y Vueling, que es de
bajo costo.
Entiendo que sea mucho más atractivo jugar, cuando uno es dueño de todas
las canicas, o que las posibilidades de ganar aumentan si antes de empezar la
partida, puedo acomodar las piezas a mi favor. Pero este tablero es mucho más
grande, y no juegan solo los compatriotas, sino literalmente “todo el mundo”.
Con todo y las deficiencias que pueda tener, México es, por mucho, superior
en cuanto a leyes laborales; en Estados Unidos no tienes derecho a una
indemnización, ni liquidación; cuando te despiden, agarras tus chivitas y te
vas. Podremos ser tercermundistas pero en muchas cosas, en este caso el ámbito
laboral, la protección a los trabajadores es superior.
Sabiendo esto, quiero insistir en dos cosas: por favor no crean que los
trabajadores gringos de la industria aérea “están mejor”, y tampoco crean que
si se da luz verde a una controladora, corren peligro las condiciones laborales
de los pilotos de Grupo Aeroméxico. Es absurdo pensar que dicha controladora
“le abriría los ojos” al Caballero Águila, y se daría cuenta de que sus pilotos
son “muy caros”; ¡por favor!, ¿a una aerolínea que lleva 92 años volando?
La discusión no se constriñe a los salarios de pilotos. Se trata de modelo
de aviación, de experiencia y de logros conquistados a través de los años. Si
de lo que se trata es de “ponerse la camiseta” por la empresa, recordemos que
en 2010 ASPA ya se ocupó de abaratar su propio CCT, cuando aceptó firmar su Contrato
B, entonces ¿de qué se espantan?
Estoy convencida de que el “capitalismo rapaz”
triunfa cuando la ganancia financiera pasa por encima de los derechos laborales,
y cuando es el mismo trabajador quien le “hace la chamba” al capital, pensando
que así garantiza su futuro. Antes de oponerse furibundamente a que Volaris y
Viva consoliden una controladora, valdría la pena explorar la posibilidad de
que todos los pilotos unieran fuerzas, talento e intereses.
Como se los he dicho a los sobrecargos: aquí los únicos responsables de su
destino son ustedes, tomando decisiones en sus asambleas, y sin culpar a medio
mundo si no fue la opción correcta. Y por favor, descolonicen sus mentes;
obtendrán más si asumen que no son clase media, sino clase trabajadora.
