16 enero 2013

DEL CORREO DEL BLOG

David Páramo
 
Ayer se publicaron una serie de versiones según las cuales un grupo de accionistas de Altos Hornos de México estarían realizando los trámites para hacerse de Mexicana de Aviación; la empresa lo desmintió inmediatamente a través de un comunicado oficial.
La verdad es que hubiera resultado por lo menos paradójico y en el terreno de lo imposible que un grupo que tuviera a Alonso Ancira y Xavier Autrey
pudiera participar en el rescate de la fallida línea aérea.
En buena medida la Ley Federal de Concursos Mercantiles que mal administra el Ifecom, presidido por Griselda Nieblas, está inspirada en AHMSA y las prácticas en que incurrieron sus dos principales accionistas, que les llevaron a estar fugados del país y en un caso a ser detenido por evasión fiscal.
Hubo un tiempo en que la matriz de esta siderúrgica que fue privatizada hace más de 20 años parecía estar en Israel, donde se dirimía una gran cantidad de absurdos.
No olvide, además, que estos dos empresarios siempre han tenido una relación particularmente estrecha con Napoleón Gómez Urrutia, líder del sindicato minero, quien desde Canadá no sólo se mantiene al frente de éste, sino que además evade las acusaciones penales en su contra por parte de sus agremiados, quienes sostienen que les robó por lo menos 50 millones de dólares.
Si bien es cierto que había una gran cantidad de abusos a la Ley Federal de Quiebras, el caso de Altos Hornos fue la gota o gotas que derramaron el vaso y terminaron con la paciencia de los acreedores, puesto que en aras de hacer una ley que mantuviera las empresas operando hacía prácticamente incobrables las deudas en detrimento no únicamente de los trabajadores y quienes hubieran prestado dinero, sino también del sistema financiero nacional.
En determinado momento AHMSA decidió suspender los pagos a acreedores como Citibank, Banamex (que aún no había sido comprado por la firma estadunidense), Bancomer y Banorte, a los que pusieron en la tesitura de reconocer que sí les debían, que la empresa estaba generando recursos, puesto que durante el tiempo de la quiebra incluso se vivió una de las mejores épocas de la industria acerera mundial, pero que no pagarían porque no tenían ganas de hacerlo.
Se convirtió en un escándalo tan grande este proceso de AHMSA, que incluso tuvo impacto en el costo-país y en cualquier medición de confianza que se hiciera sobre la economía mexicana.
Así las cosas, los miembros de la Asociación Mexicana de Bancos trabajaron con los legisladores en la creación de la Ley Federal de Concursos Mercantiles, que comenzó bajo los mejores augurios bajo la batuta de un hombre que comprendía la necesidad de cambiar la relación entre acreedores y empresas, José Luis Meján.
La LFCM generó, en su momento, una oleada de confianza entre los inversionistas y ayudó, necesariamente, a que mejorara la valoración del riesgo-país y disminuyera el costo de los créditos.
Ridículos y malas operaciones como las de Aviacsa y muy señaladamente la de Vitro y Mexicana de Aviación han hecho que se pierda una buena parte del impulso positivo de esta ley; sin embargo, se mantiene.
Hubiera sido verdaderamente absurdo suponer que dos hombres que no sólo fueron perseguidos por la justicia bajo acusaciones del gobierno federal y de sus acreedores fueran quienes pretendieran entrar a esta línea aérea. La negociación con los bancos hubiera sido punto menos que imposible.
Chillón
Ahora resulta que Iván Barona quiere emular al último califa de Córdoba, a quien su madre le dijo cuando perdió la ciudad en contra de los reyes católicos de España que “no llorara como mujer lo que no había sabido defender como hombre”.
El dizque inversionista quien, según parecería, se había hartado de decir mentiras sobre su posición económica y disponibilidad para rescatar a Mexicana de Aviación ayer trató de lavarse la cara utilizando un expediente totalmente falso.
Se quejó, primero, de una supuesta incongruencia entre el nombre de Mexicana de Aviación y la cuenta a la que tendría que depositar el cheque, que más bien sonó a un pretexto verdaderamente ridículo.
Y después acusó, según él, que el proceso estaba viciado porque los recursos estaban comprometidos para liquidar primero a los trabajadores. ¿Realmente este hombre pretende hacer creer que no lo sabía? Un hombre que se promueve como un gran inversionista no leyó la Ley Federal de Concursos Mercantiles o no se lo preguntó a sus abogados.
Vamos, es lógico suponer que los primeros recursos son para liquidar a los trabajadores como marca la ley y la justicia. Suponía que los trabajadores tendrían que asumir que lo perdieron todo sólo porque a él le daba la gana.
Evidentemente a los trabajadores lo que más les conviene es ser liquidados de acuerdo con la ley y que se llegue a una siguiente etapa.