13 noviembre 2012

DE LA COLUMNA DE ROSARIO AVILÉS

Una decisión inadecuada
Rosario Avilés | Opinión
2012-11-13 | Hora de creación: 00:47:52 | Ultima modificación: 00:47:52

Finalmente se dio a conocer el dictamen de la investigación realizada por la Secretaría de Comunicaciones y en el caso del ocurrido hace un año, en el helicóptero donde viajaba el secretario de Gobernación, José Francisco Blake Mora, y un grupo de sus colaboradores.

El grupo de investigadores no pudo más amplio ni más prolijo (como corresponde, , a un funcionario de este nivel que —además— fue el tercero con rango de secretario que muere en un accidente aéreo en menos de 6 años). Y las conclusiones, desde luego, muestran el nivel al que ha caído nuestra aviación, en tanto que las recomendaciones dejan claro lo que desde hace muchos años se viene diciendo acerca de las falencias y requerimientos de nuestras autoridades aeronáuticas.

Qué pena, sin embargo, que tenga que ser ahora —al cuarto para las doce, una vez que tres funcionarios y sus respectivos grupos de colaboradores ofrendaron su vida— para que la SCT decida, por fin, tomar cartas en el asunto. Si es que de verdad lo ha hecho y ello se traduce realmente en mejoras sensibles.

Pero vayamos por partes. De la relatoría que el capitán López Meyer hizo del dictamen, quedan claras varias cosas. La , la más evidente pero que ningún funcionario se dio cuenta, es que en este grupo de investigadores, lo mejor que el país tiene en el rubro, hay varios trabajadores de .

También hay otros profesionales, tanto de Aeroméxico como de otras empresas de aviación, ojalá que quienes vengan al relevo sí aquilaten su valía y respeten su trabajo para que sigan aportando su experiencia y el valor agregado que tanto nos hace falta en el nivel gubernamental.

Otros puntos sustantivos del dictamen tienen que ver con los hallazgos de la investigación: queda claro que —en general— las condiciones del aparato, el helicóptero Súper Puma matrícula XC-UHM (TPH-06), eran las adecuadas, así como las condiciones de mantenimiento, de operación, de aeronavegabilidad, de capacidad de los tripulantes e incluso —al inicio del vuelo— de visibilidad.  Las licencias de los pilotos, la aeronave, los talleres, los procedimientos, todo en fin, estaba al día, lo  cual habla bien de los procesos del Estado Mayor Presidencial, pues aunque hubo por ahí alguna falla reportada en bitácora sobre el piloto automático, no era —de acuerdo a la investigación— contribuyente al accidente.

El problema vino después. Ya establecida la ruta, las condiciones de visibilidad en la ruta elegida se fueron degradando, de tal suerte que el piloto habría decidido cambiar la ruta y, más adelante, tomar la “decisión inadecuada” de desviarse a la derecha de su plan (1,555 metros), lo que situó a la aeronave de ala rotativa en posición de impacto contra el terreno (9,200 pies).

Todo esto llevó al comandante a experimentar el fenómeno conocido como pérdida de “conciencia situacional” (es decir, cuando el piloto no tiene claras las condiciones del entorno debido a que no tiene o no puede gestionar la suficiente información), lo que deriva en un accidente. En este caso, de consecuencias fatales.

Por estas razones, se considera que entre los factores contribuyentes al accidente se hallan esa llamada “decisión inadecuada” producto de la falta de aplicación de algunas herramientas de administración del trabajo de las tripulaciones. Concretamente: no plegarse a la posible “presión corporativa”, en palabras legas: saber decirle que NO a un jefe demandante cuando la seguridad se ve comprometida.

Asimismo, otro factor muy importante fue la falta de capacitación en los procedimientos de vuelo visual, especialmente la instrucción de evitar el vuelo en condiciones de poca o nula visibilidad y el llamado curso CFIT (Impacto contra el Terreno sin pérdida de control), una capacitación que permite gestionar de un modo más adecuado la eventualidad de toparse con estas condiciones sin perder la antes dicha conciencia situacional.

En el acto donde se dio a conocer este dictamen destacaron dos cosas: por un lado, las recomendaciones del grupo investigador, que llaman la atención sobre asuntos que son del dominio público hace años y que cada vez que hay un accidente salen a relucir, por ejemplo la necesidad de invertir más recursos en capacitación, reforzar las facultades de la autoridad aeronáutica, incrementar el presupuesto y la autonomía del sistema de investigación de accidentes, invertir en tecnologías, etc.

La segunda es que el titular de la SCT, Dionisio Pérez Jácome, se aventó un discurso que, si no fuera porque faltan 15 días para que esta administración termine, hubiera arrancado aplausos por lo atinado de las medidas que —dijo— se están tomando. Lástima.

Lo oí en 123.45: Por cierto, qué bien le haría a este país que muchos funcionarios y mandos medios de la administración pública le hicieran frente a la presión corporativa y supieran decir no ante las decisiones inadecuadas de muchos políticos. Por ejemplo, quienes decidieron solapar el magafraude de Mexicana de Aviación, dejando a 8,600 trabajadores en la indefensión: eso sí es pérdida de conciencia, pero de otra clase n
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