03 octubre 2007

UNA NOTA DE ROSARIO AVILÉS


Aviación y competencia
Por: Rosario Avilés
Opinión
Miercoles 3 de Octubre de 2007 Hora de publicación: 01:24
A la aviación mexicana le pasa lo que en su momento le sucedió a la industria petroquímica nacional: todos le metieron mano, pocos supieron diagnosticar con precisión su problemática y cuando encontraron la solución para su problema ya era demasiado tarde. El mercado internacional se la había comido.
Hoy, por ejemplo, la Comisión Federal de Competencia (Cofeco) lanza una resolución donde analiza el esquema de privatización de los aeropuertos mexicanos (hecha hace más de 12 años) y concluye lo que desde hace 14 ya veían venir los empresarios que participaron en las licitaciones.
Es decir, que la alta concentración de propiedad de las terminales aéreas y la ley de aeropuertos que fue aprobada por entonces, impediría que se desarrollara de manera sana el transporte aéreo y que las tarifas se irían a las nubes.
Por otro lado, el esquema con el que hoy funciona el sector del transporte aéreo es resultado de otra de las resoluciones de la Comisión, sólo que a medias porque este es un mercado esquizofrénico: existen tantas líneas aéreas como enanos tiene el cuento de Blanca Nieves (y son del mismo tamaño), pero seguimos viviendo a nivel legal en un entorno regulado y la Constitución de la República sigue diciendo que las vías generales de comunicación (como las aerovías) son de dominio exclusivo de la nación y por lo tanto sujetas a concesión.
Esto implica que no todos los que quieren volar a cualquier sitio lo pueden hacer, sino que se requiere de una autorización especial por parte de la Dirección General de Aeronáutica Civil, así como las rutas y las frecuencias que se operen (aunque esto sea más fácil que la tabla del cero).
Por otro lado, los slots (los derechos específicos de operación aeroportuaria en un espacio-tiempo determinado) son escasos y —hoy por hoy— se obtienen por derecho de antigüedad.Todo ello contrasta con el ánimo liberalizador de algunos, en particular de la Cofeco, que quisiera que todo el mercado del transporte aéreo fuera libre, mientras que la realidad nos muestra que es al revés:
ni su régimen jurídico, ni el esquema donde opera (los aeropuertos), ni las atribuciones de las autoridades le permiten ser de libre concurrencia.En cambio, y esto sí es constitucional, la aviación también es un tema de seguridad nacional. Y lo es no sólo porque la soberanía sobre el espacio aéreo mexicano es un asunto que compete al Estado, sino porque los ataques terroristas contra nuestro vecino más cercano (Estados Unidos) no son algo de ciencia ficción y la operación cotidiana del narcotráfico en aeronaves ilegales es pan de todos los días.
Eso se llama Seguridad Nacional y en ella está involucrado nuestro transporte aéreo.En esta lógica, es obvio que no da lo mismo quién sea el dueño de las aerolíneas nacionales, que no cualquiera pueda incursionar en el mercado y que el criterio para vender una aerolínea, por ejemplo Aeroméxico, no puede ser el de quién ofrece más dinero, por más que los funcionarios del Instituto para la Protección del Ahorro Bancario (IPAB) casuales dueños de la aerolínea del Caballero Aguila, así lo vean.
Este criterio chato e ignorante de la realidad nacional y global, debiera desaparecer pero por lo visto en este país cada quien hace lo que quiere porque no hay autoridad que lo impida.Por lo pronto, aunque ya se le dijo extraoficialmente a Gastón Azcárraga que no puede, así como así, comprar Aeroméxico (o no puede vender Mexicana a quienes compren Aeroméxico, que es lo mismo), será el Pleno de la Comisión de Competencia el que determine en qué condiciones sí se podría hacer una operación semejante (por ejemplo, vendiendo rutas o limitando frecuencias, cosa que analizaremos la próxima semana).
Mientras tanto, Mexicana sigue sin dirección y sin solución. A ver si no pasa algo peor.Lo oí en 123.45: Parece que Grupo Posadas no ha cumplido con su obligación de invertir en Mexicana y eso podría motivar que el convenio con ASPA se revierta o que haya una discusión interna entre los pilotos para analizar con calma qué fue lo que se firmó el año pasado. ¡Aguas!