El reto de la revisión ante un conflicto bélico
Año con año, cuando
llega el tiempo de la revisión, ya sea de contrato o salarial, o ambas como en
este caso, también aparece “el petate del muerto”, y siempre escuchan que la
empresa está mal y que mejor “ni pidan nada”.
Si no es una cosa, es
otra, pero siempre hay algo a qué echarle la culpa. Sin embargo, en esta
ocasión la realidad del panorama geopolítico se impone. No quiero ser “ave de
mal agüero”, pero considero que en esta ocasión los sobrecargos agremiados a la
Asociación Sindical de Sobrecargos de Aviación de México (ASSA) tendrán que ser
extremadamente inteligentes para negociar.
Antes de entrar de
lleno al tema, quiero abordar el caso de las Juntas Particulares. Este es un proceso
que no ha sido modificado en el Estatuto, y para aquellos que aman decir “es
que ya no es así”, “son otros tiempos”, me sorprende que hoy por hoy sigan las
formas que implantó la ex señora del quinto piso.
Ada Hermelinda
Salazar, en su enorme paranoia, modificó en los hechos, nunca en el estatuto, cómo
se llevan a cabo las Juntas Particulares, e instauró la estupidez de que el
“voto” debe ser “secreto”, y depositarse en una urna, como si se tratase de
unas elecciones, cambiando la naturaleza del ejercicio, que es totalmente lo
contrario.
La votación de las
Juntas Particulares solo puede ser en uno de dos sentidos: a favor o en contra;
en el caso que nos ocupa, a favor o en contra del pliego petitorio que se
presentó previamente en asamblea. Parte del proceso es ir contabilizando diariamente
los votos, los cuales se asientan en el acta de apertura y en la de cierre. En
el acta se indican puntos importantes, tales como:
·
Número de folio de boleta
Y ojo en este tipo de boletas, no es necesario que comiencen en el
número 00001, pueden ser folios “ya empezados” si fueron utilizadas -por
ejemplo- en otro proceso, solamente se requiere que haya espacio para poner en
sello o a mano lo que se está votando.
Dejen que este paréntesis sea un poco más largo y les explico el por qué.
Anteriormente, al ser cinco empresas en ASSA, con la finalidad de ahorrar y
optimizar recursos, se tenía un “machote” de boletas de votación para Juntas
Particulares; lo que se mandaba hacer era un sello con la leyenda de lo que se
iba a votar, mismo que se colocaba en la boleta al ser entregada al votante.
Por eso no importaba que no se empezara con la boleta 0001, sino que en el
nuevo proceso se anotase con qué número de folio comenzaban las Juntas
Particulares.
·
Qué compañeros están
presentes tanto el acta de apertura como en la de cierre, se pide nombre de rol
y número de empleado.
·
Se anota en el acta del
cierre cuántos votos a favor y cuántos en contra
·
También se incluye el número
total de votantes por día en el acta del cierre y se indica con qué folio se
comienza al día siguiente
Todo esto con la clara
intención de tener un control de cuánta gente ha votado en un solo sentido. Me
queda claro que ni con Del Valle, ni mucho menos con Ada, han experimentado una
votación que se empantana.
Por eso, el voto debe
ser abierto: a favor o en contra, porque depositándolo en una ridícula urna, y
luego hacer el escrutinio en la asamblea, corren el riesgo de que no logren la
votación requerida; y no es mi opinión, el Artículo 54 del Estatuto en vigor
dice, y cito textual:
54.- Las Juntas Particulares podrán celebrarse con lo que concurran en
reuniones consecutivas, computándose la votación, al celebrarse la última
reunión.
La última reunión, será aquella en la que nominalmente hubieren emitido
su voto en un sentido determinado, la mayoría de los Miembros que prestan sus
servicios en la empresa o equipo de que se trate.
El artículo no deja
lugar a dudas o interpretaciones, como las que hacía Ada junto con su equipo
jurídico. Jamás entendieron cómo funciona el Estatuto, el cual es claro al
indicar en qué momento se contabilizan los votos necesarios en un solo sentido,
esto es o a favor o en contra.
Pero con la jalada de
hacer pasar este tipo de votación como si se tratase de una elección: con urna,
guardado de la misma, y luego el escrutinio en la asamblea para la sanción de
los acuerdos emanados de las Juntas Particulares, corren un riesgo innecesario
que es descubrir que se les empantanaron las votaciones.
Y sí, en los 65 años
del sindicato ha pasado y en varias ocasiones no tan lejanas. Le sucedió a
Alejandra Barrales cuando quiso ir por un tercer periodo como Secretaria
General; le pasó a Villarreal con el Convenio de Ahorros con los sobrecargos de
Mexicana; y ya no recuerdo cuántas veces nos pasó con Clavel, y había
que empezar todo de nuevo.
Yo sé que Ada impuso
esta forma de llevar a cabo las Juntas Particulares, según ella en aras de la
democracia, pero es una falacia que la nueva representación sindical debería quitársela
de encima, y no seguir con este tipo de malas prácticas. No se trata de
inventar el agua tibia, simplemente apegarse a lo que dice el Estatuto.
Las votaciones de
Juntas Particulares son abiertas, no son secretas porque se apoya o no lo
presentado por la representación sindical en Asamblea, y que se sustenta en
todo el trabajo previo. Esto lo implementó Ada solamente por miedo a que la
gente de Del Valle la “boicoteara”, pero ella solita se metía la pata, al
inventarse procedimientos fuera del Estatuto en vigor.
Ahora sí, una vez señalado
este punto, que espero tomen en cuenta, sigamos con la revisión de este año.
Como les dije en otra
columna, es tiempo de unidad y de ser más inteligentes que bonitos; hay
muchas cosas que pueden conseguir, y que no significan un costo para Aeroméxico.
Pero (sí hay un “pero” y es enorme) en la actualidad las negociaciones van en
dos sentidos. Tanto la empresa tiene que ganar como ustedes, y es justamente
ahí donde se atoran.
En el siglo pasado
estábamos en los inicios del neoliberalismo, donde la clase trabajadora era
fuerte, y le podía pelear al patrón mejores condiciones laborales sin dar nada
a cambio. Sin embargo, a partir de 1988 las reglas del juego cambiaron, y más
después del 11 de septiembre 2001, que fue un gran parteaguas, y se recrudecieron
todavía más las políticas neoliberales, con una clase trabajadora mucho más
débil y mermada.
En la actualidad,
aunque no me guste reconocerlo, la clase obrera ha perdido casi toda su fuerza;
más con las nuevas generaciones, sobre todo en la burbuja que es la aviación.
Conozco a la
perfección ese sentimiento de creer que por viajar ya se pertenece a “otra”
clase social. Justamente a los trabajadores de la industria aérea es a la que
más le cuesta identificarse con la clase obrera. Sin duda alguna son mano de
obra especializada, pero mano de obra.
Ahora, una
negociación exitosa tiene que darse a dos vías, esto es, darle algo a cambio a
la empresa, y así como se le pueden pedir mejoras que no tengan costo, o que
sean mínimos, deben mejorar la calidad de vida de los sobrecargos, pero en la
actualidad también los trabajadores tienen que ofrecer “algo”, y este algo
puede tener o no un costo, todo depende de la negociación.
Hay cosas que la
empresa podría considerar atractivas, y que de verdad no tienen un costo para
los trabajadores; no obstante, sé que es un tema espinoso, pues al calor de las
asambleas nadie quiere “ceder” y las posturas se pueden radicalizar, ya sea de
forma orgánica, o bien por las artes de personajes aliados a Del Valle y/o Ada,
cuya principal labor sea la de reventar las negociaciones y llevar al gremio a
una postura tan enconada, que alcance el punto de no retorno, y que todo se
vaya al carajo.
La motivación es tan
simple como inútil: tener elementos suficientes para decir “ya ven, esto es
por no votar por Bety Mejía o Teresa Torreblanca”.
Las luchas intestinas
del sindicato pueden ser apasionantes, interesantes y hasta divertidas, pero no
pueden dejar de ver lo que pasa en el mundo. Estamos en un marco de guerra
internacional donde el barril del petróleo se ha ido por las nubes; esto los
obliga a pensar muy bien qué piden y qué estarían dispuestos a dar a cambio,
porque esa es su realidad material.
Por eso es importante
que, para lograr una revisión exitosa, en medio de un conflicto bélico, se unan
a su representación sindical, que hasta el momento ha mostrado una total
disposición a escuchar a la base, e incluirlos en las negociaciones, sin los
pretextos estúpidos de Ada, ni los oídos sordos de Del Valle.
Cierto, el panorama
se ve complicado, pero no imposible de lograr. Con mucha cabeza fría, y sobre
todo inteligencia, se puede llevar a buen puerto la negociación si la planta
muestra unidad con la representación sindical.
