04 febrero 2015

DEL CORREO DEL BLOG

Mauricio Flores
 
Aunque el proyecto de infraestructura más importante del país salió bien librado del recorte presupuestal, el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, encomendado a Manuel Ángel Núñez, su puesta en operación al final o después del gobierno de Enrique Peña significa que el actual y principal aeropuerto del país deberá funcionar sin colapso cuando menos 4 años.
De ahí la importancia de la puesta en marcha, el próximo jueves, del Acuerdo PLANSA, que el AICM a cargo de Alejandro Argudín estableció con la CANAERO —nuevamente presidida por Fernando Flores— para coordinar el uso de slots del saturadísimo aeropuerto, respetando los horarios/rampa asignados a cada aerolínea. De momento, PLANSA no será punitivo, es decir, que no habrá sanciones económicas para las aerolíneas que no cumplan con los horarios/rampa asignados a fin de detectar problemas y soluciones tanto en sobrevuelos, carreteo de aviones, avituallamiento y ascenso-descenso de pasajeros.
Una vez probado el acuerdo, entonces será punitiva su aplicación. Vaya, parece ser la única forma racional de hacer sostenible la operación de un aeropuerto que el año pasado movió 34.3 millones de pasajeros y en el que no cabe ni un papalote. Afortunadamente, el nuevo aeropuerto tiene fuentes propias de repago y financiamiento, tal y como lo constata la primera línea de crédito a 10 años por mil millones de dólares que obtuvo la dirección financiera a cargo de Federico Patiño.