01 agosto 2021

Los más desfavorecidos

 

Los más desfavorecidos

Esta columna es sumamente difícil y dolorosa, porque me lleva a evocar recuerdos nada gratos de la “quiebra” fraudulenta de Mexicana de Aviación.

Sé que correrán ríos de tinta hablando sobre la empresa Interjet, y el tema lo amerita, sin duda. Pero en estos momentos, a mí los que más me importan son sus trabajadores, a los que he visto y leído desde que comenzó la infamia de no pagarles; me ha tocado ver paso a paso cómo la flama de la esperanza se va apagando en sus ojos.



Comencé haciendo un blog, allá por 2006, con la intención de dar a conocer de una manera fresca e informal, la vida interna de mi sindicato, así como compartir noticias del mundo aeronáutico, y mis compañeros estuvieran mejor informados. El blog ha mutado y se ha convertido en un espacio más “serio”, donde escribo una columna de opinión una vez por semana. En 2012 comencé una página en Facebook, que originalmente tenía la misión especial de promover el blog.

Con la llegada del presente año, y para poner en práctica lo aprendido en un curso de Periodismo Literario, me propuse ser más constante y usar ambos espacios: el primero para publicar mis columnas, y el segundo para dar a conocer las noticias y comentarios del día a día.

De enero a la fecha, a la página se han acercado trabajadores de diferentes empresas y áreas. Todos buscando lo mismo: información, algunas veces una consulta de tipo laboral, otras veces algún consejo, compartir alguna circular o información en particular. Pero durante los dos últimos meses he visto el viacrucis por el que están pasando los trabajadores de las diferentes áreas de la empresa Interjet. Me han compartido sus dudas, sus temores y en honor a la verdad, sus testimonios resultan dolorosos, porque reabren en mí una herida muy personal. Es impotencia lo que siento al no poder ayudarlos a resolver sus dudas, normales todas, pero sin respuestas únicas: ¿es correcto estallar una huelga?, ¿hacemos un mitin o una marcha?, ¿demandamos a la empresa por falta de pagos?

Gente muy querida y apreciada que actualmente labora en Interjet, ya pasó por ese mismo trago amargo como trabajadores de Mexicana de Aviación; pilotos, sobrecargos, gente de tráfico, rampa, mecánicos están entre ellos. Pero también hay gente “nueva”, que se puso la camiseta de su empresa, y que durante los primeros meses de la pandemia, incluso, realizaron videos para levantar el ánimo de sus colegas. Por todos ellos, es que esta columna sube a la palestra su situación.



A mis estimados lectores quiero decirles que este es un buen momento para ser solidarios con estos trabajadores, que lo único que han estado haciendo, es seguir trabajando a pesar no haber cobrado durante dos meses.

Sabemos que muchos usuarios de la aerolínea están molestos porque no han podido utilizar sus boletos. A nadie le gusta llegar al aeropuerto y ver en la pantalla “CANCELADO”, pero créanme cuando les digo que la peor parte, la están pasando los trabajadores.

Ignorados por su empresa, por su sindicato y por las autoridades laborales del país, a diario recibo muchos correos, y mensajes por whatsapp, con textos y audios descorazonadores, como uno que me llegó la madrugada de ayer que decía; “Tenemos herramienta en el hangar, para retirarnos, estamos esperando que nos den indicaciones, porque al parecer lo van a cerrar”. Uno más: “…en Guadalajara se encuentran dos equipos, y no han realizado ningún movimiento, de hecho se encuentra sin seguridad, ni personal alguno…”.

Y en otro, de los más desoladores, me pasaron la fotografía de los vuelos cancelados para el día 1° de noviembre, acompañado del siguiente texto “al parecer esto pinta para el final”; con un nudo en la garganta le respondo a la compañera “esperemos que no, te mando un gran abrazo”. Acto seguido, corro a publicar la fotografía en mi página y a compartirla en Twitter, arrobando a la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, con la esperanza de que voltee a ver a los trabajadores.

Y es que no puedo ser omisa en un caso como este. Lo dije al principio, aunque de manera diferente, he transitado esta sinuosa y frustrante senda, donde las autoridades laborales de nuestro país optan por ser mudas, ciegas y sordas. Sin duda este es el momento en que la voz de los trabajadores se escuche, pero sobre todo, que se les haga caso; sus demandas son justas. En el caso de los compañeros que trabajan para la aerolínea Interjet, para que dejen de padecer esta perene incertidumbre, donde no saben si su empresa continuará al día siguiente o no.

En el momento que escribo estas líneas, la página de la empresa ha sido desactivada y no se puede acceder a ella. El perfil en twitter de su director ha sido desactivado. ¿Se imaginan la desolación?, ¿qué harían ustedes si mañana al llegar a su centro de trabajo les dicen que este no existe, y que su jefe desapareció? Una pesadilla de la que todos quisieran despertar.

Los compañeros de Interjet no están soñando. Desafortunadamente esto es real, aunque parezca una realidad alterna, donde todo sucede al revés. Donde las fuentes de trabajo no cumplen con sus obligaciones mínimas, donde los empleadores huyen, y las autoridades no aparecen; un universo caótico donde el sindicato prefiere desdibujarse, en lugar de salir a informar puntualmente a sus agremiados el estado de las cosas y las acciones inmediatas a seguir.



Sabemos que no existe una varita mágica que arregle todo con un simple movimiento. Nadie pide que la autoridad resuelva este entuerto con una firma protocolaria. Pero sí hago desde este espacio un llamado urgente a Luisa María Alcalde Luján. El artículo 40 de la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal enumera en 22 fracciones las principales facultades de la Secretaría de Trabajo y Previsión Social. Sostengo que más de una es aplicable en este momento, pero no vayamos tan lejos. La Fracción I, a la letra dice: “Vigilar la observancia y aplicación de las disposiciones relativas contenidas en el artículo 123 y demás de la Constitución Federal, en la Ley Federal del Trabajo y en sus reglamentos”; como autoridad en la materia es su obligación; no le estoy pidiendo una actitud mesiánca, solamente le pido que haga lo que tenga que hacer. Su dependencia lo lleva en el título: “previsión”. No es una locura de mi parte pedirle que actúe y disponga lo conveniente para atender las contingencias o necesidades previsibles. ¿O acaso no ve que esto es una bomba a punto de estallar? No puede ni debe dejar al garete a los trabajadores, ellos no se lo merecen, el país no lo merece, la 4T no lo merece.


Ximena Garmendia

Esta columna fue publicada originalmente el 3 de noviembre del año pasado y sigue muy vigente.

25 julio 2021

Transportes Aeromar, aquí y ahora

 

Transportes Aeromar, aquí y ahora

¿Conocen a esta aerolínea, que posee unos simpáticos aviones de hélice (turbohélices para ser exactos), y tiene su propia terminal en el AICM Benito Juárez?



Esta pequeña aerolínea vio la luz a finales de la década de los 80´s. Surgió a raíz de la necesidad de realizar viajes cortos regionales. Desde el año de su nacimiento (1987) hasta dos años después, operó desde el aeropuerto de Toluca, para posteriormente trasladarse de manera definitiva la Ciudad de México.

El dueño mayoritario es el judío Zvi Katz. La aerolínea cuenta con cerca de 900 trabajadores y genera USD $107,620,000 (ciento siete millones seiscientos veinte mil dólares) en ventas, de acuerdo con Dun & Bradstreet, compañía estadounidense dedicada al suministro de información comercial, de riesgo y financiera de empresas. Por eso llaman la atención la serie de “eventos desafortunados” suscitados dentro de esta empresa de aviación en los últimos años.

Comencemos con lo más llamativo: hace apenas un par de semanas los pilotos de dicha aerolínea protestaron por la falta de uniformes, así que decidieron presentarse a laborar sin ellos. Para quienes hemos trabajado en una aerolínea, sabemos que el uniforme es parte de las herramientas de trabajo, y que la empresa está obligada a dotar de uniformes a su personal.

Los 118 pilotos de la aerolínea comenzaron la protesta porque además de la falta de uniformes, no les han pagado sus primas vacacionales. No debemos soslayar, que los pilotos redujeron su salario en un 44%, como medida para “apoyar” a la empresa por el tema de la pandemia por Covid19.

Lo mismo sucede con los tripulantes. Ellos aceptaron en 2018 aplazar la revisión de su contrato hasta 2019. Al realizarse, se determinó darles un aumento salarial, pero por partes: una en ese mismo 2019 y la otra debieron recibirla en marzo del 2020. Sin embargo, pretextando la pandemia, hasta la fecha la empresa no les ha dado el aumento pactado.

Desafortunadamente, esto es solo una cara del poliedro problemático de la empresa con sus sobrecargos. Desde antes de la pandemia ellos ya estaban en un esquema de “rotación” (sin trabajar y sin cobrar), y lo siguieron haciendo durante todo este año, a pesar de que el acuerdo original era que la rotación duraría solo seis meses. Es decir, la medida feneció en el mes de octubre, sin embargo, los sobrecargos siguen rotando.



La representación sindical de ASSA, con vacuas promesas indujo a los sobrecargos a no estallar la huelga prevista para el 31 de agosto pasado. Al igual que a los pilotos, a los sobrecargos además del aumento al salario, también les adeudan primas vacacionales, uniformes y un largo etcétera de bonos diversos (bonos mensuales de cultura y deporte desde julio de 2019; bonos de puntualidad y asistencia desde abril del año pasado, vacaciones desde mayo de 2019, así como el pago de tiempo extra, de mayo a la fecha y el 20% correspondiente al fondo de ahorro.)

Para desactivar las justas exigencias de los trabajadores, el sindicato les prometió que la empresa empezaría a ponerse al corriente en el adeudo de los pagos mencionados, para que aceptaran prorrogar el estallamiento de huelga para el 30 de noviembre de 2020.

Como ustedes se pueden imaginar, dichos pagos no se dieron, y todo quedó nuevamente en promesas. Hay que decirlo fuerte y claro, para ASSA de México, los 108 sobrecargos de Aeromar “son pocos” y les resultan insignificantes. No existe otra explicación para entender su pasividad y permisividad en el crecimiento de estos adeudos que tiene la empresa para con sus sobrecargos.

La empresa alega en su favor que la pandemia tiene la culpa, pero como nos podemos percatar con el caso de los sobrecargos, el tema del atraso de pagos viene desde antes de la llegada del virus mortal.

De acuerdo con una circular publicada por ASSA de México, “ante el panorama difícil y crítico”, la empresa ha solicitado los “retiros voluntarios” de 32 sobrecargos. Déjenme decirles que gracias a una excelente comunicación que tengo con varios de los trabajadores de Aeromar, algunos sobrecargos me han señalado en varias ocasiones que el esquema de rotación fue impuesto por el sindicato, y que desde que alargaron la duración de dicho esquema, los sobrecargos de la empresa estaban dispuestos a enfrentar los recortes que sean necesarios, en vez de seguir con la zozobra de tener que dejar de trabajar, y de cobrar un mes, cada cierto tiempo.

El panorama no pinta nada bien, y menos si el sindicato se sigue haciendo de la vista gorda, permitiendo que la empresa siga incumpliendo con sus obligaciones patronales. Estamos en la antesala de una huelga, y en el horizonte veo a un sindicato haciendo todo lo posible por que no estalle, no por el bien de los sobrecargos, sino porque es más fácil no hacer nada, y convertirse en un sindicato pro empresa.



Los sobrecargos de Aeromar se ven y están desamparados por su sindicato, y es tan grande su enojo que la delegada de Aeromar de ASSA, que con la venia del Secretario General buscaba su reelección, perdió el cargo en las pasadas elecciones, celebradas en los primeros días de noviembre de este año. Es un hecho, el avispero ha sido pateado, y hoy el sindicato tiene un grupo de trabajadores enojado y harto de los años que llevan “cooperando” por el bien y para la subsistencia de la empresa, sin que esta les cumpla las promesas.

Dun & Brandstreet asegura que las fuentes dinámicas de información que utiliza permiten proporcionar datos crediticios cruciales. Entonces debe ser cierto lo que dicen, que Aeromar vende más de $2,140,000,00 (dos mil ciento cuarenta millones) de pesos al año. ¿Necesitará más que eso para dejar de sacrificar los salarios y prestaciones de sus trabajadores?

No puedo ver este tema como un asunto “entre particulares”. El Estado mexicano tiene por lo menos dos Secretarías federales con competencia y responsabilidad, tanto jurídica como política, en este tema: la del Trabajo, y la de Comunicaciones y Transportes. No solo debe velarse el respeto irrestricto de los derechos laborales, sino también las condiciones económicas de la empresa, pues no debemos olvidar que las aerolíneas son concesiones que otorga el Estado para que un particular las explote.

Quienes conocemos la industria aérea sabemos que es considerara “de alto riesgo” y que cualquier cosa puede afectarla; pero Aeromar, al igual que otras empresas como Volaris y VivaAerobus, son las que mejor han sorteado la crisis por Covid19. ¿Cuál es la necesidad de explotar a sus trabajadores?. Sus pilotos y sobrecargos son apenas dos botones de muestra. No olvidemos a los trabajadores del área de mantenimiento, mecánicos, despachadores, trabajadores de rampa, choferes; todos y cada uno merecen el pago justo por su trabajo.

Sí de verdad queremos que el país cambie, debemos denunciar las malas prácticas de empresarios rapaces, que sólo buscan enriquecerse a costa de sus trabajadores. Por eso, insisto, el gobierno no puede hacerse de la vista gorda. Ya bastante lesivo es que mi sindicato, ASSA de México, lo esté haciendo desde hace más de dos años, en perjuicio y menoscabo de los trabajadores. ¿En eso qué tiene que ver la pandemia?

Ximena Garmendia

Esta columna fue originalmente publicada el 24 de noviembre de este año y podemos asegurar que la situación no ha cambiado mucho.

 

18 julio 2021

Interjet, una bomba de tiempo

 

Interjet, una bomba de tiempo

Estimados lectores, ustedes que siguen puntualmente esta columna, saben que hemos dado seguimiento a lo que acontece en la empresa de aviación Interjet. Ya en el puente de “día de muertos”, la aerolínea canceló por varios días sus vuelos, diciendo que había sido a causa de un mantenimiento, sin dar especificaciones y sin ahondar más en ello, pero sottovoce se supo que fue porque no había dinero para pagar el combustible de las aeronaves.



Trabajadores de dicha empresa se han contactado conmigo y dicen que la situación es verdaderamente crítica y desesperante. No son sólo cinco quincenas de salario lo que la empresa les adeuda a sus trabajadores, sino que son ya cinco meses que no reciben los vales de despensa.

Sin ningún aviso de por medio, el fin de semana pasado la empresa decidió cancelar los vuelos de los días 28 y 29 de noviembre. Igual que a principios de mes, los dueños no dan la cara, pero los trabajadores informan que la cancelación obedeció nuevamente a que la empresa no pudo pagar el combustible.

No pretendo ser alarmista, pero esto es una verdadera bomba de tiempo. Surgen muchas preguntas, y debo ser enfática: la aviación en México, a pesar de estar en manos de particulares, es una concesión que otorga el Estado para su usufructo, pues usan el espacio aéreo, que es de todos los mexicanos.



Uno de los primeros cuestionamientos que me hago es ¿hasta cuándo el gobierno va a permitir que Interjet siga operando bajo condiciones que llegan al absurdo de no contar siquiera con el efectivo suficiente para el pago de combustible?, y es que no sólo los usuarios se ven defraudados al no poder realizar el viaje pagado, son los trabajadores quienes tienen que dar la cara, mientras los dueños se esconden.

Otra pregunta es: sí no hay dinero para el pago de combustible, ¿qué tan seguro es viajar con ellos?, Si no tienen dinero para el combustible, ¿tendrán para todas las refacciones que exigen los equipos?, sin ir tan lejos, muchos trabajadores al día se hoy viven en la zozobra permanente de no tener dinero para trasladarse a su lugar de trabajo, ¿y sí el trabajador en cuestión es un mecánico que debía de haberse presentado para arreglar alguna falla?.



Suena bastante cruel, y largos ríos de tinta he escrito sobre las condiciones de los trabajadores aeronáuticos, pero ¿qué sucede cuando una empresa ocupa el tema de la pandemia y la competencia desleal para no cumplir con sus compromisos adquiridos?

No se puede tapar el sol con un dedo; la semana pasada les presenté el caso de la empresa Transportes Aeromar, cuyos dueños también usan de argumento la pandemia por Covid19, pero no debemos soslayar que la empresa Aeroméxico tiene mucho que ver en los desastres financieros en los que están metidos tanto Aeromar como Interjet.

Un botón de muestra: los sindicatos de pilotos y sobrecargos, ASPA y ASSA respectivamente, tienen directivas sindicales conformadas exclusivamente por gente de la empresa Aeroméxico y han tomado medidas y decisiones polémicas en aras de que la única empresa que siga en el aire sea Aeroméxico.

A pesar del trabajo sucio de estos dos sindicatos en favor de Aeroméxico, Interjet, no puede recargar toda la responsabilidad de su situación actual en la guerra sucia de Aeroméxico. Existe, y es muy evidente que la empresa del caballero águila sigue frotándose las manos ante la probable desaparición de Interjet; incluso ha pospuesto algunos recortes y cambios a sus Contratos Colectivos de Trabajo, esperando esos cambios en el horizonte.

Para Interjet el panorama se torna negro y la siguiente pregunta que lanzo sin cortapisas es ¿acaso el gobierno está esperando a que suceda un accidente fatal para darle carpetazo al tema de Interjet? No soy buitre, lo digo porque no sería la primera vez que se use esa estrategia. En el pasado no muy lejano se usó con la empresa TAESA; hasta que sucedió un accidente fatal, el gobierno tomó las riendas, y terminó por darle santa sepultura a la empresa.



Estamos ante una bomba de tiempo: trabajadores que llevan meses sin pago, ex trabajadores que fueron liquidados y no han recibido su liquidación, no hay dinero para combustible, muchos de los empleados siguen con la camiseta bien puesta, pero no tienen ni para el transporte que los lleve a su trabajo, y temen que la empresa “los corra” por faltar.

Usuarios molestos por las continuas cancelaciones de sus vuelos, que se sienten defraudados por la empresa, porque cuando intentan cancelar su vuelo y recibir el reembolso de su boleto, no hay dinero para pagarles.

Seamos francos, a dos años de la entrada de Andrés Manuel López Obrador, hay dos Secretarías de Estado que han brillado por ausencia en lo que respecta a la aviación nacional. Está perfecto el avance del aeropuerto Felipe Ángeles y la cancelación de NAIM, sin embargo ¿qué aerolíneas volarán desde ahí?, Aeroméxico ha sido un gran detractor de dicho aeropuerto, negando que vaya a operar algún día ahí… que a ellos no los sacan de la T2.

Debo ser muy clara, antes de terminar el sexenio de Peña Nieto, se aprobó la apertura de los cielos, y las aerolíneas que comienzan a tomar el mercado en nuestro país son extranjeras; no se puede competir cuando no tienes las mismas condiciones. Por ello mi empeño en remarcar la importancia de la aviación nacional y el cuidado que debemos tenerle, ya que el cielo es nuestro.

A grandes rasgos, una sola aerolínea norteamericana tiene entre 800 y 900 aviones, incluso después de los reajustes por la pandemia por Covid19, mientras que toda la aviación nacional, sí juntamos la flota de Aeroméxico, Interjert, Volaris, VivaAerobus, Aeromar, Magnicharters, TAR, y todas las demás aerolíneas regionales, no llegamos ni a 250 aviones, también números después de los reajustes obligados por la pandemia.

Con base en esta realidad, es fácil imaginar que el aeropuerto Felipe Ángeles estará maniatado y a capricho de las aerolíneas extranjeras, y si terminado el sexenio de Andrés Manuel, la derecha ganara las elecciones, el proyecto del NAIM podría revivir. Los intereses económicos siguen siendo enormes, y en este país todo puede suceder.



Por eso el gobierno de México, y las Secretarías de Estado involucradas no deben tomar a la ligera el tema de Interjet; tenemos una Agencia Federal de Aeronáutica Civil enmudecida; basta una breve revisión para darnos cuenta que por situaciones mucho menos graves que las de Interjet, otras empresas han sido bajadas de vuelo, y es competencia de la SCT. Pero si hablamos de los trabajadores, la Secretaría del Trabajo y Previsión Social no sólo ha sido muda, sino que sus reacciones, posicionamientos y declaraciones han sido más bien torpes e indolentes.

Se están cumpliendo dos años del triunfo electoral de Andrés Manuel; la Cuarta Transformación avanza a pasos lentos, pero estos deben ser firmes y seguros. No necesitamos un accidente fatal de aviación para tomar cartas en el asunto. Son muchos los focos encendidos en todo lo que concierne a la industria aeronáutica mexicana, y todos están íntimamente relacionados. Aeropuertos, aerolíneas, equipos, permisos, impuestos, sindicatos… nada está desconectado. En esta columna semanal hemos tratado poco a poco algunos temas, nos faltan muchos más, de los que conviene estar enterados, porque el cielo nos pertenece a todos los mexicanos, así de simple.

Ximena Garmendia

Esta columna fue publicada el 1° de diciembre de 2020, antes de que los directivos de la empresa tomaran la decisión unilateral de parar operaciones y mucho antes de que los trabajadores representados por su sindicato, tomaran la determinación de estallar a huelga por incumplimiento del pago de salarios. El caso de Interjet se pudo evitar si las autoridades hubieran tomado a tiempo, cartas en el asunto. 

 

11 julio 2021

Mexicana de Aviación, cumple 99 años

 

Mexicana de Aviación, cumple 99 años

 

¿Es esto posible?, entiendo su duda estimado lector, y es que seguramente viene a su mente un alud de notas periodísticas que desde hace casi diez años hablan de “la quiebra de Mexicana de Aviación”. Si me acompaña, le contaré de una manera rápida, pero puntual la verdadera historia de Mexicana de Aviación, su quiebra y por qué podemos decir que está cumpliendo 99 años.



Desde hace una semana, la noticia de que Aeroméxico decidió acogerse al Capítulo 11 de la Ley de Quiebras, en Estados Unidos ha ocupado no pocos espacios en los medios de comunicación, con dos claras vertientes: la información financiera y la dirigida al público usuario.

La primera de las mencionadas con las implicaciones más importantes en los números, saldos, deudas, contratos y demás vericuetos de la empresa, y la otra, con la clara intención de que aquellas personas con un boleto o reservación mantengan la calma y tengan la certeza de que Aeroméxico seguirá volando con “normalidad”, o en el caso concreto, lo que la pandemia de COVID-19 permite que sea normal.



Y este es un punto clave: para la gran mayoría de los mexicanos, la industria aeronáutica se reduce a “aviones volando”, por ello si no tengo planes de “volar”, lo que suceda o deje de suceder en la industria no me va a quitar el sueño. De la misma manera, si desde hace 10 años dejé de ver la marca y logotipo de Mexicana de Aviación en los aeropuertos y la publicidad, infiero que dejó de existir. Pero esto es falso; la empresa sigue vivita y coleando, y podemos decir que sigue volando, porque sus rutas y slots hoy por hoy son operados por otras aerolíneas, pero legalmente son propiedad de Mexicana de Aviación.

La historia es larga y con muchos recovecos, tanto jurídicos como políticos, y podemos poner como punto de partida para esta reseña el sexenio de Vicente Fox y su interés por eliminar la restricción legal de que las aerolíneas extranjeras pudieran hacer “cabotaje”, es decir, transportar personas, mercancías y equipajes entre diversos lugares del territorio nacional, sin abandonarlo, una prerrogativa que pertenecía solamente para las aerolíneas nacionales. Ese gobierno presionó para que se pusieran a la venta tanto Aeroméxico, como Mexicana de Aviación (las dos administradas por el Estado), a través de la Controladora Cintra, cuyo director era Andrés Conesa Labastida. En su momento, las aerolíneas, Aeroméxico y Mexicana fueron valuadas en 1,000 millones de dólares, cada una.



En 2005, el entonces presidente de Grupo Posadas, Gastón Azcárraga adquiere a Mexicana de Aviación por la ridícula cantidad de 165 millones de dólares. Los nexos existían desde antes; todos recordamos el búnker en que se convirtió el Hotel Fiesta Americana Reforma (de Grupo Posadas), que sirvió como casa de transición de Vicente Fox, y en este país, nada es casualidad; como tampoco fue casualidad que antes de comprar la empresa, se diera marcha atrás a muchas conquistas laborales de los trabajadores.



Hablo de un ejemplo que me tocó padecer en carne propia. En Mexicana de Aviación existían dos contratos, y como sobrecargo contratada después de 1989 no teníamos derecho a jubilación. Sin embargo, tras una lucha sindical en 2001 conseguimos el derecho a jubilarnos tras 30 años de servicio, sin distinción de género, porque en el caso de los contratados antes de 1989 las mujeres se jubilaban a los 23 años de servicio y los hombres a los 28. Sin embargo, en la revisión salarial de septiembre de 2005, el entonces Secretario General, aseguró a la planta que el diagnóstico de Cintra (o sea Conesa Labastida) era que nadie compraría Mexicana de Aviación porque “costábamos mucho”, así que propuso que cediéramos nuestra jubilación los contratados después de 1989 para hacer más atractiva la empresa.

Bajo este panorama, que años después se demostró era un completo engaño, muchos de mis compañeros votaron a favor de que los contratados después de 1989 perdieran el derecho a jubilación. Recuerdo que cuando sucedió esa asamblea yo estaba de pernocta en Guadalajara, y me dio mucho coraje perder un derecho que habíamos plasmado en nuestro contrato colectivo de trabajo. Todo sucedió, dos meses antes de que Gastón Azcárraga comprara la empresa.



Una de las primeras acciones ejecutivas del nuevo dueño fue vender la torre de Mexicana, ubicada en Xola, en la Ciudad de México, mejor conocida por los lugareños como “la licuadora”. Un edificio emblemático para los trabajadores, no solo por su moderna y poco convencional arquitectura; también era entrañable porque se construyó con el dinero que por dos años los trabajadores cedieron a Mexicana de Aviación del reparto anual de utilidades para la construcción del edificio que albergaría las oficinas administrativas. Gastón Azcárraga la vendió a Fibramex por 40 millones de dólares, solo el 57% del precio en que estaba valuado el edificio. ¿Tuvo que desalojar el edificio? No, siguió despachando ahí porque desde esa fecha y hasta el 2010, Mexicana de Aviación pagó renta por el uso de ese edificio.

Hagamos unas cuentas básicas, todas expresadas en dólares. Compra una empresa de 1000 millones en tan solo 165 millones, de los que recupera inmediatamente 40 millones, tras vender la torre de Mexicana. Ya suena a buen negocio, pero hay más. En 2006, ya bien acomodado en su oficina (rentada), Gastón Azcárraga comenzó a buscar ahorros por medio de los trabajadores.

Primero logró un acuerdo de ahorros por 50 millones con los pilotos, a cambio de prometerles el 5% de las acciones de la empresa, así como un lugar en el Consejo de Administración, con derecho a voz pero no al voto. Así que, al costo de 125 millones, debemos restarle los 50 millones que se ahorró con los pilotos. ¡Muy bien, Gastón!, la empresa hasta este punto te representa un costó real de 75 millones, pero no se queda aquí. Con el personal de tierra firmó un convenio de ahorro por 25 millones. Así es que a Gastón en un abrir y cerrar de ojos había “recuperado” 110 millones de los 165 que pagó por Mexicana. Estaba tan emocionado que pretendió lograr con los sobrecargos un convenio de ahorro por 40 millones, pero justo ahí se topó con pared.



El gremio de sobrecargos había sido lastimado muy recientemente. Habían pasado escasos seis meses desde que tuvieron que “ceder” su jubilación en aras de hacer atractiva la empresa, y ahora su Director General venia a pedirles el 60% de sus prestaciones para mantener la operación. Nuestra oposición fue tan tajante, que la empresa se vio obligada a demandar en 2007 un Conflicto Colectivo de Naturaleza Económica, con el principal argumento de que “los salarios de los sobrecargos ponían en riesgo la viabilidad financiera de la empresa”. La batalla en tribunales comenzó y en una primera instancia se dictó un laudo que recortaba más del 60% de nuestras prestaciones y salario.

Nunca se ejecutó, gracias a un amparo promovido por los sobrecargos, que fue atraído por la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Fue hasta el año 2015, que el máximo tribunal de nuestro país falló a favor de los trabajadores, sentenciando que los salarios y prestaciones de los sobrecargos nunca pusieron en riesgo la viabilidad financiera de la empresa. De haber conseguido el tan anhelado Convenio de Ahorros con los sobrecargos, a Gastón Azcárraga le hubiera costado tan sólo 10 millones de dólares la empresa. ¡Una verdadera ganga!

La realidad es que, con una compleja y deshonesta ingeniería fiscal y tributaria, Gastón trianguló las pérdidas de sus hoteles a la aerolínea, y las ganancias de la aerolínea fueron a parar a sus hoteles, cuyo crecimiento fue exponencial a partir de la adquisición de Mexicana. Los que lo duden, pueden revisar su informe del año 2006, en el que Grupo Posadas anunció un crecimiento del 44.6%.

La intención de Gastón era que Mexicana de Aviación tuviera un sindicato único, en lugar de la contratación colectiva con tres sindicatos: la Asociación Sindical de Pilotos Aviadores de México (ASPA), la Asociación Sindical de Sobrecargos de Aviación de México (ASSA) y el Sindicato Nacional de Trabajadores de Transportes, Transformación, Aviación, Servicios y Similares (SNTTTASS). Simple lógica: es más fácil cooptar a un líder sindical, que a tres gremios distintos. Y estuvo muy cerca de lograrlo. En 2009 creó la empresa “Mexicana Link”, llamada coloquialmente sólo como Link, en la que tanto pilotos como sobrecargos y personal de tierra estaban afiliados al SNTTTASS, el modelo perfecto para sus planes.



El 20 de junio de 2010, Gastón Azcárraga citó por separado a los representantes de los tres sindicatos (ASPA, ASSA y SNTTTASS). La cita a la que yo acudí en mi carácter de Secretaria de Actas de ASSA, junto con una comitiva de una decena de personas, fue alrededor del mediodía. Además de Gastón Azcárraga, en la sala de juntas estaban el director de la empresa Manuel Borja Chico, y Adolfo Crespo director de comunicación corporativa y servicios al cliente. La propuesta que Gastón había dibujado para mi sindicato, estaba plasmada en un pizarrón, y tenía tres opciones:

·         Reducir de 1,350 a 822 el número de sobrecargos y todos volando bajo el contrato de Link (jugada con la que ASSA perdería la titularidad del contrato, y pasaría al SNTTTASS)

·         Que los sindicatos compraran la empresa (deudas incluídas, por supuesto) por $1.00 (Un peso) y usufructuar el nombre durante seis meses. Después podríamos ponerle “aeropatito” (literalmente esa fue su expresión, yo lo escuché con mis propios oídos)

·         Por último, si no aceptábamos ninguna de las dos propuestas anteriores, la empresa iba directo a la quiebra.

Gastón Azcárraga sabía que esa reunión no tenía ningún carácter resolutivo, sino únicamente intimidatorio. Se trataba de encender la mecha de una carga de dinamita pronta a explotar, y evidentemente él no se iba a quedar a ver el espectáculo pirotécnico. En menos de un mes, a mediados de agosto de 2010, Grupo Posada supuestamente vendió a Mexicana de Aviación a “Tenedora K”, una empresa recién creada por Grupo Omega, en la inverosímil cantidad de $1,000 pesos mexicanos. Mi escepticismo radica en que, en más de 10 años, nadie ha visto ese contrato, ni forma parte de ningún expediente judicial. Si alguien puede desmentirme, se lo voy a agradecer. Llevo años pidiendo que ese contrato salga a la luz pública. Quien también se volvió invisible fue Gastón Azcárraga, quien abandonó el país desde entonces.

Ante la exigencia de información, el flamante Secretario de Trabajo y Previsión Social Javier Lozano, declaró que no podía supervisar esa venta, ya que era un acuerdo “entre particulares”. La cifra de mil pesos fue dada a conocer por Juan Molinar Horcasitas, quien fuera Secretario de Comunicaciones y Transportes.

Hoy algunos documentos son públicos y se puede armar el rompecabezas. En esos días aciagos todo sucedía tan rápido y con una opacidad oscurantista. Hoy sabemos, porque así lo documenta el Libro Blanco de Mexicana de Aviación, en poder de la Secretaria de Comunicaciones y Transportes, que no fue Mexicana de Aviación la que la solicitó entrar a un Concurso Mercantil, sino que fue la propia Dirección General de Aeronáutica Civil (antes DGAC, ahora AFAC), dependencia de la SCT la que lo solicitó. Hoy sabemos que desde el día 5 de agosto el Juzgado Décimo Primero en Materia Civil en el Distrito Federal, radicaba la solicitud de Concurso Mercantil de Compañía Mexicana de Aviación, y también decretaba diversas medidas precautorias como:

·         Mantener a Mexicana en los derechos concesionarios para transporte de carga y pasajeros.

·         La prohibición de detener, retener, secuestrar y/o embargar o llevar acabo cualquier tipo de ejecución en las aeronaves, refacciones, motores, así como contratos, fideicomisos

·         Suspender, revocar y/o cancelar el registro aéreo y/o de matrícula de las aeronaves.

·         La suspensión de cualquier acreedor en contra de los bienes y derechos de Mexicana.

A pesar de la existencia de un mandato judicial expreso, la noche del 27 de agosto, Tenedora K toma la determinación de parar operaciones, aunque los sindicatos ya se estaban trabajando en nuevos contratos colectivos de trabajo para los diferentes grupos de trabajadores. Con la anuencia de Juan Molinar Horcasitas titular de la SCT, y de Javier Lozano Alarcón, de la STPS, ambos miembros del gabinete de Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, el 28 de agosto concretaron una quiebra fraudulenta, sin importarles dejar al país sin conectividad aérea. Si hoy le preguntáramos al entonces titular del Poder Ejecutivo su impresión al respecto, seguramente nos respondería: “el presidente no se entera de todo”, como responde cuando se le pregunta por Genaro García Luna.

Es un hecho, desde el 3 abril de 2014, existe una sentencia que declara la quiebra de Mexicana de Aviación, sin embargo no ha quedado firme, ni “ha causado estado”, como dicen en el argot jurídico. Dicha resolución ha sido impugnada por los diferentes actores que se han visto involucrados. Los trabajadores, primeros en la lista de acreedores, están defendiendo con uñas y dientes sus derechos. Ya la Suprema Corte determinó que no son ellos los que causaron la debacle financiera de la empresa, y el hecho de que Gastón Azcárraga esté prófugo de la justicia desde agosto de 2010 arroja mucha luz sobre el caso. 



Mexicana de Aviación no debe verse como un cadáver. Hoy por hoy está viva, porque su declaración de quiebra no puede ejecutarse; porque no ha liquidado a sus principales acreedores, que son sus trabajadores; porque tiene cuentas pendientes con sus jubilados; porque hay partes tangibles de su estructura que siguen vivas, trabajando y generando recursos como su MRO y su CAT; porque las rutas y los slots de su propiedad siguen siendo usufructuados por otras aerolíneas; porque la lista de propiedades dentro y fuera del territorio nacional no “desaparecieron” por acto de magia; porque a pesar de todo, es la primera marca que viene a la mente en el imaginario colectivo cuando se piensa en la aerolínea del país; porque aunque lleva 10 años “bajada de vuelo”, tiene más méritos para ser llamada aerolínea bandera, por encima de Aeroméxico, cuyo 49% de su capital es extranjero, y tiene una deuda de más de dos mil millones de dólares, según la propia de declaración de su director general Andrés Conesa Labastida… el mismo que administró Cintra.

Por eso afirmo que el próximo 12 de julio, nuestra empresa, cumplirá 99 años, por que mientras no se nos liquide a los trabajadores, seguimos siendo parte de la empresa. ¡La primera, que siempre será la primera!


Ximena Garmendia


Esta columna fue publicada el 12 de julio de 2020 y por increíble que parezca, mañana cumple la empresa 100 años.

04 julio 2021

El tamaño del hoyo de Aeroméxico

 

El tamaño del hoyo de Aeroméxico

Seguramente a ustedes también les dijeron que los modelos educativos aplican los ejemplos para reflexionar, analizar y fortalecer el aprendizaje. Justamente en la columna de hoy, con base en un ejemplo, explicaremos de qué tamaño es el hoyo en el que se encuentra la empresa del Caballero Águila, e invitarlos a analizar y reflexionar sobre la importancia del momento, para no ceder a los chantajes empresariales.



En columnas anteriores conté a grandes rasgos la historia de Aeroméxico, una empresa que vio la luz en los años treinta, con la razón social “Aeronaves de México”, pero que en 1988 fue requisada por el gobierno para “renacer” como “Aerovías de México”. No fue solo un cambio de nombre; jurídicamente se trató de una nueva empresa, aunque para el público usuario siempre ha sido “Aeroméxico”.

El pasado 30 de junio Aeroméxico solicitó ante un juzgado de la ciudad de Nueva York, Estados Unidos de Norteamérica, acogerse al Capítulo 11 de su Ley de Quiebras, para poder afrontar los compromisos adquiridos en dicho país. Dicha solicitud ingresó con el aval de que la empresa Apollo Global Management, era la que conduciría su reestructuración.

Aclaremos que Apollo Global Management es un fondo de inversión que trabaja principalmente con fondos de capital privado, como pensiones, y no es precisamente una institución de asistencia privada. El lucro y la especulación económica son herramientas utilizadas, y suele sacar muy buenas ganancias con las empresas que están en bancarrota o cerca de ella, y Aeroméxico no es la excepción.




Cuatro meses después, en octubre de este año, la empresa del Caballero Águila recibió la venia de la juez y del fondo de inversión para otorgarles mil millones de dólares para su reestructura y poder salir de dicho capítulo como una empresa ya saneada.

Justo aquí es donde quiero que realicemos una pausa. Tengan los datos anteriores muy a la mano por lo siguiente que les voy a contar. En septiembre de 2010, justo después de la bajada de vuelo de Mexicana de Aviación, y de haber entrado a un  Concurso Mercantil en nuestro país, una de las condiciones para terminar ese juicio y seguir operando, era conseguir un “inversionista” que le inyectara de manera inmediata 300 millones de dólares. Se dijo con esa cantidad la aerolínea más antigua de América podría regresar a volar. Puntualmente dicho, hace 10 años, y con menos de un mes de estar bajados de vuelo, el requerimiento se resumía: inyección de 300 millones de dólares, liquidación de empleados en un plan a 7 años, pagando una parte en efectivo, otra más después de cierto tiempo y otra parte en acciones de la empresa.

Entonces hablábamos de 8,500 empleados directos que había que liquidar y recontratar bajo nuevas condiciones laborales. Hoy, la plantilla de Aeroméxico es de más de 16 mil trabajadores, y los números de liquidaciones realizadas son más bien “discretos”; la verdad es que no corresponden al monto solicitado para salir adelante.

A diferencia de Mexicana de Aviación, la empresa del Caballero Águila no se ha visto en la necesidad de ejecutar medidas tan drásticas, por lo menos hasta ahora. Si bien es cierto que ha realizado recortes de personal, sobre todo de trabajadores temporales, lo ha hecho bajo la figura tramposa de “renuncia voluntaria”, y con la promesa de que regresarán tres meses después. Así es como ha convencido a sus trabajadores de “separarse” laboralmente de la empresa.



En el caso de los tripulantes de cabina, los pilotos se han acogido a la figura de “PSGS”, (permisos sin goce de sueldo) y son 266 quienes se encuentran en esa posición. En el caso de los sobrecargos, se “desvincularon”, eufemismo usado por la empresa para que 616 sobrecargos de la troncal y 150 de la subsidiaria firmasen sus “renuncias voluntarias”, con la misma promesa realizada al personal eventual: regresar “pronto” a su lugar de trabajo.

Tanto los pilotos como el personal de tierra que siguen en la empresa han sido tajantes respecto a lo que atañe a sus Contratos Colectivos de Trabajo: no están dispuestos a ceder más. Los pilotos ya habían firmado hace unos meses un convenio de reducción de salario de 37.5% durante los meses de julio, agosto y septiembre y posteriormente estarán cobrando, hasta diciembre de este año, solamente el 70% de su salario.

En el caso del personal de tierra, tanto el sindicalizado como el que es de confianza, unos tienen la reducción del 50 % de su salario desde el mes de marzo y hasta la fecha, y otros que no aceptaron la reducción, sólo laboran durante 15 días al mes. El resultado no es el mismo, pero es igual. Solo están recibiendo la mitad de un salario normal.

A los ciudadanos comunes y corrientes nos cuesta trabajo dimensionar lo que son $1,000,000,000 millones de dólares. Son más de 4 milenios de salario mínimo general vigente de nuestro país. ¡Una grosería! Podríamos imaginar que es una cantidad “holgada” para sacar a flote a Aeroméxico. Sin embargo, nos sorprende, y no de manera positiva, que dicha empresa haya realizado una solicitud de un crédito al Banco Nacional de Comercio Exterior (Bancomext), con una finalidad totalmente independiente de los mil millones entregados por la fiduciaria Apollo Global Maganament.

Aunque Aeroméxico argumenta que esta solicitud se realizó desde el mes de abril, también hizo público que pretende usarlo para pagar el TUA (impuesto de uso de aeropuerto) a Aeropuertos y Servicios Auxiliares (ASA). No sabemos ni el monto del préstamo solicitado, ni tampoco a cuánto asciende la deuda. Bancomext no se ha pronunciado al respecto.

Con todo lo anterior, surgen las preguntas naturales y a la vez siniestras ¿pues a cuánto asciende el hoyo en las finanzas de la aerolínea?, si mil millones de dólares no son suficientes, ¿cuánto dinero realmente necesita?, ¿responsabilidad de quién?, ¿de los administradores?, ¿de los empleados?, ¿acaso el hoyo financiero es por culpa de sus trabajadores?, ¿a cuánto asciende realmente la cifra para salir del capítulo de quiebras gringo?, ¿estamos acaso ante un barril sin fondo?.

Dicen que la cuerda se rompe por lo más delgado y la empresa ya ha puesto sus cartas sobre la mesa: la intención de reducir aún más las condiciones laborales de sus trabajadores, a quienes mañosamente llama “colaboradores”. Las condiciones no están tan lejos de las propias del porfirismo, sólo le hace falta su tienda de raya.

Es inconcebible que en pleno siglo XXI se pretenda regresar, de facto, a las condiciones laborales del siglo XIX, con el pretexto de una pandemia global. El hoyo financiero no es culpa de los trabajadores, que quede claro; Aeroméxico tuvo un monopolio durante diez años, como para que las consecuencias económicas de esta pandemia le fueran menos lesivas.

Veremos si en los próximos días logra su objetivo de mermar la calidad de vida de sus trabajadores recortando aún más sus derechos laborales. Pero hay que decirlo, hoy más que nunca y ante este panorama, se requiere que estemos atentos a lo que sucede en este ramo. Si bien es cierto se trata de una empresa privada, su lugar natural de trabajo es el espacio aéreo, y el cielo, nunca me cansaré de decirlo, es nuestro, de todos los mexicanos.

Ximena Garmendia

Esta columna fue originalmente publicada el 17 de noviembre del 2020, ahora van incluso por un  segundo préstamo y solicitaron ampliar los términos para la presentación de su reestructura y se vienen recortes a 1105 trabajadores más de tierra. Eso sin contar que todos los trabajadores tienen nuevas condiciones laborales, ganando menos el 60% de sus precepciones, sin derecho a ningún aumento de sueldo durante 4 años.

 

27 junio 2021

Engaños y simulaciones contra los sobrecargos de Aeroméxico

 

Engaños y simulaciones contra los sobrecargos de Aeroméxico

Estimados lectores, pretendo sumergirlos en las profundidades de una profesión, poco comprendida, que desde afuera suele verse como sencilla y glamorosa, pero eso es una total falacia.



La labor del sobrecargo a bordo de una aeronave tiene una razón de ser, más allá del servicio que pueda brindar al pasajero. El motivo principal es la de salvaguardar sus vidas, ya sea por medio de proporcionar primeros auxilios a quien lo necesite o el resolver cualquier conflicto en la cabina de pasajeros: desde un fuego, una despresurización, o un evento mayor que requiera la evacuación de un avión.

Al igual que otras profesiones, la vida de los tripulantes de cabina ha sido trastocada en estos momentos del Covid19. Las medidas que las empresas del orbe han tomado respecto a sus sobrecargos han sido diferentes. En algunos casos han recurrido a recortes o reajustes en su personal, así como reducciones a los salarios o permisos especiales. Pero hablemos de nuestro país, y el caso de los sobrecargos de Aeroméxico.

No es cosa menor, pero a diferencia de otros grupos de sobrecargos que suelen estar agremiados en “sindicatos blancos o de protección patronal”, los de Aeroméxico pertenecen a un “sindicato democrático”. O por lo menos en sus orígenes lo fue. Hablo de la Asociación Sindical de Sobrecargos de Aviación, mejor conocida como ASSA de México; tal vez muchos la recuerden ya que fue precisamente este sindicato el que Alejandra Barrales utilizó como trampolín para brincar de la vida sindical a la política.



Mi sindicato, porque yo sigo siendo agremiada hasta en tanto no se resuelva totalmente la quiebra de Mexicana de Aviación, ha dejado de ser democrático para convertirse en uno “de protección”, y a las pruebas me remito. Como muchas otras ramas productivas, la industria de la aviación tuvo y tiene serias afectaciones por la pandemia, y Aeroméxico no es la excepción. A mediados de marzo pasado, la empresa buscó llegar a un acuerdo laboral con el sindicato de sobrecargos, para sobrellevar estos meses de muy poca demanda y ocupación.

En ese mismo mes ASSA convocó a una asamblea en la que les propuso a sus agremiados “rotar”, esto es, dejar de volar un mes, y no cobrar el salario correspondiente, en aras apoyar a la empresa y mantener las fuentes de empleo.



La lógica de esta dinámica radica en que un grupo de sobrecargos no perciba su sueldo, pero solamente durante un mes. Al mes siguiente será otro grupo diferente, y así sucesivamente. Sin embargo, debemos considerar ¿cuántos sobrecargos tiene Aeroméxico?, 2,720 según el último censo registrado ante la Secretaría del Trabajo y Previsión Social. Aunque el sindicato maneja un número poco más alto, de cerca de 2,760, en esta columna manejaré el dato que tiene registrado la autoridad laboral federal.

La propuesta de ASSA fue la siguiente: cada mes rotarán sólo 900 sobrecargos, divididos en 213 Sobrecargos Ejecutivos y 687 Sobrecargos Primeros. En dicha asamblea, mis compañeros, confiados en que su representación sindical estaba velando por sus intereses, aceptaron la propuesta de que “roten” 900 sobrecargos, durante un mes, y luego trabajar dos meses, en el entendido de que la medida de emergencia duraría seis meses, siempre buscando ayudar a Aeroméxico y evitar un recorte de personal. En agradecimiento, la empresa seguirá pagando vales de despensa y gasolina, así como Seguro Social, Seguro de Gastos Médicos Mayores y cuotas sindicales. Con esta medida de contingencia, el sobrecargo sigue conservando su antigüedad, aunque sin cobrar salario alguno.

En el papel luce muy bonito, pero en la ejecución es otra historia, totalmente diferente. Desafortunadamente la “emergencia sanitaria” se ha convertido en el pretexto perfecto para justificar una serie de irregularidades de forma y de fondo que en otro momento serían imposibles de realizarse. Por ejemplo, días antes de comenzar la rotación de sobrecargos acordada en asamblea, el Secretario General de ASSA, Ricardo Del Valle, informó que la empresa estaba “solicitando” que rotara el 68%. Es decir que para el mes de abril rotaron 1,849 sobrecargos. En palabras llanas, más del doble de sobrecargos no cobraron ni un peso en el mes de abril. Por si esto no fuera suficiente, el sindicato jamás hizo pública la lista de los sobrecargos que rotaron en abril, quedando este proceso en total opacidad.



Para el mes de mayo las cosas en la aviación no mejoraron, así que Aeroméxico solicitó que ese mes rotara el 75% de la planta, esto es 2,040 sobrecargos. En este momento, mis compañeros comenzaron a preguntarse, ¿quiénes son los 680 sobrecargos que tendrán el privilegio de volar (y cobrar su sueldo) en el mes de mayo?, porque una vez más mi sindicato decidió no publicar la lista de rotación. ¿Cómo se enteraron los sobrecargos de su situación? De la peor manera, pues recibieron sus hojas de rol “en blanco”, y al mismo tiempo enterarse de que ese mes no recibirían salario.

Pero en junio la cosa se puso más fea, pues en ese mes el Secretario General ya ni siquiera informó el porcentaje de sobrecargos que rotaría, y así hasta llegar al mes de agosto. ¿Qué es lo que ha pasado?, pues hay casos de compañeros que llevan cinco meses rotando y sin cobrar. Es evidente que se encuentran más que desesperados; incluso algunos han comenzado a vender lo poco de tienen de patrimonio, entre otras cosas.

En 2010, a raíz de la salida de Mexicana de Aviación del mercado aéreo, se crearon grupos de Facebook para la venta de artículos y servicios diversos por parte de los sobrecargos que se quedaron sin empleo. Hoy son los sobrecargos de Aeroméxico los que inundan esas páginas, donde ofertan automóviles, casas, muebles, así como pasteles, comida, servicios de fiestas, mesas de regalos, artículos varios, e incluso cubrebocas N95.

Una verdad a medias: el punto de acuerdo plasmado en el acta de la asamblea de marzo de 2020, en la que se aprobó la rotación, la representación sindical argumentó “Este proceso es único y ha dado resultados comprobados ya que se preserva la fuente de empleo”. Lo que no dijeron nunca, es que este esquema de “rotación” aprobado, no es ni siquiera una pálida sombra del esquema original, que efectivamente se aplicó en varias ocasiones tanto en Aeroméxico como Mexicana de Aviación, que bien aplicado, resulta justo, exitoso y solidario.

El esquema original tiene la premisa de que sólo puede rotar entre el 10% y hasta el 20% de la planta, durante un mes. En dicho periodo, el salario de los que sobrecargos que rotan, es cubierto por el resto de los tripulantes que sí se encuentra volando, mediante un descuento general, claro, determinado y transparente a todos los sobrecargos agremiados a la asociación, esto es, sin importar a que empresa pertenezcas (Aeroméxico, Mexicana de Aviación, Aeromar, Click). El gremio aporta gustoso ese porcentaje porque sabe que, si el mes siguiente le toca rotar, los demás aportarán una parte de su ingreso para que los que “rotan” reciban su sueldo. Es el más claro ejemplo de “hoy por ti, mañana por mí”.

En casos de extrema urgencia, cuando es difícil cubrir el 100% del salario de los que rotan, se busca tasar una ayuda para que reciban la misma cantidad de dinero. Punto muy importante es que el orden de la rotación es con base al escalafón general, comenzando por el más nuevo hasta el más antiguo, pudiendo dar varias vueltas al mismo, de ser necesario.

Bajo este esquema, el trabajador nunca se queda sin absolutamente nada, si bien es cierto, pueden no cobrar su sueldo al 100%, si cobraría un porcentaje del mismo, con el que puede afrontar sus gastos más imperantes durante un mes, sabiendo, que al mes siguiente sí volaría.

Pero esto no está sucediendo en el caso que les presento, donde la desesperación de mis compañeros, aunado a la incertidumbre laboral y la ansiedad que causa la pandemia. Estamos ante un caldo de cultivo muy activo en personas cuyo trabajo demanda que estén atentos al 100%. Lo dije en mi columna antepasada, la fatiga en las tripulaciones de vuelo no debe tomarse a la ligera. No exagero cuando digo que un error en la aviación es sinónimo de tragedia.

Es preocupante la situación de mis colegas sobrecargos de Aeroméxico, que le han entregado muchos años de su vida a la empresa del Caballero Águila. Es triste saber que antiguos compañeros de Mexicana de Aviación, tras quedar desempleados, y habían encontrado una segunda oportunidad en Aeroméxico, hoy su trabajo penda de un hilo. Pero es frustrante documentar que quien debiera velar por las condiciones de sus agremiados y tutelar sus derechos laborales primigenios, básicos e irrenunciables, sea su propio verdugo; pero de eso hablaré largo y tendido en una columna futura.

Ximena Garmendia

Esta columna fue originalmente publicada el 4 de agosto del 2020, en enero del presente año, los sobrecargos acordaron recortar sus contratos por cuatro años.

20 junio 2021

Cumplimos 15 años

 El día de hoy no habrá columna semanal, el día de hoy festejamos 15 años informando lo que más nos apasiona, "la aviación".

Muchas gracias a ustedes por seguir este pequeño medio de comunicación que nació hace 15 años como una necesidad de una sobrecargo de a pie de darles información a sus compañeros y con ello, tomar mejores decisiones laborales. 

Hemos crecido tanto que ya no sólo ahondamos en la vida laboral de los sobrecargos agremiados a la ASSA de México, ahora tocamos también temas de otros sindicatos como ASPA, Independencia, STIA, SNTTTASS, Sección 15 y SINACTA. Siempre analizando los acontecimientos en el mundo aeronáutico desde el punto de vista del trabajador.

Agradezco el acompañamiento de ustedes durante todos estos años, se dice fácil pero no lo es, y esperamos seguir teniendo Sobrecargo Informa "pa rato".

De todo corazón, gracias por este aniversario número 15, ¡ya somos quinceañeras!

Atentamente

Ximena Garmendia 

creadora y mente detrás de Sobrecargo Informa



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