El legado de Mexicana
El domingo pasado Mexicana de Aviación cumplió 105 años y para no perder la
costumbre, hubo voces que se quejaron amargamente. Para mí, la memoria
histórica lo es “todo”, y no es gratuito; en mi historia personal éramos siete
hermanos, y ahora sólo quedamos tres, a los demás me los arrebató el Alzheimer
juvenil, por eso para mí es fundamental no perder la memoria porque es Historia
(así con mayúscula), y los seres humanos hacemos la nuestra propia, siempre
influidos por el pasado, parafraseando a Marx.
Por eso no me puede pasar de noche el aniversario de Mexicana de Aviación, fundada
en 1921 como “Compañía Mexicana de Transportación Aérea” (CMTA), teniendo como
primer pasajero a Humberto Jiménez, que era el pagador de la “Compañía Mexicana
de Petróleo El Águila”, y así la ruta a Tampico, con escala en Tuxpan, se
convirtió en la cuna de la aviación comercial.
En 1924 cambió de nombre a Compañía Mexicana de Aviación, tal y como todos
la conocimos hasta su forzosa bajada de vuelo en 2010. Mexicana fue la primera
línea aérea comercial de carga, y después comenzó a transportar pasajeros,
hasta que en 1928 comenzó con la aventura de transportar correo.
Imaginen a qué grado tuvo importancia Mexicana que en la actualidad las
concesiones que se otorgan a particulares para la explotación de una línea
aérea todas comienzan con las mismas palabras, “Concesión para prestar el
servicio público de transporte aéreo nacional regular de pasajeros, carga y
correo”.
Por eso jamás debemos de olvidar su historia. Veo a mucha gente enfadada
porque la nueva aerolínea hace uso del nombre, pero se les olvida que los
trabajadores aceptamos vender la marca comercial, y que se nos pagó por ese
motivo.
Más allá de eso, el coraje que se les nota a muchos kilómetros a la
redonda, es porque consideran que la nueva Mexicana no es la antigua, ¡y claro
que no lo es!, es otra empresa completamente distinta.
De hecho no tiene ningún nexo con los ex trabajadores de Compañía Mexicana
de Aviación (CMA), pues la Aerolínea del Estado Mexicano (AEM) solamente
usufructa la marca comercial, sin embargo, sí continúa con el legado de la
antigua.
No me lo cuentan, yo he podido comprobar que a muchos pasajeros les causa
emoción volver a ver el nombre de Mexicana, y ahora que me han invitado a vuelos
inaugurales de rutas de la nueva Mexicana, veo a la gente hablar con mucha
nostalgia, recordando la primera vez que volaron con CMA, y manifiestan que les
encanta poder hacerlo de nuevo.
Para los pasajeros, es como si la línea aérea hubiera entrado en una pausa
y luego regresado; a ellos no les importa si es la antigua o la nueva, para
ellos es volver a volar en Mexicana, y al final eso es algo valioso: no perder
esta maravillosa marca por la que la gente siente apego.
Que la gente establezca lazos con una marca, es una de las cosas más
difíciles de posicionar, podrás tener todo un departamento de publicidad detrás
que te respalde, pero si la gente no la “siente cercana”, no se relacionará con
ella, por eso es importantísimo lo que ha logrado la nueva aerolínea del
gobierno.
Primero porque consiguió que no se olvide el nombre de Mexicana, y evitó
que el nombre engrosara la enorme lista de líneas aéreas que habitan el
cementerio. Y aunque es una empresa completamente distinta, sí les puedo
asegurar que conserva por completo todo el espíritu de la antigua; se nota que
nos estudiaron a la perfección.
Hoy por hoy es una línea aérea de modelo de bajo costo, esto es, el
servicio a bordo se vende, no es gratis como en la antigua, cuyo modelo era
tradicional; sin embargo la atención de los sobrecargos se lleva un sobresaliente.
Y lo digo con toda sinceridad, siempre que me subo a un avión examino
absolutamente todo, desde cómo reciben al pasajero, cómo dan sus anuncios de
seguridad y cómo ofrecen su servicio a bordo.
Tengo que decirlo, lo hacen de una forma magnífica, de entrada, cuidan a la
perfección su imagen, lo cual me parece fundamental, van perfectamente
uniformados, las mujeres muy bien peinadas y maquilladas, y traen una buena
disposición permanente.
La forma de acercarse para ofrecer el servicio siempre es con una sonrisa, son
muy amables y profesionales en lo que hacen, y por eso no me canso de felicitarles,
porque conozco el trabajo y sé a la perfección qué es lo que se requiere para
dar un buen servicio; para mí es muy fácil reconocer cuando “cuachalotean” y
nada más están ahí porque no les queda de otra, no porque les guste su trabajo.
Los compañeros de la antigua que opinan que esta es una “Mexicana patito”,
lo dicen sin haber volado en la nueva línea aérea; esto es, emiten una opinión
basada en un simple prejuicio, y no contentos con eso, se les olvida que ya
cobraron por la venta de la marca, “tres pesos” si quieren, pero de verdad no
había de otra.
No fue la más justa (lo he dicho siempre), pero sí la salida más digna que
se encontró, porque hoy el responsable del quebranto de la aerolínea sigue libre,
sin cargos judiciales, y sin pagarnos lo que nos debe.
Impunidad vergonzante que logró gracias a todos los actores políticos que
lo solaparon y le permitieron cometer un atropello atroz en contra de Mexicana,
y todos sus trabajadores. ¡Ni perdón, ni olvido!
En fin, para mí sí es importante que una fecha histórica, como el
aniversario de la antigua Mexicana, no pase de noche. No puedo evitarlo, me
emociona pasar la estafeta a la nueva; me entusiasma que los “nuevos
trabajadores” la aceptan con seriedad y compromiso. Me da gusto que esta
aerolínea ya empezó a crear su propia historia, y que lo hace resguardando el
legado histórico. ¡Me encanta!, porque la Primera siempre será la Primera.





