Los sobrecargos de ASSA atentando contra sí mismos
Veo los resultados de la consulta, y tengo que decirlo con todas sus letras:
los sobrecargos de ASSA son esos seres que siguen sin aprender del pasado y
están más que negados a entender que existen decisiones que a los únicos que
hacen daño, es a ellos mismos.
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| Fotografía tomada del perfil de Facebook oficial de ASSA de México |
Lo he dicho fuerte y claro: “no hay peor enemigo de un sobrecargo, que otro
sobrecargo”, y en este caso queda más que evidente. Ya de por sí la famosa
Reforma del 2019 “deslactosó” el proceso del estallamiento a huelga, pero hoy
podemos comprobar que no fue gratuito, ni mucho menos una casualidad.
Hay gente que todavía cree que, si el “Tío Sam” interviene
en México, es para salvarnos. Pero
¡abramos los ojos!, una realidad es que esta reforma a la Ley Federal del
Trabajo se hizo para darle gusto a los gringos, y aprobaran la firma del T-MEC.
A los norteamericanos no les gusta el tema del sindicalismo, les provoca
prurito y escozor; entre menos sindicatos existan, mejor para ellos. Por eso la
Reforma Laboral del 2019, no fue pensada para beneficiar a la clase obrera,
sino todo lo contrario.
Nuestros legisladores dijeron que se hizo para que los procesos fueran más
“transparentes”, pero en los hechos resultan ser tan engorrosos y burocráticos
que se entorpece tanto el derecho a estallar una huelga, que más bien parece
una mortaja hecha a la medida de ese derecho laboral tan importante.
Antes de la reforma, los trabajadores solamente requerían de una asamblea
con el quorum suficiente para decidir a mano alzada si se iban a huelga o no. Ahora,
gracias a la Reforma Laboral del 2019, esto ya no es posible, pues se requiere
que más del 50% de los trabajadores agremiados voten de manera personal,
intransferible, directa y secreta, y no dentro de una asamblea; y dada la
naturaleza del trabajo de los sobrecargos, la votación dura 10 días.
Este formato merma cualquier estallamiento, y le quita todo el peso que
tenía la huelga, dejando a los trabajadores completamente desamparados, porque
si la huelga estallada no cumple con todos los requisitos legales, lo más
seguro es que sea declarada inválida.
Eso es, sin medias tintas, la burocratización utilizada para “deslactosar”
el estallamiento a huelga, y con ello quitarle poder a los trabajadores. Yo no
sé si un buen número de los sobrecargos agremiados a ASSA viven en la
ignorancia más profunda, o si la abulia e indolencia los vuelve entes tan
maleables, que se dejan convencer por voces que no buscan mejorar sus
condiciones laborales, sino que su único objetivo real es regresar al poder.
Estoy dispuesta a debatirlo seriamente, ¿alguien me puede explicar la
sinrazón de votar en contra de la retabulación? Cuando es justamente la planta
de los sobrecargos bajo el Contrato B a los que más les beneficiaba. ¿Me están
diciendo que prefieren seguir cambiando de tabulador cada 10 años y no cada 5? Simplemente
no lo entiendo.
¿Por qué votaron en contra de retabular su salario cada 5 años?, ¿por qué prefieren
quedarse con el que cambia cada 10? Me
parece un error garrafal creer que esa es una estrategia exitosa para mejorar
laboralmente. Francamente creo que alguien les está vendiendo humo.
No hay otra explicación para estos números. Son un total de 3,189
sobrecargos agremiados a la Asociación Sindical de Sobrecargos de Aviación de
México (ASSA) al servicio de Aerovías de México S.A. de C.V., y han rechazado
el MAYOR logro en años, que es retabular el salario de los sobrecargos que
están dentro del Contrato Colectivo B o “Anexo” como le llaman de forma
“eufemística”.
El resultado de la votación de la consulta sobre el “Proyecto de
modificación contractual y salarial 2026”, refleja que a favor votaron
851 compañeros que entendieron perfectamente
el momento geopolítico por el que está atravesando Aeroméxico.
Pero son 1,275 sobrecargos que votaron en contra. ¡Claro que tienen derecho
a decidir el sentido de su voto! Eso no está a discusión, así funciona la
democracia, pero la democracia no se limita únicamente a un sistema
electoral, sino que es un sistema de vida, que busca el constante mejoramiento
económico, social y cultural. Es decir, además de un derecho es una enorme responsabilidad.
En ese sentido, espero que
esos 1,275 sobrecargos que votaron en contra asuman la responsabilidad de su
sufragio, y no culpen de su
oligofrenia a la actual representación sindical. Porque déjenme decirles que
esta historia ya la viví.
En el año 2009 tuve la desgracia (y lo tengo que decir así) de lidiar con
los sobrecargos de Aeroméxico que no aceptaban su responsabilidad; fue
un año en que querían quemar el sindicato, cuando se dieron cuenta, y vieron
“de cerca” las consecuencias de haber aceptado un convenio de ahorros propuesto
por su empresa.
Yo siempre estuve en contra de dichos convenios, y así lo dije todo el
tiempo; sin embargo, votaron a favor, y “tres doritos después” los tenía
tratando de derribar la puerta de mi oficina, para crucificarme.
No es lo mismo trabajar con un ente vivo, como lo es un sindicato, que “crear”
una reforma desde un escritorio,
sin saber cómo funciona en los hechos, y sin considerar que en su interior
existen grupos, intereses, alianzas y pasiones, a veces tan endebles y
volátiles que terminan por crear empantanamientos.
Nuestros Estatuto en vigor no prevé qué hacer en estas situaciones, porque
la Reforma prevé los siguientes escenarios:
- ·
Si la mayoría aprueba los términos
del contrato o convenio, se realizará su registro ante el CFCRL.
- ·
Si la mayoría rechaza los términos
del contrato o convenio, el sindicato podrá estallar la huelga o prorrogar el
emplazamiento para volver a negociar y, en su caso, someter el acuerdo a nueva
consulta.
Pero seamos sinceros,
porque las siguientes preguntas no tienen clara respuesta: ¿los sobrecargos de
Aeroméxico ya están listos para estallar una huelga?, ¿cuántas veces más pueden
salir a consultar de nuevo a la base?, ¿cuántas veces los sobrecargos pueden rechazar
los resultados de la negociación?, ¿se puede volver un cuento de nunca acabar?,
¿cómo se da por finiquitado el proceso?, ¿se vale decir que “cada quien se va
con su golpe”?, entonces las cosas se quedarían en el estado que estaban antes
de la revisión al Contrato Colectivo de Trabajo, o en palabras simples: se pierde
la revisión.
Alguien tiene que decirlo:
si “se pierde la revisión” no va a ser culpa de la representación sindical,
sino de los sobrecargos que votan en contra porque creen “merecer más”; porque lo
sabemos todos, ese el discurso que está moviendo la gente de Ricardo Del Valle,
haciéndoles creer a la base que si rechazaban la propuesta, podrían exigir más
a Aeroméxico.
Sin darse cuenta de que, al
votar en contra, al único que benefician es precisamente a Aeroméxico, pues ya
no se verá obligada a dar una retabulación de salario a los 5 años, y se queda en
10. ¿No me digan que jamás pensaron que rechazaban la retabulación? Al ser
mayoría la gente del contrato B, era el único logro por el que de verdad valía
la pena luchar.
La gente de Ricardo Del
Valle se está reacomodando políticamente, y como lo dije líneas más arriba, queda
claro que no está buscando la mejora de las condiciones laborales de los
sobrecargos; de haber sido así, hubiera invitado a la gente a votar a favor, y aprovechar
que la empresa ya había aceptado la retabulación de salario a los 5 años, y no
a los 10 como actualmente están.
Lo que persiguen es
demostrar que tienen el músculo suficiente para tirar una revisión de contrato,
y salir a culpar a la actual representación sindical. Su interés es posicionarse
como la opción en las próximas elecciones en ASSA. Algo tan básico y predecible,
como darse cuenta de que las condiciones de los agremiados están en un tercer o
cuarto plano.
Porque saben de antemano
que los sobrecargos no van a estallar ninguna huelga. Ahora la parte más
delicada: la Reforma Laboral del 2019 no aclara cómo salir del empantamiento en
caso de que se vuelva a negociar y otra vez se consulte a la base, y el
resultado sea negativo, porque se pueden seguir así de aquí a la eternidad.
Nuestro estatuto no tiene
prevista la figura de la consulta; sí la de Juntas Particulares, pero éstas no
lo son. Cuando en el pasado nos llegó a suceder, solíamos dar por terminadas
las votaciones y darle “fire” a la propuesta, con todas las consecuencias que conllevaba,
entre ellas el riesgo de que la empresa se levantara de las mesas y a cambio pidiera
un convenio de ahorros; porque está en todo su derecho.
¿Les hablaron de esa
posibilidad cuando los convencieron de votar en contra? En la mesa ya había una
ganancia concreta, y subieron la apuesta al rechazarla; una jugada riesgosa que
se puede convertir en un balazo en el pie.
No les voy a hablar bonito,
y mucho menos a endulzarles el oído, quiero ver cómo salen de este berenjenal en
el que se metieron, ya sea por manipulables, por indolentes, por crédulos, o de
plano por ignorantes.
¡No tienen que creerme a
mí! Los invito a que debatan entre ustedes, se informen, pidan cuentas,
pregunten y contrasten versiones. Tomen las riendas de su vida, y si existe una
nueva consulta, voten de manera responsable. Si las consecuencias son las que
esperaban, ¡felicidades!, pero si son adversas, estarán tranquilos de que su
voto fue en consciencia, y no tendrán que derribar ninguna puerta, ni
crucificar a nadie.
