30 mayo 2021

Aeroméxico y la Soberanía Nacional

 

Aeroméxico y la Soberanía Nacional

 

Para el ciudadano de a pie, las noticias entorno a las empresas de aviación no suelen ser muy llamativas, a menos que haya comprado un boleto y esté preocupado por su vuelo, estará atento a que le respeten su reservación, que le hagan un reembolso o su cambio de vuelo, que no vaya a perder sus puntos/kilómetros de su tarjeta de cliente frecuente o como se llame su respectivo programa de lealtad; la verdad es que para la gran mayoría no resulta ser un tema muy atractivo.



Pero ¿qué tal si les contara que las empresas de aviación en este país son concesiones que otorga el Gobierno Federal para que un particular las explote? Así la cosa cambia ¿no? y es que las aerolíneas utilizan el espacio aéreo, que es de la nación. Yo sé que es algo intangible, que no se ve; pero como país es algo primordial, sobre todo la soberanía aérea, que no es un tema menor.

Hoy toca el turno de contarles brevemente la historia de la empresa del caballero Águila, mejor conocida como Aeroméxico. Nació en 1934 como Aeronaves de México, y a diferencia de Mexicana de Aviación, la empresa quebró en 1988, a raíz de una huelga de trabajadores, y luego fue requisada por el gobierno. Tras escasos cinco meses fuera del aire, volvió al mercado bajo la razón social: Aerovías de México.



En los años 90tas, el gobierno de México aceptó la creación de la empresa controladora CINTRA, con el pretexto afrontar la crisis financiera por la que atravesaban las dos líneas aéreas más grandes del país, que eran estatales. Podemos buscar palabras rimbombantes y tecnócratas, pero se trató de una “privatización”. Cintra empezó a controlar tanto a Aeroméxico como a Mexicana de Aviación, así como a la ahora extinta AeroPerú. Como Director de la controladora fue nombrado Andrés Conesa Labastida, quién no tenía experiencia en el ramo de la aviación, pero su paso por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, amén de ser sobrino del candidato a la presidencia Francisco Labastida, fueron credenciales suficientes para que “el zedillato” colocara a este junior en el cargo.

¿Cómo quedaron las acciones dentro de la controladora? El gobierno con el 55% y los bancos acreedores con un 35%. El restante 10% quedó en la Bolsa Mexicana de Valores. Un punto importante que no debemos olvidar, es que unos años más tarde, el porcentaje que tenían los bancos quedó en “la panza” del rescate bancario ejecutado por el Fobaproa, hoy IPAB. Así es, señoras y señores, los contribuyentes, nuestros hijos, y nuestros nietos estaremos pagando esas aerolíneas, gracias a ese “rescate” financiero.

Era momento de empezar a desmantelar la carpa llamada “Cintra”. AeroPerú quebró en 1999, y en 2005 el Grupo Posadas, dueño de los Hoteles Fiesta Americana, compró a Mexicana de Aviación. Andrés Conesa, como presidente del Consejo de Administración de Cintra, confirmó que Aeroméxico sustituiría a la emisora Cintra ante la Bolsa Mexicana de Valores, y en el mismo “enroque”, se quitó la gorra de CINTRA y se puso la de Aeroméxico. ¿Conflicto de intereses? ¿Información privilegiada? No, por favor, queridos lectores, no sean tan mal pensados.



Cintra todavía administraba a otras empresas que representaban hilos sueltos, e impedían “el carpetazo”, pero se resolverían de una manera por demás práctica. Las acciones de Seat, empresa de servicios de apoyo terrestre aeroportuario, Aeromexpress, Alas de América, Sabre SST y el caso de ITR, se dividieron en un salomónico 50% para grupo Aeroméxico y el otro 50% para Mexicana de Aviación. Pero apenas 5 años más tarde Mexicana dejaría de volar a consecuencia de un fraude sin precedentes por parte de Grupo Posadas, y operado por el todavía prófugo de justicia Gastón Azcárraga. ¿Quién se quedó con ese 50% de Mexicana? Efectivamente, hoy Aeroméxico detenta el 100% de las empresas antes señaladas.

Una vez que se disolvió Cintra, Banamex se interesó en comprar Aeroméxico, pero recordemos ese 35% de acciones que están en la panza del IPAB, igual que una larga lista de créditos “incobrables” de Banamex. ¡Santos impedimentos legales que impiden esa operación! No se preocupen, para eso llegó a la Presidencia de la Nación el generoso Felipe Calderón, quien arregló la venta para el banco y sus 14 socios. Con verdaderos artilugios y alquimia bursátiles, que en otra ocasión desglosaremos en este espacio, el entonces dueño de Banamex, José Luis Barraza, que algunos recordarán por apoyar el fraude electoral de 2006, compró Aeroméxico por 241 millones de dólares, y sin pagar impuestos. ¿Dije alquimia bursátil? Sí, dije bien.

José Luis Barraza, acusado por Andrés Manuel López Obrador de beneficiarse del Fobaproa y financiar la "campaña sucia" en su contra en 2006, adquirió Aeroméxico y Aerolitoral, con una flota de 108 aeronaves (29 más que Mexicana), 1,234 permisos para aterrizar y despegar (slots) en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, así como su propia terminal del AICM, la Terminal 2.

Nada mal. Sin embargo como sucede en estas historias, José Luis Barraza se deshizo de sus acciones para vendérselas a Eduardo Tricio, quien a su vez, en 2016, vendió a Delta Airlines el 39.8% de acciones. Al día de hoy, de manera pública, Delta tiene el 49% de las acciones de la aerolínea del caballero Águila.



Esta es la razón, por la cual Aeroméxico puede acogerse al Capítulo 11 de la Ley de Quiebras en Estados Unidos. En el país vecino del norte la transacción se dio a conocer como una “fusión” entre Delta y Aeroméxico, pero que por así convenir a sus intereses comerciales, ambas marcas seguirían funcionando de manera paralela. En México se le dio el trato de “compra de acciones”. Primero de un 39.8%, hasta llegar al 49%.

Las reformas estructurales de la década de los noventas, así como los cambios legislativos y flujos de Inversión Extranjera Directa en México es tema para una tesis doctoral, y merecen un capítulo aparte. Lo que no voy a dejar para después es mi afirmación contundente de que en nuestro país la mentira, el engaño y sobre todo la opacidad de las ventas aquí narradas no son causalidad. El usuario promedio y el ciudadano de a pie desconocen estos detalles, que pueden ser todo, menos pequeños.

Que quede claro, cuando digo que “el cielo es nuestro” es para que no perdamos de vista que el espacio aéreo es de la nación, y el gobierno que nos representa está autorizado a concesionar, pero sigue siendo de todos los mexicanos, volemos o no. No olvidemos que la larga cadena de estatizaciones, privatizaciones y rescates de las líneas aéreas de México nos otorga el derecho de vigilar lo que se hace, y lo que se deja de hacer con ellas. No acepto el argumento simplista de que “son acuerdos entre particulares”. La soberanía nacional brinca de espanto cada vez que se afirma que Aeroméxico es nuestra línea bandera, cuando en los hechos está comprobado que es más gringa que mexicana, por eso recurre a la legislación estadounidense, antes que a la nacional.

El tema va mucho más allá de la compra de un boleto, una reservación, reembolsos, cambios de vuelo, y de acumular millas, puntos o kilómetros en un monedero. Los costos han sido muy altos para todo el pueblo, en general, como para dejarlo en manos de unos cuantos, que sí vuelan.

Ximena Garmendia

 Esta columna fue originalmente publicada el 14 de julio de 2020