25 abril 2021

Concurso Mercantil

 

Concurso Mercantil

 

Partamos desde el principio, mis estimados lectores, ¿qué es un Concurso Mercantil? La ley de Concursos Mercantiles, publicada en mayo de 2000 poco antes de que Ernesto Zedillo dejara la presidencia, tiene dos finalidades: por un lado, reducir los abusos procesales a los que se prestaba el procedimiento establecido en la extinta Ley de Quiebras y Suspensión de Pagos, y por otro la introducción de una nueva corriente en el tratamiento de los problemas de insolvencia de las empresas.



 

En palabras llanas, la nueva ley de Concursos Mercantiles trata de acortar los tiempos en los juzgados en aras de sacar de la bancarrota de la manera más pronta posible a la empresa que se acoja a esta ley. Y es que no debemos olvidar nombres como el de Alonso Ancira Elizondo, que en 1991 compró al Gobierno de Salinas de Gortari la empresa de acero Altos Hornos de México. Este empresario, como muchos otros, había encontrado una fórmula infalible para no pagar los créditos bancarios: declarar la quiebra de sus empresas.

 

Pero hablemos del presente, concretamente de Interjet. En fechas recientes, una ola de notas periodísticas impulsada por los actuales “dueños” o “accionistas mayoritarios”, es decir los Del Valle ha generado muchas dudas sobre el tema del Concurso Mercantil, y la idea poco clara y endebles argumentos de que esta familia pretende acogerse a este mecanismo jurídico. Un hecho comprobable es que tendrán una asamblea el próximo 26 de abril con el resto de los accionistas de la empresa.

 

Vamos, pues, a sumergirnos en este entramado legal, para conocer las etapas de las que consta y tener claro qué sucede en cada paso o parte del proceso. Con esto tanto usuarios, como trabajadores, y público general tendrán una idea más clara de los alcances, y la realidad detrás de este proceso legal.

 

El Concurso Mercantil es un procedimiento compuesto de tres etapas:

 

1.- La inicial, o de declaración de concurso mercantil.

 

2.- La conciliación, que tiene como finalidad lograr la conservación de la empresa del comerciante mediante el convenio que suscriba con sus acreedores reconocidos, y

 

3.- La quiebra: cuya finalidad es la venta de la empresa del comerciante, de sus unidades productivas o de los bienes que la integran para el pago a los acreedores.

 

Dejemos en claro que para poder acogerse a esta figura jurídica se requiere de la existencia de los siguientes elementos: una empresa o comercio, el incumplimiento generalizado de esa empresa o comerciante en el pago de sus obligaciones, y la pluralidad o multiplicidad de acreedores de la empresa o comercio en cuestión.

 

Además de los requisitos “normales” que debe tener todo escrito inicial de demanda, las promociones iniciales de un Concurso Mercantil, el promovente debe anexar ciertos documentos. En el caso de Interjet, por ejemplo, deben acompañase los estados financieros, la relación de los acreedores y deudores, y un inventario de sus bienes muebles e inmuebles, entre otros.

 

Pero no tan rápido; existe un punto importantísimo que no debemos soslayar. El 8 de enero del presente año, los trabajadores sindicalizados de la empresa Interjet estallaron una huelga, misma que detiene todo en el tiempo y el espacio. Las partes están obligadas a conciliar ante representantes de la Junta de Conciliación y Arbitraje. Este procedimiento no tiene un período mínimo ni máximo de duración, aunque lo óptimo es que no dure más allá de 90 días.



 

Con Interjet, la autoridad laboral ya hizo el levantamiento de los bienes embargados a la empresa por los trabajadores; falta que la JFCA siente a las partes (empresa y trabajadores) a través de sus respectivos representantes para poder pasar a la etapa de negociación, y luego la terminación de la huelga, ya sea a través de un acuerdo bilateral (empresa y trabajadores llegan a un acuerdo), unilateral, o bien por medio de una resolución de la JFCA.

 

Una vez terminada la huelga, los dueños de la empresa estarían en posibilidad de someterse a la ley de Concursos Mercantiles, si es que de verdad existe el interés es sacar a flote a una aerolínea que, debe decirse, está más que rebasada por sus propias deudas, no sólo con sus trabajadores, sino con el gobierno, con aeropuertos internacionales y un sinnúmero de acreedores. Y es que tramitar un concurso mercantil, debe demostrar que se cuenta con dinero “fresco” para paliar todas sus deudas y poder hacerle frente a una reestructuración, que es una de las finalidades de este esquema legal.

 

Pero dibujemos un escenario diferente. Imaginemos por un momento que no existe el obstáculo de la huelga, y que los Del Valle tienen luz verde para acogerse a la Ley de Concursos Mercantiles. Si así fuera, Interjet tendría que tramitar todas y cada una de las etapas que en seguida desgloso, y que son, el tantas veces mencionado, Concurso Mercantil:



 

Al día siguiente de que el juez admita la demanda, deberá remitir copia de la misma al Instituto Federal de Especialistas de Concursos Mercantiles (IFECOM), ordenándole que designe un visitador dentro de los cinco días siguientes a que reciba dicha comunicación, del mismo modo en el mismo plazo deberá hacerlo del conocimiento de las autoridades fiscales.

 

Se designará un visitador y éste designara a sus ayudantes, el IFECOM lo deberá informar al juez y al visitador designado, el juez dictará acuerdo ordenará que se practique la visita al comerciante, que tendrá por objeto que el visitador:

 

a) Dictamine si el comerciante incurrió en el incumplimiento generalizado en el pago de las obligaciones para con dos o más acreedores, así como la fecha de vencimiento de los créditos relacionados con esos hechos, y

 

b) Sugiera al juez las providencias precautorias que estime necesarias para la protección de la masa concursal.

 

Estas podrán consistir dese la prohibición de hacer pagos hasta la intervención de la caja, entre otras.

 

Sin necesidad de citación, el juez dictará dentro de los cinco días siguientes al vencimiento del plazo de alegatos, la sentencia que corresponda, tomando en cuenta lo manifestado y probado y en especial el dictamen del visitador.

 

La etapa de conciliación tendrá una duración de ciento ochenta y cinco días naturales, contados a partir del día en que se haga la última publicación en el Diario Oficial de la Federación de la sentencia de concurso mercantil, y se deberá designar un conciliador quien deberá procurar que el comerciante y sus acreedores reconocidos lleguen a un convenio.

 

Con la sentencia de aprobación del convenio, se dará por terminado el concurso mercantil y se procedería a la declaración de quiebra o la salida del concurso mercantil.

 

Ahora, en caso de que la empresa no se haya podido reestructurar por falta de capital fresco, se puede solicitar la quiebra de la aerolínea de tres formas distintas:

 

1.- El propio comerciante o empresa así lo solicite;

2.- Transcurra el término para la conciliación y sus prórrogas si se hubieren concedido, sin que se someta al juez, para su aprobación, un convenio en términos de lo previsto en esta Ley, o;

 

3.- El conciliador solicite la declaración de quiebra y el juez la conceda.

 

Si solamente tomáramos como referencia el texto legal, y los tiempos que establece, de verdad un Concurso Mercantil se tramitaría muy rápido. Pero sabemos que la realidad dista mucho de lo que la ley prevé. A 20 años de la entrada en vigor de este cuerpo legal, existen voces piden la creación de juzgados especializados en concurso mercantil, porque los juicios son interminables.

 

Resulta muy tentadora, por fácil y chabacana, la idea de comparar un posible concurso mercantil de Interjet, con el proceso que desde hace diez años lleva la empresa Mexicana de Aviación; pero debo decirles estimados lectores, que esa es una mala e incorrecta idea. No se pueden comparar peras con manzanas.

 

Y es que el concurso de Mexicana de Aviación estuvo desaseado desde el principio. Cayó en un sinfín de irregularidades desde el principio, porque había una consigna política de impedir que volviera a surcar los aires.

 

Y no estoy especulando, yo personalmente escuché en vivo y a todo color la declaración hecha por el entonces Secretario de Comunicaciones y Transportes Juan Molinar Horcasitas: “En este país no hay espacio para dos aerolíneas bandera, sólo una puede sobrevivir”, y bueno, la aerolínea sobre la que cayeron las bendiciones de la administración panista de Felipe Calderón, hoy tiene serios problemas. El 50% de su capital es estadounidense; tiene un préstamo de millones de dólares; está tramitando en Nueva York un juicio con base en la ley de quiebras (Capítulo 11); recortó planta de trabajadores; rasuró (pauperizó) los contratos colectivos de trabajo… a pesar de todo ello, el día de hoy sigue tratando de salir avante del tema de la pandemia por Sars-Cov-2. Si las barbas de Aeroméxico están siendo recortadas, yo creo que Interjet ya debería estar remojando la suya.

 

 

Ximena Garmendia

25 de abril 2021

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18 abril 2021

Ruido insoportable

 

Ruido insoportable

 

“Dices que tienes corazón, y sólo lo dices porque sientes sus latidos; pero lo que tienes no es corazón, es una máquina que al moverse hace ruido”. Lo anterior lo escribió Gustavo Adolfo Bécquer, en 1868, y viene a cuento porque en esta columna hablaremos del ruido. Recientemente el SENEAM (Servicios a la Navegación en el Espacio Aéreo Mexicano), realizó algunos cambios y ajustes a los patrones de vuelo, y esto provocó que algunos habitantes del sur de la ciudad expresaran su molestia por el “insoportable ruido de los aviones”, afirmando incluso que impedían o interrumpían sus horas de sueños de forma considerable.



 

En los días pasados, ríos de tinta corrieron en diversos medios, ya sean escritos, tradicionales, alternativos o digitales, con un factor en común: la referencia a “el insoportable ruido”.

 

Sin embargo, en este espacio no vamos a analizar el estudio que sobre el particular hizo un grupo independiente, ni tampoco desglosaremos todos y cada uno de los cambios y estudios correspondientes realizados por parte del SENEAM. Quiero invitarlos a que hablemos de un tema mucho más profundo y nos hagamos la siguiente pregunta: ¿por qué nos resulta molesto el ruido? Siendo sincera, ese “ruido insoportable” no lo es; más de 15 años viví en la Colonia Narvarte, en un departamento en el primer piso de un edificio que daba a un eje vial. Yo venía de vivir en la casa materna, ubicada en un fraccionamiento de Coyoacán y ahí, cuando pasaban los aviones por encima, lo hacían a tal altitud que uno ni se daba cuenta.



 

Con mi cambio de domicilio a Narvarte, lo primero que llamó mi atención fue que todos los aviones pasaban a baja altura, ya enfilados para aterrizar en el aeropuerto capitalino. Ahí sí, cada que pasaba un avión, había que subirle al volumen al televisor para no perder detalle de la transmisión o programa que uno estuviera viendo.



 

Hoy vivo en una de las zonas por las que antes no pasaban los aviones, pero que desde hace unas semanas lo hacen. Debo decirles que mi calle es empedrada, y las más de las veces el ruido que hace un coche al pasar, opaca y oculta el “ruido insoportable” de los motores de un avión que pase al mismo tiempo.

 


Entiendo que al cumplir un año con restricciones de movilidad a causa de la pandemia por Sars-Cov-2, y con la incertidumbre que vivimos de manera constante, es normal y hasta razonable que cualquier “ruido nuevo” nos irrite de sobremanera. Pero en el caso concreto, la sobredimensión de este tema ha llevado a un grupo de personas a “juntar firmas” para impedir el sobre vuelo de las aeronaves.

 

En honor a la verdad, para quienes vivimos dentro de la industria aeronáutica, el sonido de los motores de los aviones es “música” para nuestros oídos, no sólo porque nos gusta la aviación sino por todo lo que ese sonido significa y la importancia que tiene. No pretendo que todos opinen igual que yo, simplemente pongo sobre la mesa las dos caras de la moneda, para que esta revisión sea lo más objetiva posible.

 

Y es que todos requerimos de ciertos bienes para nuestra vida, también debemos considerar que muchos de ellos sólo llegan a nuestro país a bordo de aviones, tal como son las vacunas y una lista enorme de medicamentos e insumos hospitalarios, al parejo que ropa, accesorios, herramientas, alimentos y toda clase de insumos necesarios para nuestra vida.

 

Escuchar la actividad de los aviones que vuelan sobre nuestra cabeza significa que la industria va para adelante (o por lo menos se mueve) después de meses en los que casi el 80% de la flota nacional estuvo en tierra, atrayendo con ello desempleo y recortes salariales, así como lamentables disminuciones a los derechos laborales de los trabajadores.



 

Porque no debemos olvidar que los trabajadores de la industria aérea no están aislados del resto de trabajadores del país; ellos al igual que muchos asalariados (burócratas, oficinistas, profesionistas, comerciantes, artistas y obreros) han tenido que experimentar nuevas formas de trabajar, que resumen en la fórmula: rinde más y gana menos; lo peor es que estos nuevos modelos serán implementados con el resto de los trabajadores del país. ¿Creen que exagero? Tengo ejemplos: el caso de las demandas por Conflicto Colectivo de Naturaleza Económica; la posibilidad de solamente pagar por hora a los trabajadores; y así un largo etcétera.

 

La aviación es sinónimo de progreso y bienestar, así como en su momento lo fueron los ferrocarriles en este país. Es normal que perturbe el sonido de un avión sobrevolando tu hogar, pero es injusto etiquetarlo de “insoportable” como si solamente despegara con la finalidad de dar vueltas sin más objetivo que contaminar. No, estimados lectores, no es así. Esa aeronave lleva en la panza sueños, esperanzas, alegrías… y el día que dejemos de tener aviación en este país, ya podremos llorar.



 

Cierro esta columna con la siguiente reflexión: la importancia de tener una aviación nacional sólida que no esté al contentillo de las aerolíneas extranjeras es de vital importancia en el desarrollo de este país, pero a esa meta solo podremos llegar con un cambio de actitud de nosotros como ciudadanos. No podemos, y no debemos, estar supeditados a terceros, y no podemos ver cruzados de brazos cómo las divisas se van del país, en lugar de quedarse.

 

Hay un dicho que a mi me encanta: “París bien vale una misa (Paris vaut bien une messe)”. Es atribuido a Enrique de Borbón, quien fuera protestante y tuvo que convertirse al catolicismo para poder reinar Francia. Hoy sostengo que vale la pena soportar el ruido de aviones sobre nuestras cabezas, a cambio de mantener fuentes de empleo, soberanía nacional, interconexión en el país, celeridad en el comercio, mayor oferta de vuelos que los haga menos costosos al usuario final y dinamismo económico.



Ojalá que este “ruido insoportable” sea el megáfono que atraiga las miradas de la ciudadanía, y voltee a ver todas y cada una de las cosas que nuestra industria aeronáutica nacional requiere de verdad. Ojalá que todos esos ciudadanos que hoy quieren unirse para juntar firmas, sean los mismos que mañana estén exigiendo al Jefe del Poder Ejecutivo (independientemente del partido que lo haya postulado) la creación de una verdadera aerolínea estatal; ojalá sean estos mismos ciudadanos y muchos más, los que pidan rendición de cuentas de todos los empresarios que defraudan a diestra y siniestra tanto a trabajadores como a usuarios; ojalá sea un grupo nutrido de contribuyentes los que a través de plataformas digitales hagan sonar su voz inconforme por la silenciosa y rapaz pauperización de los trabajadores de las aerolíneas. Estos son solo tres ejemplos, los primeros que me vienen a la mente, que de verdad son “insoportables”, no el ruido de los aviones, por favor.

 

 

Ximena Garmendia

18 de abril 2021




11 abril 2021

Entre la FAA y la AFAC, ¿no hay nada personal?

 

Entre la FAA y la AFAC

 

Seas un usuario de la industria aeronáutica, o un ciudadano que no suele volar en avión, debes saber que la Agencia Federal de Aviación de los Estados Unidos de Norteamérica (FAA, por sus siglas en inglés) cada 10 años realiza una auditoría a la Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC), antes conocida como la DGAC (Dirección General de Aviación Civil), aunque sea un tema poco llamativo, y aparentemente árido. Para quienes estamos de una manera u otra inmersos dentro de la aviación, es un tema primordial, del cual debemos estar muy atentos, pues sabemos los alcances que puede tener esta auditoría.



 

Hace 10 años, déjenme platicarles, los resultados de dicha auditoría arrojaron resultados tan desastrosos que por meses, los mexicanos estuvimos como país, degradados a categoría 2. Dicha auditoría se puede consultar en la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, dentro del llamado “Libro Blanco”; son 70 hojas que nos cuentan a detalle todas las consideraciones que tomó la FAA para degradarnos a la fatídica “Categoría 2”, y concluye con el cómo se pudo obtener de nuevo la anhelada “Categoría 1”. Dicho documento nos explica qué son las categorías 1 y 2:

 

La Categoría 1.- Si cumple con estándares de la OACI, Inspectores de la FAA evalúan a una Autoridad de Aviación Civil y determinan que el otorgamiento de licencias y la vigilancia de los transportistas aéreos se efectúan de acuerdo a los estándares de seguridad operacional de aviación de la OACI.

Categoría 2.- No cumple con los estándares de la OACI. La FAA realiza una evaluación a la Autoridad de Aviación Civil del país y determina que presenta uno o más de las siguientes deficiencias:

 

El país no posee leyes o reglamentos necesarios para complementar la certificación y vigilancia de los transportadores aéreos de acuerdo a estándares mínimos internacionales.

 

La Autoridad de Aviación Civil no posee la experiencia técnica, recursos e institucionalización para otorgar licencias o vigilar las operaciones de los transportadores aéreos.

 

La Autoridad de Aviación Civil carece de personal técnico debidamente entrenado y calificado.

 

La Autoridad de Aviación Civil no suministra guías adecuadas a los inspectores para cerciorarse de la ejecución y cumplimiento de los estándares mínimos internacionales.

 

La Autoridad de Aviación Civil no posee suficiente documentación y registros de certificación o presenta inadecuada vigilancia continua de las operaciones de los transportistas aéreos.



 

Ahora, en términos llanos y para una mayor claridad usaremos de ejemplo a Volaris y las vicisitudes que tuvo cuando el país fue degradado a Categoría 2. Para ello nos documentamos en una nota publicada por Expansión el 19 de octubre de 2010, que recoge una declaración de su director Enrique Beltranena; “La degradación de la calificación de la aviación mexicana provocó que Volaris dejara de percibir 20 millones de dólares, debido a que no pudo iniciar vuelos a cuatro ciudades de Estados Unidos. El director de la empresa, Enrique Beltranena, puntualizó que los destinos cancelados son Chicago, Las Vegas, Phoenix y Miami.”

 

De manera muy clara vemos en caso de ser nuevamente degradados, las aerolíneas mexicanas dejarían de volar hacía Estados Unidos e incluso a Canadá al no poder sobrevolar el espacio aéreo norteamericano. Y como usuario eso significa que la oferta queda a merced de las aerolíneas extranjeras, concretamente norteamericanas, quienes decidirán qué rutas y slots explotar y cuales no, relegando a nuestro país.

 

Esto nos afecta independientemente de si trabajamos o no dentro de la industria, pues en esta época de crisis por la pandemia, podría empujar a más recortes tanto a trabajadores como a las condiciones laborales; como usuario, habría menos opciones para volar, y como ciudadano, menos entradas de divisas por cuestión de turismo.

 

Todo lo anterior es a muy grandes rasgos y con la intención que quede claro el por qué de la importancia de mantener la Categoría 1, que se antoja difícil por las decisiones erróneas que se han tomado desde la SCT.

 

En aras de combatir la corrupción se hicieron diferentes tipos de recortes, pero sin entender el mecanismo interno de la institución. Mencionemos la indolencia mostrada por la propia SCT al tardar meses en nombrar un director de la AFAC tras la salida del anterior; tenemos un caos dentro de Medicina de Aviación con el tema de los exámenes médicos para poder revalidar la licencia que permite a los tripulantes seguir volando, y así podemos nombrar un largo etcétera.



 

Es por ello, que de manera constante subrayo que debe verse a la industria aeronáutica como esencial dentro del desarrollo del país, y que no podemos dejar al “ahí se va” toda la industria, pues además de que de ella dependen muchísimas personas, a nivel macroeconómico afecta y mucho al ciudadano de a pie.

 

Sí les gustaría saber más sobre la historia con pelos y señales, así como los actores que durante el calderonato hicieron que el país pasara a Categoría 2, pueden seguirme en mis redes sociales y dejarme un comentario ahí.

 

Ximena Garmendia

11 de abril 2021


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28 marzo 2021

Semana Santa y la recuperación del mercado aéreo

 

Semana Santa y la recuperación del mercado aéreo

“El fin justifica los medios”. No vamos a discutir aquí si la frase es de Maquiavelo o de Napoleón Bonaparte. Por ahora solo nos interesa su significado: que cuando el objetivo final es importante, cualquier medio para lograrlo es válido. En la aviación, la Semana Santa es una de las mejores épocas, y en vista de lo alicaído del mercado por el tema de la pandemia del SARS-Cov-2, se vuelve un empuje más que necesario.



Pero una pregunta surge en mi cabeza: ¿a qué precio? En este y otros espacios he hablado largo y tendido de las actuales condiciones laborales de los trabajadores de la industria aeronáutica. Hemos escuchado, escrito y leído sobre términos como Concurso Mercantil, Capítulo 11, reestructuración, e incluso Demanda por Conflicto Colectivo de Naturaleza Económica. Las empresas dentro de la industria han zanjado acuerdos de una u otra manera con sus empleados, obteniendo diversos tipos de recortes al gasto operativo, supuestamente inevitables.

Sin embargo, todo parecía que se quedaba a nivel laboral, salarios recortados, eliminación de ciertas prestaciones, pagos diferidos en algunos casos, y un largo etcétera.

Con la llegada de estas fechas, coloquialmente llamados “días santos”, una luz de esperanza flota en la atmósfera, porque los vuelos se van llenando de pasajeros y eso se traduce en entradas de capital que permitirían dejar de recortar derechos laborales.

Sin duda un panorama “esperanzador”, pero… (sí, hay un “gran pero”) en el caso de la empresa del caballero Águila, su cuerpo directivo parecer ser ciego, torpe y sordomudo, pues en plena semana vacacional ha recortado las sanitizaciones a los aviones. Dicha información me ha llegado por vías distintas, las he cruzado y he obtenido información atemorizante, por decirlo de alguna manera suave. Las vidas de los pasajeros y trabajadores, es lo que menos les importa a quienes dirigen la empresa que hoy se ostenta como aerolínea bandera.



Es de una brutalidad enorme llevar a cabo estos recortes a la sanitización de las aeronaves, argumentando que representan un alto costo en plena reestructura de la empresa. Se les ha informado a los trabajadores que la sanitización se llevará en “diferentes etapas del vuelo”, esto es, proporcionarle al pasajero una botellita del alcohol gel y nada más.

El desconcierto con los trabajadores es tal, que cada vez que la empresa busca pararse el cuello por sus excelentes protocolos en cuanto al tema del Covid, los trabajadores denuncian en redes sociales, y con temor a ser despedidos, que han acudido enfermos, que incluso no hay ni papel ni jabón ni agua en los baños, elementos necesarios para frenar la pandemia. Una higiene adecuada puede ser la diferencia entre la vida y la muerte.

Pero empeñados en continuar con su reestructuración, los directivos implementan o más bien, dejan de implementar medidas tan necesarias como la sanitización de los equipos de vuelo, en aras de ahorrarse unos cuantos pesos.

Todos hemos visto en los últimos días las imágenes de los aeropuertos del país atestados de pasajeros. Si bien es cierto que se procura mantener una sana distancia, y que podemos decir que no están en un espacio totalmente cerrado y que la altura de los techos de las terminales ayuda muchísimo, no podemos decir los mismo al interior del avión, donde no hay manera de no estar encerrado junto a otros 150 pasajeros; la cosa se complica.



Si a este coctel sumamos a la gente irresponsable que miente (omite información valiosa) para poder irse a la playa de vacaciones, y agregamos al personal mal entrenado, mal pagado y con sobrecarga de trabajo, es momento de ir pensando en que la “tercera ola” viene y con una peor intensidad. Y todo se verá reflejado en un bajón más en el crecimiento que se venía dando en la industria aérea, afectando todavía más los derechos laborales y la calidad de vida de los trabajadores.

Además de prácticos, tenemos que ser inteligentes. Todos añoramos con desesperación la que era nuestra vida normal. “Un año” se dice rapidísimo; en menos de un segundo expresamos esas cinco letras, pero no pasan así de rápido 365 noches en vela por la angustia e incertidumbre que genera una pandemia inusitada como la que nos está tocando vivir. Sí, ya tenemos “vacunas”, pero no son la cura. No genera inmunidad inmediatamente, necesitan pasar semanas después de aplicado el refuerzo. Dejar de sanitizar equipos, como lo está haciendo Aeroméxico es un “exceso de confianza”, y eso en la aviación, es un “pecado mortal”.

No, estimados lectores, ese fin no justifica los medios.

 

Ximena Garmendia

28 de marzo 2021

 

 

 

 

 

21 marzo 2021

Sí nadie dice nada, yo sí

 

Sí nadie dice nada, yo sí

Soy agremiada a la Asociación Sindical de Sobrecargos de Aviación de México, y ríos de tinta han corrido en este espacio, y algunos otros, documentando todas y cada una de las triquiñuelas de la representación sindical liderada por Ricardo Del Valle, que ejerce un poder absoluto dentro del sindicato con base en un artero juego de amenazas y recompensas.



La lista es grande; desde el comportamiento de los agremiados, que se asemeja a una secta, pasando por el manejo opaco del dinero de los sobrecargos, así como el punto jamás aclarado del sobre precio en los seguros de vida de los sobrecargos.

Pero pareciera que nada hace que los engañados, vapuleados y pisoteados trabajadores levanten la cabeza y se rebelen ante el trato vejatorio que ejerce el sindicato en su contra. Su vida laboral continúa, y ellos bajando la cabeza y siguiendo dentro de un juego perverso que parece no tener fin. A pesar de ellos sigo confiando en que mis colegas se armen del valor suficiente y reclamen un trato digno, al mismo tiempo que exigen que sus representantes cumplan cabalmente con su misión.

En las pasadas elecciones uno de los cargos que salió a votación fue el de la Secretaría de Prensa; como muchos saben, fui candidata a ese cargo, igual que Ivonne Jurado, que en ese entonces era, por segundo periodo consecutivo, la Secretaria Tesorera; le era imperante “brincar” a otro cargo dentro del Comité Ejecutivo.



Sabemos que el resultado fue favorable para la candidata de Ricardo y que yo perdí. Ella hizo grandes promesas de campaña, y a casi dos meses de estar al frente de la Secretaría de Prensa, su trabajo, sí es que lo hay, ha sido invisible.



Más de un año lleva la página de ASSA en “remodelación”, pero hoy que consulté la página del sindicato, en el directorio sigue Ivonne Jurado como Secretaria Tesorera; no han hecho el cambio de los representantes sindicales. Busqué dentro del apartado de Aeromar, y me apareció una circular de la empresa Aeroméxico.



O sea, sigue siendo una página inútil e inservible para los sobrecargos, pero muy cara, pues según los informes de ASSA, mantenerla costó el año pasado $2,026,241 pesos; eso sin contar el mes de enero del 2021, sin embargo, en dicho mes se gastó tan sólo $57, 544 pesos en “Atención a periodistas”. Más de dos millones de pesos, ¿y no podemos tener una página decente y actualizada?



¿Y en las redes sociales que ASSA usa de manera oficial? sólo encontraremos “información” sobre el 8 de marzo; ya saben la imagen aleatoria con la frase motivacional random, pero no hay una sola circular de Aeromar, o de las últimas noticias con la empresa. El colmo, ni información interna tienen.



Una de las promesas de campaña de la candidata ganadora fue “sacar” una revista que llevaría por nombre “Con las alas en el corazón”. Ustedes disculpen, pero tal grado de cursilería me hostiga. Un título cutre con intención hortera, la que se supone tenía o tiene…, sí es que algún día la publican.

 “Se difundirán las historias personales de nuestros compañeros”, ¿bajo qué criterios serán escogidos los compañeros para contar, qué historias?, pero continua con su perorata, digo, su promesa de campaña. “Así como la historia de ASSA de México”

Añadió “Emitir de manera confiable, oportuna y precisa los boletines (aunque -pequeño dato cultural- en el sindicato no se maneja la figura de “boletines”; se emiten circulares y convocatorias), y comunicados de prensa (su nombre lo indica, los comunicados se envían a la prensa para su publicación, para ello existe la figura de “circular informativa”) referentes a las situaciones que afronte nuestra asociación, gestionar las redes sociales de la asociación para potenciar su presencia cómo un sindicato democrático y sólido

¿Y dónde queda el interés de los agremiados?

“Difundir quincenalmente un blog que se hará llegar tanto a la página web de ASSA cómo a los correos de nuestros agremiados”, ¿cuáles correos?, ¿los que les da la empresa? ¿es muy difícil hacer correos institucionales de ASSA?, parece que sí.

Y sigue, “transmitir un video semanal dónde se tratarán temas de la aviación nacional e internacional así como de las labores de los sobrecargos” ¿bajo que formato, en streaming, en YouTube, en historias de Instragram, en Periscope, Facebook live?

 “Contribuir a la mejora y éxito de nuestra ASSA unida…” ¡no, bueno!, parafraseando a los españoles, con esto último “flipo”. Y es que debemos tomar en cuenta que Ivonne Jurado lleva ya seis años como representante sindical, por lo tanto, el encabezar la Secretaría de Prensa no debería de serle complicado, a menos que no tenga ni la más mínima idea, porque no es lo mismo ser couch (nombre que utilizan los farsantes para hacerse pasar por psicólogos) que comunicólogo o alguien que entiende el funcionamiento del medio.

El mes de abril está a la vuelta de la esquina, y de todas sus promesas no ha realizado ninguna. Ni siquiera la más evidente y necesaria: la actualización de la representación sindical en la página web. En repetidas ocasiones que reporteros buscan con quién se pueden comunicar en ASSA, terminan hablando con su servidora, porque la desatención que hay para con los medios, es una constante.

Así las cosas en mi sindicato; como agremiado tengo la obligación de levantar la voz y señalar el nulo trabajo que está llevando a cabo Ivonne Jurado. Y es que se equivocan quienes asumen que lo relativo a los medios de comunicación es pan comido. Se los digo yo, desde mi trinchera como medio alternativo.

No se trata solamente de “subir a un blog” imágenes y comentarios sin sentido. Debe planearse el tema que se va a tocar, documentarlo, contrastarlo con diferentes notas periodísticas, redactarlo, corregirlo, y posteriormente buscar las imágenes que ilustren el texto, programar la subida en el blog, y dar una última revisión.

Y si hablamos de videos, es necesario leer las notas del día, realizar un guion para los temas que se tocaran en el “en vivo”, interactuar con la gente, leer los comentarios, los correos que mandan, la información que proporcionan y sus opiniones sobre diversos temas.

Hacer todo esto consume tiempo; tan sólo para la realización de un podcast (proyecto que tengo en pausa), grabar menos de 5 minutos puede tomar hasta dos horas, sin contar el tiempo de edición, ni el trabajo que toma escribir el guion correspondiente, así como la documentación necesaria.

Todo lo anterior, sin un centavo de presupuesto. Ahora que ASSA se gasta 2 millones de pesos en una página inservible, no puedo evitar lanzarles la incómoda pregunta ¿ya ven por qué quería ser Secretaria de Prensa? Con ese presupuesto haría maravillas. No puedo quejarme de que la mayoría no votara por mí; así funciona la democracia. 



Pero no perdamos de vista su origen etimológico: “el poder del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Ejerzamos plenamente el sagrado derecho que como agremiados tenemos de exigir cuentas claras, y de vigilar que nuestros representantes cumplan con la función para la que fueron electos. No se trata de ninguna concesión graciosa de su parte. Están cobrando emolumentos por ello, mismos que salen de lo que le descuentan en cada pago al ya de por sí castigado salario del sobrecargo.

 

Ximena Garmendia

21 de marzo 2021

 

 

 

 

14 marzo 2021

A un año de la pandemia ¿dónde estamos?

 

A un año de la pandemia ¿dónde estamos?

Estamos a punto de cumplir un año que de manera oficial entramos a las estadísticas mundiales de la pandemia por Sars-Cov-2, y haremos un breve viaje al pasado para mirar el año transcurrido y ver dónde estamos parados ahora.





Hace un año la empresa Transportes Aeromar, tras varias negociaciones, no logró que Avianca invirtiera en ellos; en 2016 la aerolínea colombiana anunció que invertiría 100 MDD. Danilo Correa, director de la empresa de nuestro país, salió muy contento en 2018 a decir que ya había llegado a un arreglo con pilotos y sobrecargos, por lo que la inversión de Avianca para la adquisición del 49% de las acciones, ya era un hecho. Sin embargo, en mayo de 2019, momento en el que la empresa contaba con 110 pilotos y 200 sobrecargos (según nota de Reportur), Aeromar hizo saber al Gobierno Federal que estaba a punto de entrar a una quiebra técnica, ya que Avianca había dejado claro que no invertiría en ninguna aerolínea mexicana.

Bajo ese panorama Aeromar enfrentó la pandemia, con deudas y arrastrando una crisis de varios años atrás; pero al ser una empresa que cubre destinos que ninguna otra aerolínea del país realiza, la pandemia no la ha maltratado tanto, de tal suerte que podemos decir que no ha sido de las más afectadas. A pesar de lo anterior, la empresa continua con el mismo discurso de antes de la pandemia; que está al borde de la quiebra y le urge una inyección de recursos, así como de más recortes de personal y costos laborales; así como están leyendo, si en 2019 eran 200 sobrecargos hoy son 110, y la empresa pretende desvincular, o sea correr a 30 o 32 sobrecargos más. Eso sí, su director comercial anuncia con bombo y platillo tanto el crecimiento de rutas y destinos dentro del país, como la intención de volar a destinos internacionales en el corto plazo.



Como un círculo, no virtuoso sino vicioso, Aeromar se encuentra casi igual que antes de comenzar la pandemia; digo “casi” porque hoy está con trabajadores cada vez más cansados de las promesas empresariales incumplidas. Los empleados llevan años (literal) cediendo prestaciones laborales, incluso recortes a sus salarios; tal es el caso de los pilotos en la pandemia. La pregunta se impone: si la empresa no es viable ¿para qué seguir alargando la agonía?

Vayamos ahora al caso de Volaris. Enrique Beltranena, usando un modelo leonino con sus trabajadores y maximizando el número de asientos en sus equipos, ha logrado tener una empresa “no mal parada” ante la pandemia. No es dato menor que recibió una inversión de 3,500 millones de pesos de parte de sus inversionistas. Comenzaron la pandemia con 63 equipos, y hoy cuentan con 83 aviones.



Caso similar es VivaAerobus. Gracias a su modelo de negocios, mezcla de aerolínea de bajo costo y tradicional, es que la pandemia tampoco le causó grandes estragos, al contrario, durante la pandemia se reinventó, y de ser una aerolínea detrás de Volaris, Aeroméxico e Interjet, ha repuntado, colocándose en el primer lugar en la preferencia del consumidor.



Ahora vayamos con el Caballero Águila. Una vez que el Gobierno Federal anunció las medidas a implementarse por la pandemia (“Quédate en casa”), el director general de Aeroméxico, Andrés Conesa, ni tardo ni perezoso salió a anunciar que la caja de la empresa del caballero Águila estaba “más fuerte que nunca” y que el Covid le haría lo que el viento a Juárez, aventándose la declaración de asegurar que para junio de 2020 todo regresaría a la normalidad. Ustedes lo saben tan bien como yo, lo que realmente pasó en junio fue la entrada de la empresa al Capítulo 11 en un tribunal de Nueva York, en los Estados Unidos.

Hubo un momento en que la operación de la aerolínea cayó a niveles alarmantes, llegando a tener suspendidas el 80 por ciento de sus operaciones. Lamentablemente la empresa en franca colusión con sus sindicatos, aprovechó el escenario catastrófico para recortar salarios y prestaciones a sus trabajadores; todo en “aras de salvaguardar fuentes de empleo”. No obstante sí hubo recorte de personal; se calcula un total de 3 mil plazas, de las 16 mil que tenían al inicio de la pandemia. Y todo apunta a que van a adelgazar aún más la nómina. Mención aparte merece la empresa Sistem, filial de Aeroméxico, que dejará de prestar servicios de tierra para darle entrada en su lugar a una empresa outsourcing. ¡Claro! las negociones con los trabajadores no fueron con el suelo parejo; a los agremiados al Sindicato Independencia jamás les hicieron de su conocimiento los cambios llevados a cabo en sus contratos colectivos; y en el caso de las sobrecargos de Aeroméxico Connect, a pesar de que votaron en contra de modificar su contrato, la cúpula de su sindicato, el STIA tomó la decisión de modificarlo aceptando recortes. Me gustaría decirles que ahí termina todo, pero no es así. Los pilotos de ASPA y sobrecargos de ASSA negociaron con una pata en el cuello: o cedían sus condiciones laborales o la empresa continuaba con la tramitación de su demanda de Conflicto Colectivo de Naturaleza Económico. A dicho juicio ya le habían dado entrada en la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje, obviando el flagrante conflicto de intereses que conllevan los apellidos Alcalde Justiniani (abogado) y Alcalde Luján (Secretaria del Trabajo).



Así legamos a Interjet, empresa que al comenzar la pandemia, era la número uno en la preferencia de los usuarios, gracias al legado de otra gran aerolínea que dejó de surcar los cielos en 2010. Interjet se llenó de prestigio y renombre, no obstante que los años anteriores a la crisis sanitara fue víctima de una guerra sucia y desalmada a manos de Aeroméxico, cuya finalidad era sacarla del mercado. A eso hay que sumarle las malas decisiones dentro de la administración de la línea aérea y el desinterés de los dueños; la caída en picada fue a una velocidad vertiginosa y es que a diferencia de otras aerolíneas, Interjet no recortó ni trabajadores, ni sueldos, ni prestaciones; trató de salir a flote, pero las malas decisiones al final le cobrarían la factura de tener 70 aviones, y terminó operando sólo con 4 equipos, a los que finalmente se le vencieron los seguros y la empresa, de manera unilateral tomó la determinación de parar las operaciones en diciembre. Posterior a eso, los trabajadores estallaron una huelga el día 8 de enero, pero apenas el pasado 20 de febrero la autoridad laboral reconoció como válida la huelga. Al momento que escribo estas líneas, su futuro es incierto y poco esperanzador.



Un año; 12 meses; 365 días; 8760 horas, 525,600 minutos, 31,536,000 segundos; una vuelta completa del planeta tierra alrededor del sol. Sin que sea un análisis financiero detallado, los números generales aquí plasmados hablan por sí solos. Como podemos ver, la pandemia por sí sola no causó todas las desgracias que le achacan, pero sí se convirtió en el pretexto perfecto (y lo sigue siendo) para evadir responsabilidades y castigar a los más vulnerables. 

Y lo que es peor, todo a plena luz del día y frente a los ojos del país entero. Es lamentable que no se le dé a la industria aérea la importancia que merece. Ni el titular del Gobierno Federal, ni sus Secretarios de Estado (Trabajo, así como Comunicaciones y Transportes), con todas sus subsecretarías y dependencias descentralizadas han querido tomar cartas serias en el asunto. Y hay que decirlo, a los usuarios le sigue importando solamente que los lleven del punto A al B, sin reparar en la trascendencia de todo lo que existe detrás… y no son tres cacahuates, hablamos de concesiones federales, espacio aéreo mexicano, conectividad aérea del país, soberanía y seguridad nacional, por mencionar solamente algunas cosas.

Visto así, los próximos doce meses se pasarán “volando” (muy rápido), porque la lista de asuntos pendientes es enorme y exige trabajar todas y cada una de las horas disponibles. Hay mucho por hacer, y por defender.

 

Ximena Garmendia

14 de marzo 2021