11 octubre 2020

Un poco de historia

 

Un poco de historia

¿Qué es el tiempo? ¿acaso es el mero paso de las horas?, ¿es lo que marca nuestro transitar por esta vida? Se conoce como tiempo a la duración de las cosas sujetas al cambio que determinan las épocas, períodos, horas, días, semanas, siglos, etcétera. La palabra procede del latín “tempus”, y es un convencionalismo social que su unidad de medida es el segundo.

Yo, como amante de la historia, me intereso en hablar de eventos pasados, pero sobre todo registrar los acontecimientos que se suscitan día a día, para no caer en las garras del olvido colectivo. “Flaca es la memoria” es una frase que me gusta decirles a mis allegados cuando dejamos que el paso del tiempo borre nuestra propia historia.

Y al parecer eso sucede con la historia ligada a la Asociación Sindical de Sobrecargos de Aviación de México, mejor conocida simplemente como ASSA. Hoy hablaré de ese mítico lugar, el único autorizado para dar el visto bueno antes de poder firmar nuestra planta con la aerolínea a la que habíamos aplicado.



Nuestro sindicato vio la luz en 1960, y a pesar de ser un gremio mayoritariamente femenino, en toda su historia sólo ha tenido tres mujeres como Secretarias Generales. Tengan cuidado si buscan información directamente en la página web de ASSA. Diré que es una vergüenza que ni siquiera el nombre de una de ellas puedan escribir de manera correcta.

Para los “recién” agremiados al sindicato, o quienes tengan menos de 9 años de serlo, el único Secretario General que conocen es Ricardo Del Valle Solares. Es un hecho irrebatible que no tienen referentes históricos que les permitan realizar una comparación y comprobar si el actual, ha sido el mejor representante sindical que ha tenido ASSA. Por ello hoy los conmino a que me acompañen en esta rápida mención de algunos de los Secretarios Generales que ha tenido la Asociación Sindical de Sobrecargos de Aviación de México. Lamentablemente no puedo mencionar a todos porque no existe un acervo histórico y documental dentro del sindicato que nos ayude a recordarlos. Hablaré pues, básicamente de las gestiones que me ha tocado ver durante los 22 años que tengo de ser agremiada.

Con algunos de los nombrados no me tocó interactuar en tiempo y espacio, pero puedo afirmar que fueron Secretarios Generales que pasaron por ASSA de México: Jorge Díaz, Carlos Larios, Alejandro Díaz, Eduardo Eguiza, Jorge Correa, Patricia Esnarriaga, Alejandra Barrales, Arturo Aragón, Francisco Villarreal, Lizette Clavel y finalmente, Ricardo Del Valle.

Patricia Esnarriaga Hermosillo

Antes de entrar de lleno al desglose de los puntos positivos y negativos de sus gestiones, vuelvo al punto nada menor y que ustedes mismos pueden comprobar, de la poca presencia del género femenino en la Secretaría General, a pesar de que el gremio siempre ha estado integrado por una planta mayoritariamente de mujeres. No creo que sea casualidad. Pensemos que corre el año de 1988. En julio de ese  año a la Secretaría de Gobernación (responsable de las elecciones presidenciales) “se le cayó el sistema” y no hubo manera de saber si era la primera vez que el Partido Revolucionario Institucional perdía una elección.

Unos meses después quebraría “Aeronaves de México”, nombre original de Aeroméxico, y en 1989 se daría “la Perestroika” de Mexicana de Aviación, como se le llamó al reajuste de personal basado en expedientes. En ese momento las dos aerolíneas más grandes del país eran parte del Estado. De manera concomitante, en medio de este río revuelto, llega por primera vez una mujer al cargo de Secretaria General de la ASSA, Patricia Esnarriaga, que después se vio envuelta en una acusación de fraude supuestamente cometido durante su gestión. Los testimonios son variados y divergentes, algunos dicen que fue una trampa para sacarla de un “juego de hombres”, y otros opinan totalmente lo contrario. 

María Alejandra Barrales Magdaleno

Poco tiempo después, se empezó a gestar dentro de la planta de sobrecargos un movimiento de renovación sindical, llamado “MURS” (Movimiento Unido de Renovación Sindical), pues a la representación sindical la integraba una mayoría de sobrecargos antiguos de Mexicana de Aviación, y los sobrecargos jóvenes no se sentían representados por estos compañeros. Estos tuvieron un acercamiento con Hernández Juárez, líder de los telefonistas, quien terminó apadrinando de manera política a la que dentro de algunos años sería la segunda mujer en ocupar la Secretaría General.


No hay plazos que no se cumplan, así es que los sobrecargos esperaron pacientemente organizados. Su movimiento aprovechó el “olvido” del entonces Secretario General Eduardo Eguiza, quien no ratificó el emplazamiento a huelga de los sobrecargos de Mexicana. Ese error acarreó su destitución, dando paso franco a la llegada de Alejandra Barrales, quien para ese entonces ya había ocupado un cargo dentro del Comité Ejecutivo, como Secretaria de Prensa, lo que aprovechó para sentar las bases para una buena relación con los medios de comunicación.



Hábil oradora, sabía manejar a la asamblea y podemos decir que su primera gestión fue bastante exitosa. Lo malo viene cuando el poder engolosina y la ambición de continuar al frente del sindicato se hace más grande. Alejandra Barrales consiguió la reforma del estatuto para poder permanecer “un periodo más”, esto es, un total  de seis años de gestión en el mismo cargo. Así llegó al final de la segunda gestión, ya no tan exitosa como la primera, y parecía no estar satisfecha. Empezó a buscar entonces la reforma estatutaria para poder lanzarse como candidata una tercera ocasión, pero no puso todos los huevos en una sola canasta. De manera paralela, y animada por su padrino Hernández Juárez, exploró la posibilidad de “brincar” a la política.



En este nuevo periplo, “La Negra”, como la llaman sus más cercanos, tocó a las puertas de Rosario Robles, entonces Jefa de Gobierno del D.F., una vez que Cuauhtémoc Cárdenas se había ido a buscar la presidencia de la República, abanderado por el Partido de la Revolución Democrática. Rosario Robles, que no olvidaba el origen de su carrera política en las huestes del Sindicato de la UNAM, le aconsejó a Barrales que para poder aspirar a una diputación federal necesitaba llevar a cabo alguna obra social. Una Guardería de Sobrecargos sería una excelente idea. Hemos de recordar dos eventos claves: Uno, la guardería que se materializó con dinero de los sobrecargos agremiados, nunca funcionó, pues incluso antes de su construcción, ya había una negativa expresa por parte del Instituto Mexicano del Seguro Social para operar; y dos, el fraude en el Seguro de Vida de los sobrecargos, en el que no solo se intentó ocultar los dividendos de la póliza. Aunque la responsabilidad recayó totalmente en el agente de seguros (Broker) de Inbursa, nunca se investigó que dicho personaje había abierto cuentas bancarias en Bancomer con documentación y firmas que solamente podían salir del sindicato.

Las piezas y los tiempos sindicales no se estaban dando para los fines de Barrales. Aunque buscó la reforma estatuaria para lanzarse por tercera vez como candidata, nunca consiguió los votos necesarios. Al ver truncados sus sueños de continuar al frente de la asociación sindical, acomodó piezas clave, en puntos estratégicos dentro del sindicato, para que le cubrieran las espaldas. La candidata a la Secretaría General, por ejemplo, fue su amiga Leticia Varela, personaje involucrado en las irregularidades antes mencionadas

Sin embargo, una planta de sobrecargos crítica, activa y participativa, votó por el candidato de la oposición, y Arturo Aragón Sosa arrasó en las elecciones sindicales. Este personaje, sobrecargo de Mexicana de Aviación, es de los pocos representantes sindicales que no quiso usar al sindicato como trampolín político;  compañero afable, tranquilo, y muy zen; tan zen que me desesperaba, pues todo lo tomaba con calma chicha. Su gestión fue muy tranquila, sin sobresaltos, con ganancias en los contratos colectivos que no eran nada del otro mundo. No obstante la gente de Alejandra Barrales que quedaba en la representación sindical, le hizo la vida de cuadritos. Arturo concluyó su vida laboral, se jubiló bajo el esquema de pago único y hoy, puedo afirmarlo, es un hombre muy feliz.

Arturo Aragón Sosa


Después de Aragón, vino Francisco Villarreal, a quien yo designé como “mi némesis” y lo apodé “tío Villis”. Durante la segunda y última gestión de Alejandra Barrales estuvo a cargo del Centro de Estudios; compitió para ser Secretario de Trabajo, pero perdió ante Sergio Loza, uno de los fundadores del MURS, que por diferencias políticas con Alejandra, tomó su propio camino.

Francisco Javier Villarreal Peláez
 

No hay duda, en ese momento el sindicato estaba dividido en dos corrientes: los “barralistas”, que respaldaban a Francisco y los “lozistas”. Alejandra movía hilos para en algún momento recuperar el poder, pero en primera instancia para impedir el avance de las investigaciones efectuadas bajo la gestión de Arturo Aragón, donde se destapó el fraude de la guardería y los Seguros de Vida. La batalla legal había alcanzado tales dimensiones que Alejandra demandó penalmente a Arturo. El horno no estaba para bollos, así que Barrales requería una mano amiga que apagara los fuegos al interior del sindicato.



Esa era la función del nuevo Secretario General Francisco Villarreal, mejor conocido en la planta de Mexicana como el Príncipe Machabelli. Su estatura física era tan alta como su inteligencia, y la mejor de sus armas, la oratoria. Se había aprendido de memoria el estatuto y podía citar los artículos y su contenido como si fuera esgrima intelectual. Disfruté todos los debates entablados con este ilustre personaje. Con él trabajé directamente como Secretaria de Actas del Sindicato, a diferencia de Arturo Aragón, con quien solo estuve como adjunta en su último año de gestión.

Yo había llegado al Sindicato gracias a los votos de gente contraria a Villarreal. En aquel momento pensé que como Secretario General no iba a pedir mi bajada de vuelo, y que mi gestión sindical me la pasaría volando, pero no fue así. Este hombre inteligente y maquiavélico sabía cuándo aflojar la cuerda para no tensarla demasiado. Pragmático, antes que sectario, en alguna ocasión me pidió apoyo para que difundiera en mi blog una circular del sindicato. El objetivo era informar a los sobrecargos, y en ese momento el blog era lo más parecido a las redes sociales.



La de Villarreal fue una gestión que le exigió temple y carácter. Le toca estar al frente de la ASSA cuando Mexicana de Aviación es desincorporada de Cintra, y es vendida a Grupo Posadas. Misma época en que Leticia Varela queda como Secretaria Tesorera. Él recibe la demanda por Conflicto Colectivo de Naturaleza Económica de AMX contra sus sobrecargos. Él estuvo a la altura de la investidura de ser el líder de ASSA, y brindó sin chistar el apoyo necesario a “la contra” de ese entonces para salir en unidad con un amparo colectivo, después de que la de la voz y un grupo de sobrecargos nos amparamos de forma individual de dicha demanda.

La terminar su gestión, Villarreal regresó a volar, y buscó retirarse cuando consiguió trabajo como asesor en Aeroméxico. Lo recuerdo bien, era el 9 de agosto de 2010 cuando la Secretaría General recibió su solicitud de retiro. Solo 19 días más tarde nos bajarían de vuelo, para no regresar a volar hasta el día de hoy, y contando.



Villarreal, al igual que Arturo Aragón, hizo oídos sordos a los cantos de reelección que emitían las sirenas. Ambos prefirieron regresar a la línea a volar. Así llegamos al caso de la tercera mujer en ASSA como Secretaria General. No es cosa menor que ese Comité Ejecutivo, por primera vez en el sindicato, estuvo integrado mayoritariamente por mujeres. Lizette Clavel a la cabeza como Secretaria General, Pilar Manrique como Secretaria del Trabajo, Margarita Doshner como Secretaria de Conflictos, María del Ca como Secretaria de Previsión Social, Alejandra Lara como Secretaria de Relaciones, Ximena Garmendia, o sea yo, como Secretaria de Actas y Wendy Perea como Secretaria Tesorera. Solo los cargos de Secretario del Interior,  Secretario de Cultura y Deportes y Secretario de Prensa, estaban ocupadas por hombres.

Lizette Clavel Sánchez

Sí, trabajar ahí era la locura, pero al mismo tiempo, era un ejercicio de democracia en todo su esplendor; en las discusiones de las juntas de comité cada quien planteaba su postura, tejía alianzas y al final, con todo y nuestras diferencias podíamos salir en unidad en pro de los trabajadores. Pero hay que decirlo, nos tocó la peor época, Lizette recibió la Secretaría General con una espada de Damocles sobre nuestras cabezas llamada demanda por Conflicto Colectivo de Naturaleza Económica, por parte de Mexicana de Aviación; por si fuera poco, estaba el fantasma amenzante de otra demanda del mismo tipo, pero ahora por parte de Aeroméxico; sumen la pandemia por AH1N1, y la división interna del sindicato derivada de una pésima destitución que nos llevó a quedarnos sin Toma de Nota a una tercera parte de los representantes sindicales.

Estuvimos con una parálisis económica al interior del sindicato por espacio de 6 meses, o un poco más, y es que para sacar dinero de las cuentas de la asociación, se requieren las firmas mancomunadas del Secretario General y del Secretario Tesorero. Ideológicamente divididos en dos bandos, todo era complicado; Wendy no quería firmar si firmaba Clavel, porque esta última estaba “destituida”, pero para el banco ella seguía siendo la titular junto con la tesorera, así que estábamos enredamos en estos menesteres, y todos los mencionados antes, cuando en Mexicana llegó la “amenaza” de Gastón Azcárraga de quebrarla si no aceptábamos sus nuevas condiciones; nos agarró a toda la representación sindical, con los dedos en la puerta.



Estábamos sin Toma de Nota, colapsados económicamente y en cuanto bajaron de vuelo a Mexicana, creímos que era el fin del sindicato, pues se dejaron de percibir la mitad de los ingresos. Era la hora de serias decisiones: ¿nos pagamos los emolumentos o les pagamos a los trabajadores del sindicato?, siempre tratamos de que los trabajadores al servicio del sindicato no salieran perjudicados. Nadie me lo cuenta, yo estuve ahí.

En medio del caos, tuvimos que salir a una desgastante Reforma Estatutaria, que nos costó casi dos meses. Yo me enfermé de AH1N1 y me sacaron enferma de mi casa para poder “abrir” la asamblea de votación. Se trataba de una reforma que nos permitiría salir a elecciones para renovar no uno, sino dos tercios del sindicato. Sí, en esas elecciones, por un margen de 68 votos de diferencia, Ricardo Del Valle ganó como Secretario General.



Del Valle Solares no ha dudado en culpar a “pasadas administraciones”, en especial la encabezada por Lizette Clavel, de ser más mala que la carne de puerco en cuaresma, y que todo lo negativo es obra de ella. Cuando Ricardo utiliza esta frase de “las pasadas administraciones” yo me pregunto ¿acaso olvida que las tres pasadas administraciones son las él? ¿o es que considera que del 2011 a la fecha se cuenta como “una sola” administración? Por si ya se le olvidó contar, le recuerdo: esta es su cuarta gestión.

No olvidemos la historia, porque quien la olvida está condenado a repetirla; hace mucho ASSA era un gran sindicato democrático y ejemplo a seguir. Me queda claro que a pesar de ser un gremio mayoritariamente femenino, las compañeras prefieren impulsar hombres en cargos claves. Me queda claro que jamás se percataron que a pesar de todos los inconvenientes y presiones externas, bajo la última gestión democrática los sobrecargos eran libres de expresarse sin recibir represalia alguna, nunca hubo amenazas ni chantajes. En ningún momento se les pidió actuar en contra de su libre albedrío.

Dicen que para conocer “a los mejores”, también hay que conocer “a los peores”. No tienen que buscar ejemplos en otros sindicatos. ASSA tiene mucha historia de la que se puede echar mano. Yo solamente les dejé algunos de los ejemplos más recientes.

Invito a los actuales agremiados a que no tengan miedo, y que con imparcialidad y libertad evalúen a su actual representación. Ellos no deben enojarse si lo hacen, es una parte fundamental de todo gremio democrático. Si no soportan que su planta observe y critique su diario actuar, entonces seguramente no son las personas indicadas para estar en el frente de batalla.

 

Ximena Garmendia

11 de octubre 2020

 

 

04 octubre 2020

¿Y ustedes?

 

¿Y ustedes?

Albert Einstein, el físico más famoso de la historia se hizo esta pregunta: ¿por qué esta magnífica tecnología científica, que ahorra trabajo y nos hace la vida más fácil nos aporta tan poca felicidad? Y con su mente privilegiada él mismo la respondió: simplemente porque aún no hemos aprendido a usarla con tino. Lo anterior viene a cuento porque estoy pensando en una balanza común y corriente, de las que se usan en los mercados. Hoy la gran mayoría las utiliza digitales, pero antes, cada que hacíamos una compra, de manera tan sencilla como silenciosa presenciábamos una sabia verdad: cada balanza tiene su contrapeso.

Compañeros de la ASSA de México, de sobremanera me llaman la atención los acontecimientos suscitados en el sindicato de sobrecargos, y necesito saber si ustedes notan cómo la representación sindical ha usado de pretexto a la “nueva normalidad” para seguir trabajando con opacidades totales. Hagamos un recuento de tres asambleas, en concreto. Por el momento, no tocaré aquellas que han celebrado los compañeros de Transportes Aeromar, no porque no sean importantes, sino por el énfasis que quiero hacer en tres temas diferentes e insoslayables.



Todas en septiembre. La primera asamblea, fue celebrada el pasado 14 con motivo de nombrar a la Comisión Electoral que será la encargada de observar el buen desarrollo de las próximas elecciones en el sindicato. La segunda asamblea, de fecha 26, para abordar el tema de los recortes que solicitó la empresa del caballero Águila. Finalmente, la tercera de ellas que se llevó a cabo el 30, con el tema del Seguro de Vida de los sobrecargos. Diecisiete días intensos.

En la primera asamblea se cuestionó al Secretario General sobre la “nueva modalidad” de votación para nombrar a la Comisión Electoral. Y es que el artículo 107 bis del Estatuto de ASSA es muy claro: “…Son electos por mayoría ordinaria en una Asamblea General Extraordinaria, convocada, con un tiempo mínimo de quince días de anticipación al primero de octubre, con el único objetivo de seleccionarlos.”

Pero ¿qué es una mayoría ordinaria? Se denomina así para diferenciarla de la “mayoría absoluta”. También se le conoce como mayoría simple, mayoría relativa, mayoría común, simplemente “mayoría” (a secas), y es la que se da en una votación cuando un candidato o proposición obtiene más votos que cualquier otro, sin que tenga que ser mayoría absoluta. Por lo tanto, la votación en esta asamblea se podía realizar de forma directa en la plataforma “Zoom” que se utilizó para llevarla a cabo.



¿Cuál es la verdadera razón de pedirles a los agremiados que enviaran un correo electrónico con el sentido del voto, y anexar una identificación oficial y la credencial de la empresa? Argumentaron que era para “tener certeza” de que el que vota efectivamente sea sobrecargo, pero esa es una razón insuficiente, falaz y francamente estúpida. Estamos hablando de que la asamblea ya está instalada, con los agremiados presentes y registrados. No hay manera de que haya ajenos, porque para poder acceder al webinar de la Asamblea, el sobrecargo tenía que solicitar el ingreso con su correo electrónico; el pre-registro concluye cuando el administrador acepta la solicitud; de otra manera es imposible acceder al webinar de la Asamblea, así que si ellos aprueban previamente las direcciones de correos electrónicos, es ilógico que se “cuele” un desconocido. Aún con la dirección web o “liga”, si no hay pre-registro, no entras a la Asamblea. ¿Por qué no pedir y recabar la votación en ese momento? La plataforma permite hacerlo, y en cuestión de segundos tener los resultados, a la vista de todos los asistentes.



Que el voto sea por correo electrónico tiene muchos puntos criticables, sobre todo por la falta de certeza, legalidad, independencia y objetividad. De entrada se rompe la seguridad de que solamente voten los asistentes a la asamblea y se otorga un lapso de cinco horas para recibir los votos… ¿en qué asamblea el agremiado necesita 300 minutos para emitir su voto? Porque no es un tiempo para definir su postura; eso lo debió hacer durante los debates de la asamblea, y una vez discutido y analizado, proceder a la votación.



Con este formato el agremiado no puede emitir un voto libre y secreto, pues tendrá que adjuntar su nombre e identificaciones para que sea tomado en cuenta; tendrá que creer ciegamente en que los correos recibidos son los que dicen los representantes sindicales que llegaron; tendrá que confiar en que la mesa directiva anuló los votos que debían ser anulados; y sobre todo, no tendrá más opción que aceptar que los números de votos que digan que fueron emitidos, en un sentido o en otro, coinciden con la realidad y no fueron manipulados.   

El Secretario General pregunta incómodo y molesto a la asamblea ¿de verdad creen que la representación va a estar pensando en otra cosa que no sea en beneficios para ustedes, compañeros? Y yo le respondo, con base en el conocimiento de mis estatutos, de mis derechos como agremiada, y con la libertad de expresión como estandarte: no es cuestión de creencias, de buena fe, de filias o de fobias; nuestras leyes internas no son casualidad ni surgieron por generación espontánea, son el resultado de innumerables horas de trabajo, de luchas ganadas y batallas perdidas a lo largo de los sesenta años que tiene de vida el sindicato. Están para cumplirse y para no cometer los mismos errores que en el pasado; para ir para adelante, y no para retroceder.

Precisamente, el auditorio de la Sede Sindical lleva el nombre “13 de mayo” porque en esa fecha le dieron el registro al sindicato, en 1960. La primera de las asambleas del pasado mes de septiembre sí se llevó a cabo en el auditorio, dentro de la sede sindical. Pero para la segunda, Ricardo Del Valle la movilizó a otro lugar, sin especificarlo en la convocatoria correspondiente. Y luego se pregunta por qué los agremiados dudan de sus acciones. Con esta medida, abre una innecesaria puerta a la especulación ¿fue para evitar la presencia de compañeros “indeseados” que se habían presentado en la sede sindical?

Es así como esta segunda asamblea se lleva a cabo en el auditorio alterno que tienen en el Sindicato de Telefonistas. Ahí el Secretario General lleva una comitiva, que es una mezcla inédita entre “Comisión Electoral” recién nombrada y amigos incondicionales. ¿Cómo se enteró este grupo de la sede para esa asamblea? Los agremiados no lo sabemos, pero debemos confiar en que el líder tomó esa decisión buscando lo mejor para nosotros, aunque el tema de la reunión era el recorte a la base de sobrecargos de Aeroméxico.

La votación volvió a ser con el “nuevo método” de enviar el voto vía correo electrónico, con todos los anexos requeridos. Ustedes lo saben mejor que yo, durante las cinco horas en que se puede enviar el voto, los esbirros del Secretario General estuvieron azuzando por mensajes de WhatsApp a los sobrecargos para que votaran por la opción B, que era la preferida por Ricardo Del Valle, y efectivamente fue la que ganó. ¿Cómo nos enteramos?, pues por voz del Secretario General que nos jura que él mismo, con sus propios ojos, vio los resultados. Y que para que nadie dude, hubo un grupo de amigos que lo pueden avalar.

Aquí debo señalar un punto interesante. A pesar de toda esta maquinaria diseñada a modo, para que ganara la opción B, hubo agremiados que votaron por la opción A. Esto no debería de incomodar a nadie. Es lo que sucede en las democracias. Sin embargo, una compañera electa como Comisión Electoral, sabía quiénes fueron los sobrecargos que votaron por la opción A, e hizo alarde de ello en sus redes sociales, llamándolos “hipócritas” por no haber votado por la opción B. Todo mal! Si estaba presente como parte de la comisión electoral, lo hizo fuera de los tiempos estatutarios, y además no puede emitir opiniones, solamente debe observar. Y si su presencia era como la de un simple agremiado, ¿cómo es posible que tuvo acceso a esa información? Increíble pero cierto, en lugar de celebrar su victoria, se la pasaron evidenciando a todo aquel que no votó en el sentido que quería el líder sindical. Esto combinado con el gran manto de opacidad, ha propiciado que los sobrecargos tengan temor de perder el empleo por no darle gusto al Secretario General.

Así llegamos a la última asamblea, convocada fuera de tiempo y forma. Un día antes de celebrarse la misma, llegaron correos con la liga para el consabido pre-registro. El estatuto, ley interna que rige al sindicato y agremiados, dice en su artículo 32.- “…la Asamblea General Extraordinaria, deberá convocarse, cuando menos, setenta y dos horas antes a aquella en que debe celebrarse.” Pero en esta tercera ocasión no llevó a cabo la asamblea en la sede sindical de los sobrecargos, ni en la sede sindical de la asociación hermana, sino en una casa particular, la de la Secretaria Tesorera Ivonne Jurado, a pesar de que el espacio ideal para realizar la asamblea, por ubicación, accesibilidad, dimensiones y naturaleza, es sin duda el auditorio del sindicato.



Yo les pregunto, amables lectores, ¿qué pasaría si un compañero, de manera casual camina por la calle y se topa con la casa de la Tesorera, y ve que se está llevando a cabo una asamblea?, ¿podría ingresar a un domicilio particular, por ser agremiado?, ¿el dueño de la casa puede negarle la entrada, aunque sea su derecho sindical?, ¿qué autoridad está facultada para resolver esa controversia? ¿un juez cívico, un Ministerio Público, el Procurador Social, el Presidente de alguna Junta local o federal de Conciliación y Arbitraje, la Secretaría de Seguridad Pública o la de Trabajo y Previsión Social? En serio, Ricardo, no es un evento social el que estás presidiendo, y no es “de barbas” que las asambleas sindicales se lleven a cabo en la sede sindical. Te conviene pensarlo con calma, antes de que repitas esta “fabulosa” idea.

De nueva cuenta, invitó a sus “amigos”, perdón, a su comisión observadora para que asistieran de manera presencial. Seamos claros, la presencia en esta asamblea de los compañeros que fueron nombrados para fungir como Comisión Electoral, contraviene el estatuto, el cual es tajante al delimitar a la perfección sus funciones en la fracción I de su artículo 107 bis. Pretender que hagan otro tipo de labor observadora, es una clara violación a la ley interna del sindicato.

Todo lo anterior deja a la vista un claro patrón de conducta, totalmente innecesario: conducirse como bandolero a salta de mata. ¿Por qué hacerlo así, si de acuerdo con el Secretario General, lo único hace el sindicato es trabajar incansablemente en pro de los agremiados?, La consecuencia es clara: está impidiendo que ningún sobrecargo, que no esté alienado a la Secretaría General, le pueda cuestionar a Ricardo Del Valle absolutamente nada. Por lo menos en estas tres asambleas a las que me refiero, el líder ha manipulado de forma tal que los sobrecargos terminan acatando sus designios.

Ricardo Del Valle deshonra su investidura al tratar de denostar a todo aquel que opine diferente, y demuestra palmariamente que no le gusta la democracia, ni la diversidad de opiniones. A los pocos sobrecargos que levantan la voz para diferir de él, los etiqueta como “la contra”, que lo único que hace es evidenciar el poco o nulo apego del representante sindical a los estatutos. El tema se vuelve delicado y alarmante cuando se ensaña con las mujeres, a quienes les arrebata la palabra en las pocas contadas ocasiones que se las ha dado, o cuando comienza a burlase de sus interlocutoras. Abusa del monopolio del micrófono para dejarlas mal paradas, llegando a ser misógino y machista en su actuar. No tiene en cuenta que la mayoría del gremio que dice representar está integrado por mujeres.

Ser líder sindical no es un salvoconducto para que pueda hacer lo que quiera, mucho menos usar tonos amenazantes con los interlocutores que lo cuestionan. Ese mismo tono es replicado en los “chats” que se tienen dentro de los webinar de Zoom, donde compañeros hombres se la pasan insultando a las mujeres sobrecargos que se animan a cuestionar y pedir cuentas al líder. Triste resultado, cuando el espacio para debatir ideas se reduce a burlas y ataques, tanto verbales como escritos. No puedo hacer a un lado el peligroso precedente de machismo y misoginia que genera el Secretario General, y permea en sus esbirros.

No puede ni debe eludir su responsabilidad; como presidente de debates, es obligación del Secretario General mantener el orden y el respeto mutuo. Mala nota para la Comisión de Vigilancia, que es completamente omisa de su principal función. La situación empeora si las agresiones registradas en el chat no quedan asentadas en el acta de la asamblea. En un abrir y cerrar de ojos, las compañeras son víctimas de una doble agresión, la que profiere el insulto mismo, y luego la quedar en el olvido, por omisión o estulticia de la representación sindical.

Resumiendo, tenemos una representación sindical liderada por un compañero sobrecargo que cree estar por encima del resto de sus agremiados; que entiende al contentillo la letra de los estatutos; que hace gala de su machismo y misoginia para dirigirse a las compañeras que lo cuestionan, olvidando que parte importante de su trabajo es recibir y resolver tales cuestionamientos; que no soporta la diversidad de pensamiento y que le encantaría que no hubiera “contras”, pues considera que no ayudan en nada.

“Cada balanza tiene su contrapeso” reza el refrán. Siempre son necesarios, en todos lados, en especial dentro de un sindicato que es un ente político. Por eso vale la pena preguntarnos ¿qué pasa al interior de ASSA? No es normal que en lugar de actuar conforme al estatuto, las asambleas parezcan actos clandestinos para preparar un abigeo, evitando el contacto con los agremiados. Que no nos digan que es por el tema del Covid19. ¿También por la sana distancia impiden la entrada a la sede sindical? Eso quedó registrado en video, cuando un grupo muy pequeño de compañeros intentó meter ante la Comisión de Vigilancia una consignación, lo cual es su derecho, y así lo mandata la ley interna.

De nada sirve que Ricardo Del Valle repita hasta el cansancio que todo es transparente y democrático “como siempre ha sido”. No se puede tapar el sol con un dedo, y yo no voy a pecar de ingenua, mientras los sobrecargos agremiados a la ASSA le sigan avalando estas tropelías, él no va cambiar su forma de hacer las cosas, por más evidencias que existan. Las preguntas son para la planta: ¿Ustedes van a hacer algo diferente? ¿Van a ser ese contrapeso tan necesario?

 

Ximena Garmendia

4 de octubre 2020

 

27 septiembre 2020

El manual del perfecto agremiado

 

El manual del perfecto agremiado

Estimados lectores, ¿cómo se imaginan ustedes que es un agremiado perfecto? Dentro del mundo sindical, como en muchos otros ámbitos, padecemos de la cultura de la “desinformación”; o dicho sin eufemismos, es una falta de educación laboral. ¡Ojo!, no me refiero a la preparación académica, sino a que como grupo económicamente activo no vemos lo necesario que es educarse laboralmente.

Miles de jóvenes son arrojados a buscar empleo sin siquiera saber que existe una Ley Federal del Trabajo, y conocer sus derechos, no es precisamente su prioridad. Entre empleos mal pagados y outsorcings, nuestra juventud, así como los que ya llevan tiempo laborando, no se preocupan por saber lo más básico de la ley que regula el empleo. No que sean expertos en dicho ordenamiento legal, pero sí los mínimos y máximos ahí establecidos.

Es fácil inferir que este tipo de desconocimientos llega a niveles de verdadera indolencia cuando hablamos de los sindicatos. Si una ley general, de observancia y aplicación obligatoria en todo el país es ignorada, hablemos de lo que sucede con la “ley interna” de cada sindicato: los tan mentados estatutos. ¿Los qué?, dicen muchos agremiados. Triste, pero cierto; son pocos los trabajadores sindicalizados que conocen los que regulan la vida de su propia organización sindical.



Es por eso que hoy me he puesto mi traje de Dra. Frankestein y crearé “un perfecto agremiado”. Aunque mi obra maestra va enfocada principalmente para los sindicatos de aviación, el experimento aplica para el resto de trabajadores... muajajá (es mi risa perversa).

Tomemos el ejemplar en cuestión; hombre de mediana edad, pasados los 30 años, que se llamará Eusebio. Cuando ingresó a la aerolínea y firmó su planta, ya se sabía perfectamente los artículos de la Ley Federal del Trabajo que le atañen a su nuevo empleo. Con gran entusiasmo fue a su primera junta sindical, en donde le explicaron la importancia de aprenderse los artículos más básicos de su ley interna: el Estatuto.

Mi creatura (porque yo lo creé) no se conformó con lo básico, sino que se aprendió el Estatuto por completo; jamás faltó a una asamblea o junta particular, siempre ejerció su derecho al voto, y dentro de sus labores diarias respetaba el Reglamento Interior de Trabajo; sin chistar cumplía con todas y cada una de las nuevas reglas, procedimientos, manuales. Por supuesto, nunca fue sorprendido, amenazado ni engañado por nadie del sindicato, mucho menos por su empresa, pues estaba consciente de sus derechos y de sus obligaciones. Nunca tuvo que pedir favores, prebendas o canonjías. Siempre supo a qué le daba derecho su trabajo.

Es evidente que la realidad no es así. Existen algunos garbanzos de a libra, pero son muy escasos. La verdad es otra y no me gusta, porque es precisamente de esa ignorancia la que aprovechan los empresarios rapaces para abusar del trabajador. Saben que no sabe, y por eso con la mano en la cintura le dicen: “si no firmas tu renuncia voluntaria, no te recontrato”. De ignorancia pasa a ser ignominia, pues el trabajador desinformado aceptará sin chistar todas las modificaciones, cambios, reducciones que se le antoje al empresario, porque de no hacerlo “pierde la chamba”.

Es evidente que, entre el dueño de la empresa y el trabajador, la relación es completamente vertical, derivada del poder económico. Esa es la razón por la que existen los sindicatos, para que sea precisamente un trabajador, que conoce perfectamente el día a día de un centro laboral, sea el representante, y por su voz hable toda la planta productiva. Aquí es donde llegamos a la parte más dolorosa y triste. La relación entre representantes y agremiados debería ser totalmente horizontal, ya que estamos hablando de un grupo de trabajadores que recibió de sus colegas la encomienda de representarlos ante la empresa.

En esto último voy a hacer una pausa, porque es indispensable que todos aquellos agremiados a un sindicato lo entiendan de una vez. Es de lamentar que en este país el charrismo sindical está la orden del día, pero es todavía más lamentable que los sindicatos que se jactan de ser “democráticos e independientes”, sean solo una caricatura de asociación a la que no le importa violentar su propia ley interna para seguir idénticos pasos de los líderes charros, y eternizarse en el cargo.

Sí, el ejemplo más claro de ello es ASSA de México, quien era uno de los pocos sindicatos democráticos de este país, junto con ASPA. Ambas agrupaciones sindicales se liberaron del yugo de la CTM; primero los pilotos y un año después los sobrecargos. Por eso nuestros estatutos de sobrecargos son tan parecidos a los de los pilotos, porque fueron la base para la elaboración de los nuestros.

Originalmente, tanto en ASPA como en ASSA, los cargos sindicales sólo duraban tres años, y no existía por ningún motivo la reelección. Así que cada año, se salía a votaciones para cambiar un tercio de la representación sindical. Tampoco se usaban las “planillas”, dejando que tanto pilotos como sobrecargos de manera libre, decidieran participar de la vida sindical.

Pero con la llegada de Alejandra Barrales, y movida evidentemente por la ambición de poder, propuso la reforma al artículo 64 del estatuto de ASSA, para permitir la reelección, misma que fue aprobada y quedó de la siguiente manera: “Ningún Miembro podrá desempeñar el mismo puesto por más de 6 años”. El argumento vertido en aquella ocasión por la representación sindical fue que 3 años era “muy poco tiempo” y que lo ideal serían seis años, a manera y semejanza del poder ejecutivo de este país.

Cuando Barrales veía que su segunda gestión al frente de ASSA estaba por concluir, salió a una Asamblea de Reforma Estatutaria pidiendo la modificación de que “por tercera y única ocasión” pudiera contender al cargo de Secretaria General de la Asociación”. El rechazo de los sobrecargos a su intento de incrustarse en ASSA como la humedad fue estrepitoso; la planta votó por el candidato rival. La anécdota es famosa: el 31 de enero de 2001, día que Barrales debía dejar su cargo en ASSA, el nuevo Secretario General, entró al edificio de la sede sindical, apoyado por un nutrido número de sobrecargos, con todo y mariachi entonando “Las golondrinas”. El mensaje fue claro: los sobrecargos no estaban dispuestos a perder la vida democrática sindical a cambio de las aspiraciones políticas de una sola persona.

Arturo Aragón Secretario General de ASSA

Arturo Aragón, Secretario General de la ASSA de México

Sin embargo años después el alumno superó al maestro. Ricardo Del Valle pasó por la delegación de Aeroméxico de una manera bastante gris, para después ocupar el cargo de Secretario de Conflictos, en la segunda gestión de Alejandra Barrales. Como representante sindical, Ricardo dejó mucho que desear, en opinión de bastantes de mis compañeros de Mexicana, a quienes acompañó en diligencias con Relaciones Laborales de la empresa. Relatan que Del Valle aconsejaba a los sobrecargos “aceptar su renuncia”; no fueron pocos los compañeros que lo sacaban de la cita en laborales para defenderse ellos mismos, pues opinaban que Ricardo era un verdadero inepto, que ni hablar bien sabía.

Este personaje, torpe en su hablar, parco para expresar sus ideas, muy corto de miras, pero grande en ambiciones personales. Mediante una ilegal Asamblea de Reforma Estatutaria logró reelegirse no una, sino dos veces más; es decir lleva al frente de la Asociación cuatro gestiones. En más de una década, los excesos propios de todo líder charro han aparecido. Por ejemplo, no ha dudado en echar mano del personal que labora para el sindicato, como los choferes, al grado de designar a uno de planta al servicio de la mamá del líder sindical.



¿Ha podido hacer todo esto, en las sombras y sin que nadie se entere? No, sería imposible de realizarse sin la ayuda de los propios sobrecargos, que ignorantes de lo que dice el Estatuto, permitieron y avalaron las modificaciones. Y es que nadie hace valer la ley interna, pues no la conocen siquiera. Creen a pie juntillas lo que dice el líder sindical, dado que la relación que mantiene con sus agremiados es totalmente vertical, y no horizontal.

Los sindicalizados han olvidado completamente que el Secretario General no es su  patrón, no es el dueño de la empresa, ni siquiera es su progenitor o un ser iluminado a que se le deba respeto y veneración; es otro compañero igual que ellos, cuya responsabilidad es ostentar una personalidad jurídica ante la empresa y representarlos, por lo tanto, la relación con el Secretario General debiera ser de tú a tú, porque son iguales. Tengo cientos de capturas de pantalla de las alabazas y loas que en redes sociales le hacen a Ricardo Del Valle. La verdad es que muchas rayan en lo enfermizo y patético. Pero el líder aprovecha y se pone por encima de los agremiados, haciéndoles creer que es un ser superior que merece pleitesía.



Compañero trabajador: está en tus manos cambiar esta inercia tan perjudicial para tu vida laboral, y para el sindicalismo en general. No necesitas tener poderes sobrenaturales, ni una posición económica privilegiada. Deja de pensar que el representante sindical es una especie de oráculo que siempre tiene la razón, que nunca se equivoca y maneja información ultra secreta. No son ellos los que deben tomar las grandes decisiones, porque no son ellos la autoridad máxima. Me consta que conocer la ley, y saber el contenido de los estatutos es sumamente importante, pero no lo es todo. Si no hacemos valer nuestros derechos, si no exigimos cuentas a los representantes, si dejamos que otros tomen las decisiones de manera arbitraria y saltándose los procesos establecidos, solo serán montones de palabras muertas en hojas de papel.

 

Ximena Garmendia

27 de septiembre 2020

 

20 septiembre 2020

El miedo


El miedo

¿Qué es el miedo? Una emoción muy útil para escapar o evitar los peligros, sin embargo, también es una barrera que puede interponerse en el disfrute de una persona y en caso de que sea excesivo, puede llegar a bloquear y a impedir el transcurso de una vida normal.

Justamente esto es lo que está pasando con los agremiados al Sindicato de Sobrecargos ASSA de México. Es de tales dimensiones su miedo a perder “el trabajo”, que son capaces de aceptar todo tipo de vejaciones, con la esperanza de no perder su “status quo”, es decir el conjunto de condiciones que prevalecían en un momento determinado.



Pongámonos en contexto, estimados lectores. La convocatoria y realización de la última asamblea sindical, de carácter “virtual”, fue un ejercicio muy jugoso para la representación sindical que le permitió medir qué tanto control. a través del miedo, tienen de sus agremiados. El tema a tratar fue la elección de los tres sobrecargos que fungirán como observadores en las próximas elecciones del sindicato. Es decir, una asamblea de mero trámite, cuya relevancia radica en ser el “banderazo” oficial con el que arranca el proceso electoral. Sin embargo, el desorden y confusión en la tramitación de la asamblea, hizo que derivara en un verdadero pandemónium.

¿Por qué ocurrió el caos? Muy sencillo, al Secretario General se le ocurrió la genial idea de crear un complicadísimo sistema de votación. La plataforma ZOOM, donde se llevó a cabo dicha asamblea, al pasar de un cierto número de participantes, impide que cámaras y micrófonos puedan ser activados; deja al administrador la facultad exclusiva de activarlos. Es de señalarse que la misma plataforma cuenta con varios mecanismos para realizar encuestas y votaciones en tiempo real y al momento.



Pero, para no perder el control y seguir manejando a los agremiados a través de medios nada democráticos, avisó que para llevar a cabo la votación, debían mandar: copia de la identificación de la empresa, número de empleado, número de socio, y por si esto fuera poco, copia (fotografía) de la credencial para votar del INE. Todo para, según su propio discurso, evitar que alguien ajeno al gremio votara. Entonces yo me pregunto: ¿que no la liga para entrar al webinar del Sindicato, era previa inscripción, en la que se calificaron esos puntos?, tras esa inscripción, sería prácticamente imposible que se cuele alguien ajeno.

Pero este es solo una parte más del tortuoso camino. Son las 13:00 horas, y estamos en una asamblea en la que solamente Ricardo Del Valle puede hacer uso de la palabra. El resto de los asistentes únicamente pueden expresarse a través de “el chat” de la plataforma. El líder sindical hace la pregunta: ¿Quiénes quieren anotarse para formar parte de la Comisión Electoral?, y ahí comienza el caos. Del Valle Solares no tuvo empacho alguno en mentir, pues afirmó que no se podían proponer sobrecargos que “no estuvieran presentes” en la asamblea. Eso es totalmente falso, en los estatutos que rigen la vida sindical no existe semejante limitación. Sería absurdo que así fuera, pues derivado de la naturaleza del trabajo de sobrecargo, es común que se propongan compañeros que hayan manifestado su deseo de participar, pero que se encuentren volando en el momento que la asamblea se lleva a cabo. ¿Será que el Secretario General de la ASSA de México desconoce estas condiciones? O peor aún, ¿desconoce el contenido de los estatutos?

Los esbirros de Ricardo del Valle, porque al que ejecuta y hace ejecutar las órdenes de otro, especialmente si emplea presión y violencia psicológica, se le llama esbirro y no “Comisión de Vigilancia”, dejaron de lado su función primordial e ineludible de velar que se cumpla con el estatuto, permitiendo que cínica y sistemáticamente el Secretario General viole de manera perene la ley interna de ASSA, pues simplemente ignoró a los muchos compañeros que de manera insistente se proponían (por el chat) para ser votados. En cambio, hubo “candidatos” que ni siquiera fueron propuestos en la asamblea, pero mágicamente aparecieron en la lista de “candidatos”. Las ventajas de ser el único con el micrófono encendido.






No contento con lo anterior, nunca hubo un lista que constara de manera clara cuántos fueron los compañeros que se propusieron para ser votados para el cargo de Comisionado electoral. El chat de Zoom parece carrusel con todos los mensajes que exigen ser tomados en cuenta, y a las 13:55 horas, de manera abrupta, Ricardo Del Valle da por terminada la asamblea, diciendo que a partir de ese momento pueden mandar su voto por correo electrónico, con los nombres de las tres personas por las que votan, y adjuntando toda la documentación de identidad solicitada previamente. Sin hacer caso de todas las preguntas que inundaban el chat, evidenciando la falta de claridad en el proceso, cerró su micrófono diciendo que a las 18:00 horas se volvería a conectar para dar “los resultados”. Lo único que quedaba claro, es que a la representación sindical, la asamblea se le iba de las manos.

Era el momento de que Del Valle Solares actuara, entonces un audio empezó a circular por los diversos grupos de whatsapp que tienen los sobrecargos. Era la voz de una compañera, ex Mexicana y ex Interjet que suplicaba: “voten por los tres nombres que les mandaron, son el equipo de Ricardo… por favor, necesitamos que no se pierda el voto… nos quieren tirar la asamblea los que se oponen a la rotación y quieren correr gente”. Nada más le faltó decir: “y se están robando niños de los mercados!!!!”. Era el momento de que el miedo hiciera su aparición.



Tanto para el Secretario General, como para el resto de la representación sindical fueron evidentes los sentimientos que permeaban en la planta en ese momento: indignación y enojo por ser ignorados, confusión e incertidumbre por la forma en que se estaban tomando las decisiones, desconfianza y falta de credibilidad en el proceso, opacidad y nula transparencia en algo tan llano como una lista con los nombres de los candidatos. Había que recurrir al recelo y aprensión de que suceda algo contrario a lo que se desea: es decir, el miedo.

Entre los agremiados se empezaron a mandar mensajes de “sí no votas por los candidatos de Ricardo, se va a enojar”, “se va a dar cuenta si no votas por sus candidatos” y una larga retahíla de argumentos coercitivos, que florecen como hongos después de la lluvia cuando el voto no es ni libre, ni universal, ni secreto. Fue tan grande el miedo, que en lugar de convertirlo en el disparador para exigir transparencia a su representación sindical, lo que realmente pasó fue que los bloqueó y paralizó, y permitieron toda clase de violaciones a la ley interna que rige a la asociación sindical.



A las 18:00 horas llegaron nuevamente a la reunión, es decir, se volvieron a conectar a la plataforma de Zoom, y ¿cuál va siendo su sorpresa?, que todavía no estaban los resultados, y que se seguían aceptando más votos, a pesar que en las indicaciones la hora límite había sido fijada a las 18:00 horas. Los sobrecargos, consumidos entre el miedo y la confusión, aceptaron cual mansos corderos que se volvieran a reunir casi a las 22:00 horas para, ahora sí, dar “los resultados”.



Estimados lectores, ustedes no necesitan más información para saber quiénes quedaron electos como Comisionados Electorales, ¿verdad? En efecto: los candidatos del Secretario General, quien además de violar de manera sistemática los estatutos, es corto de miras, pues “dejar” que ganasen los candidatos de “la contra” (lo que es un chiste porque en ASSA no hay contrapesos al día de hoy), le hubiera dado legitimidad a todo el circo que armó el pasado 14 de septiembre.

¿Cuál es el asunto de fondo? Que hay en puerta otras asambleas, vitales para el futuro laboral de los sobrecargos de Aeroméxico, pero el miedo ha permeado de tal forma que, desde ahora en los diferentes chats que existen, escriben con resignación “lo mejor” es aceptar las propuestas del Secretario General, aunque eso signifique una gran merma económica. Una reacción hasta cierto punto lógica cuando se hace este manejo perverso de un sentimiento como el temor a perder cosas.



Lo que los sobrecargos de Aeroméxico deben tener muy claro y presente en estos momentos cruciales para su futuro, es que NADA les garantiza que aun aceptando todos los designios y caprichos que se le ocurran al líder, ellos salvarán su empleo. Es de capital importancia que no pierdan de vista que la Asamblea es el órgano máximo del sindicato, y el Comité Ejecutivo es quien debe de ejecutar el mandato de la asamblea. Cualquier modificación al Contrato Colectivo de Trabajo, de acuerdo a los estatutos, deberá pasar primero por la figura de Juntas Particulares por empresa (Artículos 47, 48, 49, 50, 51 y 52).

Espero que sea solamente una percepción equivocada de mi parte, pero así como los veo, no se van a sacudir ese miedo a cuestionar a su representante. Las preguntas que hoy no tienen respuesta clara son muchas, ¿hasta cuándo piensan perder el miedo? ¿van a seguir permitiendo que manejen sus vidas?, ¿seguirán siendo simples marionetas sin voluntad propia y sin decisión? ¿o usarán ese miedo para romper con la inercia que traen desde hace varios años?

Es un buen deseo de mi parte, honesto y sincero; ojalá que más pronto que tarde reaccionen y se percaten de que los únicos que pueden tomar decisiones sobre su vida laboral, son ellos y nadie más. Hago votos porque el miedo no sea un freno, sino el motor para cambiar y exigir lo que por derecho les corresponde.

 

Ximena Garmendia

20 de septiembre 2020

13 septiembre 2020

Siguiendo los pasos de su mentora

 

Siguiendo los pasos de su mentora

“La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio”, dijo uno de los más importantes autores de la historia romana, Marco Tulio Cicerón. Existen muchas biografías de este personaje, pero todas coinciden en señalarlo como un excelente consejero y guía. Al ser miembro destacado del Senado de la República romana, fue el maestro y padrino político de muchos personajes a los que la historia les tenía reservado un lugar especial.

En la actualidad y en nuestro país, a nadie sorprenden los apadrinamientos políticos, y el sindicalismo no es la excepción. Sin embargo, los tiempos que vivimos nos obligan a poner especial atención en todos los detalles y circunstancias que han estado a la vista de nosotros todo este tempo, pero que hoy adquieren especial relevancia. Revisemos pues, lo que ha pasado en la ASSA de México, en su historia reciente.

No hace mucho tiempo que yo era una joven sobrecargo, y como muchos de nosotros, al incorporarme a las filas de Mexicana de Aviación, desconocía quiénes eran los representantes sindicales. Para subsanarlo, yo había acudido a las asambleas, pero me abstenía de votar. Pude ver que se peleaban y que existían “bandos”, pero para mí todo ese mundo era nuevo. La primera vez que pude ver frente a frente, y de cerca a mi Secretaria General fue cuando intentó modificar los estatutos que nos rigen. Ahí conocí a Alejandra Barrales; yo llegaba a “Coordinadora” (lugar dónde firmábamos para ir a nuestros vuelos), y encontré a la representación sindical en pleno, buscando los votos necesarios para modificar el estatuto, y así Alejandra se pudiera reelegir para un tercer periodo.



Me explicaron todos los beneficios que tenía que Alejandra se quedara tres años más al frente del sindicato, porque además, ella había entrado a una diputación plurinominal por el PRD, y podría comenzar a legislar a favor de los sobrecargos. ¡Era el momento de que la voz del gremio aeronáutico llegara a San Lázaro!, decían.

Por mis antecedentes familiares, no creo en la reelección; soy de la idea que si ya se terminó tu periodo de gestión, se acabó. Jamás he estado de acuerdo con los liderazgos sempiternos. Razón por la cual fui una de las sobrecargos que votó en contra de la posibilidad de que Alejandra Barrales contendiera por una tercera ocasión. Mi estatuto fue y sigue siendo muy claro:” Artículo 64.- Ningún Miembro podrá desempeñar el mismo puesto por más de seis años.” Dejo imagen de los últimos estatutos certificados.



Tras el fracaso de Alejandra Barrales para quedarse un tercer periodo, “apadrinó” como candidata para la Secretaría General a su amiga del alma, Leticia Esther Varela Martínez, conocida por todos como Lety Varela. Pero después de 6 años con Alejandra al frente del sindicato, los agremiados a la ASSA ya estaban cansados del grupo de “Barralistas”, así que esas elecciones fueron apoteósicas. La Secretaría General y una tercera parte de la representación la ganó la oposición, y Arturo Aragón quedó al frente de la organización sindical, el 1° de febrero de 2001. Cuatro meses después, Julia Cabrera, recién nombrada Secretaria de Previsión Social de ASSA, descubre unas irregularidades en el tema de los Seguros que se tenían contratados en la Asociación. Para contarnos esta historia, busqué una voz autorizada y protagonista en este caso. Agradezco desde ahora la entrevista que de viva voz nos dio, y que ahora doy a conocer:



Ximena Garmendia: Buenas tardes, ¿tú nombre, cargo en el sindicato y en qué fechas estuviste laborando ahí?

Hugo Castro Lozada: Buenas tardes, me llamo Hugo Castro Lozada, fui vocal del Tribunal de Honor y Justicia del año 2002 al 2005.

X.G.: ¿Me cuentas la historia que hubo con el caso de las irregularidades con los Seguros en ASSA?

H.C.L.: Claro que sí, con mucho gusto. Mira, yo entré en el año 2002 como vocal del Tribunal de Honor y Justicia, sin embargo, la entonces Secretaria de Previsión Social, Julia Cabrera había denunciado ante la Comisión de Vigilancia, varias irregularidades con respecto al tema de los seguros que se tenían contratados en el sindicato, pero no se había podido hacer la investigación.

X.G: ¿Por qué es hasta el 2002 que se comienza a investigar esa consignación?

H.C.L.: El Presidente de la Comisión de Vigilancia Javier Tinoco Balcorta, no pudo hacer la investigación en el año que se hizo la consignación 2001, porque el estatuto establece que cualquier investigación se tiene que hacer mínimo con dos miembros de la Comisión, en ese tiempo estaban Sergio Loya y Leticia Varela como Secretario y Vocal respectivamente, ambos amigos íntimos de Alejandra Barrales. Es al año siguiente, 2002, que entra a la vocalía Mavi Bada en lugar de Leticia Varela cuando se empieza a realizar los trabajos de investigación. Una vez que concluyeron las investigaciones competentes, el expediente fue turnado al Tribunal de Honor y Justicia.

X.G.: ¿Qué hiciste cuando les turnaron a ustedes el expediente?

H.C.L.: Lo que hicimos fue una ampliación a la investigación, para posteriormente convocar a asamblea y sancionar a los responsables. Ya que se había descubierto que el agente de seguros Adrián Eduardo Abonce Salazar tenía 5 cuentas aperturadas con Bancomer con documentación del sindicato. Se nos había dicho que la póliza que se tenía con Inbursa no daba dividendos y nuestra sorpresa fue encontrar que $5,654,588.50 (Cinco millones seiscientos cincuenta y cuatro mil quinientos ochenta y ocho pesos, con cincuenta centavos) de dividendos jamás entraron a las arcas de la Asociación Sindical.

X.G.: ¿Cuándo descubren que habían estado meses sin seguro de vida, cuáles fueron tus sentimientos?

H.C.L: Robado, burlado, me dio mucho coraje, era una burla para todos los sobrecargos, porque se nos descontó por un seguro que no daba dividendos y cual va siendo la sorpresa de que no era así.

X.G.: ¿Qué lograron en esa Asamblea?

H.C.L.: Sancionar a los culpables. A la única que no pudimos darle una sanción porque literalmente sacaron gente de sus casas para que fuera a votar a favor de ella, fue a Leticia Varela, pero todos, incluida Alejandra se fue con seis meses de sanción sindical.

X.G.: Muchísimas gracias por la entrevista.

Lo antes narrado sucedió hace ya 18 años. Gracias a valiosos testimonios como el que acabamos de transcribir, y por la hemeroteca digital de algunos medios, es que podemos recordarlo:

http://www.cronica.com.mx/notas/2004/149979.html, https://www.cronica.com.mx/notas/2004/152669.html, https://www.proceso.com.mx/538917/en-la-trayectoria-de-barrales-multiples-acusaciones-de-corrupcion

Sigamos con otra cita de Cicerón: “No basta con alcanzar el conocimiento, es necesario saber utilizarlo”. Y es aquí mis queridos lectores donde estamos obligados a utilizar la información  que tenemos a nuestro alcance, y buscar la que nos es velada, para no repetir los errores del pasado. Es de todos conocido que Ricardo Del Valle, actual Secretario General de la ASSA de México, es ahijado político de Alejandra Barrales. La relación quedó evidenciada al grado que en 2018 la sede sindical se convirtió en la segunda casa de campaña.



Parece que Ricardo Del Valle quiere seguir los pasos de su mentora, tratando de colarse a la política electoral mexicana. Ya no de la mano de Barrales, que salió bastante mal parada de la competencia por la CDMX en 2018, sino otra amiga: Leticia Varela, también involucrada en el escándalo del fraude a los Seguros de Vida. Dicen que la vida es cíclica y en estos tensos momentos, en que los sobrecargos están padeciendo de rotaciones y mermas en sus ingresos, aparece el fantasma de una nueva “irregularidad” en el horizonte. ¿El tema?, sí señores, adivinaron: el Seguro de Vida de los sobrecargos.

La defensa “a capa y espada” que ha hecho Ricardo Del Valle por cada uno de los agremiados está documentada. No así la eficacia de sus medidas, pues si bien es cierto ha aumentado el número de agremiados desde que llegó al Secretaría General, en los últimos meses ha tenido hasta al 80% rotando y sin cobrar, y a los que vuelan les han asignado secuencias o roles más bien ridículos. Los que siguen esta columna saben que no es la primera vez que pregunto: ¿Por qué hacen esto?

Una posible respuesta, que debe convertirse en una línea de investigación que llegue hasta sus últimas consecuencias aparece con la documentación que una compañera sobrecargo me hizo llegar y que me pone a pensar, y definitivamente genera una cascada de preguntas. Me comparte que a ella le descuentan por Seguro de Vida la cantidad de $800.81 cada cartocena. Esta cantidad se lo descuentan durante 26 cartorcenas, y si Pitágoras no miente, el costo anual de dicho seguro es de $20,821.60



Esta compañera sobrecargo, preocupada por la coyuntura de que dicho seguro está por vencer, el tema de la rotación, y la emergencia sanitaria, no descarta la búsqueda de opciones, y tener toda la información necesaria para tomar las mejores decisiones. Por ello se dio a la tarea de pedir información al Sindicato. Inexplicablemente la información le es negada. Entonces la compañera se comunicó con la Compañía Aseguradora AXA, y dado que es información que le pertenece al asegurado, el agente de Seguros José Antonio Gutiérrez Tejeda le informó: el costo anual de la póliza del Seguro de Vida es de $9,347.90 pesos.



¡Rayos! ¿a dónde fueron a parar $11,473.16 pesos?, ¿dónde está todo ese dinero que religiosamente fue descontado de la nómina de la sobrecargo?, ¿están en la misma situación el resto de trabajadores? Estamos hablando de que le descontaron más del 100% de lo que cuesta la póliza, según información de la aseguradora. No es poca cosa.



Calculadora en mano, multiplicamos esa cantidad faltante ($11,473.16) por 2,728, porque esa es la cantidad de sobrecargos que tiene Aeroméxico, según palabras de Ricardo Del Valle, en entrevista con César Arellano, del periódico La Jornada, el día 11 de septiembre del presente año, y la cantidad resultante es la friolera de $31,298,780.48.





Empecé diciendo que “La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio”, y es que las dudas que genera esta información son desorbitadas. En estos momentos en que muchos sobrecargos de Aeroméxico están, literalmente, pasando hambres y limitaciones, lo menos que podemos exigir es que el Sindicato aclare de forma pronta y expedita esta situación, y no que se les niegue información como si fuera secreto de estado. La representación sindical se ha visto de lo más insensible, pues mientras ellos perciben de manera íntegra sus emolumentos, los sobrecargos han estado manifestando su hartazgo a rotar, esto es, dejar de volar sin cobrar su sueldo.

Por supuesto existen las excepciones que confirman la regla, pero la gran mayoría de los sobrecargos, me consta, son empáticos y se dan cuenta que esta crisis sanitaria no tiene antecedentes. Pero no puede jugarse con algo tan sagrado como el salario. ¿Por qué se niega esa información, que le pertenece al agremiado? ¿por qué la aseguradora informa un costo menor de la póliza del seguro de vida?

El Sindicato ya tuvo una experiencia fatídica con el mismo tema hace 18 años. Sabe perfectamente que es un asunto que debe manejarse con la mayor pulcritud, honestidad y transparencia posible, ¿o acaso estamos ante un caso en que el alumno Ricardo Del Valle, pretende superar a su mentora Alejandra Barrales? A todos nos interesa que se aclare. A los sobrecargos de Aeroméxico les toca exigir cuentas, y a la representación sindical rendirlas.

 

Ximena Garmendia

13 de septiembre 2020