11 julio 2026

Los sobrecargos de ASSA atentando contra sí mismos

 

Los sobrecargos de ASSA atentando contra sí mismos

Veo los resultados de la consulta, y tengo que decirlo con todas sus letras: los sobrecargos de ASSA son esos seres que siguen sin aprender del pasado y están más que negados a entender que existen decisiones que a los únicos que hacen daño, es a ellos mismos.

Fotografía tomada del perfil de Facebook oficial de ASSA de México


Lo he dicho fuerte y claro: “no hay peor enemigo de un sobrecargo, que otro sobrecargo”, y en este caso queda más que evidente. Ya de por sí la famosa Reforma del 2019 “deslactosó” el proceso del estallamiento a huelga, pero hoy podemos comprobar que no fue gratuito, ni mucho menos una casualidad.

Hay gente que todavía cree que, si el “Tío Sam” interviene en México, es para salvarnos. Pero ¡abramos los ojos!, una realidad es que esta reforma a la Ley Federal del Trabajo se hizo para darle gusto a los gringos, y aprobaran la firma del T-MEC.

A los norteamericanos no les gusta el tema del sindicalismo, les provoca prurito y escozor; entre menos sindicatos existan, mejor para ellos. Por eso la Reforma Laboral del 2019, no fue pensada para beneficiar a la clase obrera, sino todo lo contrario.

Nuestros legisladores dijeron que se hizo para que los procesos fueran más “transparentes”, pero en los hechos resultan ser tan engorrosos y burocráticos que se entorpece tanto el derecho a estallar una huelga, que más bien parece una mortaja hecha a la medida de ese derecho laboral tan importante.

Antes de la reforma, los trabajadores solamente requerían de una asamblea con el quorum suficiente para decidir a mano alzada si se iban a huelga o no. Ahora, gracias a la Reforma Laboral del 2019, esto ya no es posible, pues se requiere que más del 50% de los trabajadores agremiados voten de manera personal, intransferible, directa y secreta, y no dentro de una asamblea; y dada la naturaleza del trabajo de los sobrecargos, la votación dura 10 días.

Este formato merma cualquier estallamiento, y le quita todo el peso que tenía la huelga, dejando a los trabajadores completamente desamparados, porque si la huelga estallada no cumple con todos los requisitos legales, lo más seguro es que sea declarada inválida.

Eso es, sin medias tintas, la burocratización utilizada para “deslactosar” el estallamiento a huelga, y con ello quitarle poder a los trabajadores. Yo no sé si un buen número de los sobrecargos agremiados a ASSA viven en la ignorancia más profunda, o si la abulia e indolencia los vuelve entes tan maleables, que se dejan convencer por voces que no buscan mejorar sus condiciones laborales, sino que su único objetivo real es regresar al poder.

Estoy dispuesta a debatirlo seriamente, ¿alguien me puede explicar la sinrazón de votar en contra de la retabulación? Cuando es justamente la planta de los sobrecargos bajo el Contrato B a los que más les beneficiaba. ¿Me están diciendo que prefieren seguir cambiando de tabulador cada 10 años y no cada 5? Simplemente no lo entiendo.

¿Por qué votaron en contra de retabular su salario cada 5 años?, ¿por qué prefieren quedarse con el que cambia cada 10?  Me parece un error garrafal creer que esa es una estrategia exitosa para mejorar laboralmente. Francamente creo que alguien les está vendiendo humo.

No hay otra explicación para estos números. Son un total de 3,189 sobrecargos agremiados a la Asociación Sindical de Sobrecargos de Aviación de México (ASSA) al servicio de Aerovías de México S.A. de C.V., y han rechazado el MAYOR logro en años, que es retabular el salario de los sobrecargos que están dentro del Contrato Colectivo B o “Anexo” como le llaman de forma “eufemística”.

El resultado de la votación de la consulta sobre el “Proyecto de modificación contractual y salarial 2026”, refleja que a favor votaron 851 compañeros que entendieron perfectamente el momento geopolítico por el que está atravesando Aeroméxico.

Pero son 1,275 sobrecargos que votaron en contra. ¡Claro que tienen derecho a decidir el sentido de su voto! Eso no está a discusión, así funciona la democracia, pero la democracia no se limita únicamente a un sistema electoral, sino que es un sistema de vida, que busca el constante mejoramiento económico, social y cultural. Es decir, además de un derecho es una enorme responsabilidad.

En ese sentido, espero que esos 1,275 sobrecargos que votaron en contra asuman la responsabilidad de su sufragio, y no culpen de su oligofrenia a la actual representación sindical. Porque déjenme decirles que esta historia ya la viví.

En el año 2009 tuve la desgracia (y lo tengo que decir así) de lidiar con los sobrecargos de Aeroméxico que no aceptaban su responsabilidad; fue un año en que querían quemar el sindicato, cuando se dieron cuenta, y vieron “de cerca” las consecuencias de haber aceptado un convenio de ahorros propuesto por su empresa.

Yo siempre estuve en contra de dichos convenios, y así lo dije todo el tiempo; sin embargo, votaron a favor, y “tres doritos después” los tenía tratando de derribar la puerta de mi oficina, para crucificarme.

No es lo mismo trabajar con un ente vivo, como lo es un sindicato, que “crear” una reforma desde un escritorio, sin saber cómo funciona en los hechos, y sin considerar que en su interior existen grupos, intereses, alianzas y pasiones, a veces tan endebles y volátiles que terminan por crear empantanamientos.

Nuestros Estatuto en vigor no prevé qué hacer en estas situaciones, porque la Reforma prevé los siguientes escenarios:

  • ·         Si la mayoría aprueba los términos del contrato o convenio, se realizará su registro ante el CFCRL.
  • ·         Si la mayoría rechaza los términos del contrato o convenio, el sindicato podrá estallar la huelga o prorrogar el emplazamiento para volver a negociar y, en su caso, someter el acuerdo a nueva consulta.

Pero seamos sinceros, porque las siguientes preguntas no tienen clara respuesta: ¿los sobrecargos de Aeroméxico ya están listos para estallar una huelga?, ¿cuántas veces más pueden salir a consultar de nuevo a la base?, ¿cuántas veces los sobrecargos pueden rechazar los resultados de la negociación?, ¿se puede volver un cuento de nunca acabar?, ¿cómo se da por finiquitado el proceso?, ¿se vale decir que “cada quien se va con su golpe”?, entonces las cosas se quedarían en el estado que estaban antes de la revisión al Contrato Colectivo de Trabajo, o en palabras simples: se pierde la revisión.

Alguien tiene que decirlo: si “se pierde la revisión” no va a ser culpa de la representación sindical, sino de los sobrecargos que votan en contra porque creen “merecer más”; porque lo sabemos todos, ese el discurso que está moviendo la gente de Ricardo Del Valle, haciéndoles creer a la base que si rechazaban la propuesta, podrían exigir más a Aeroméxico.

Sin darse cuenta de que, al votar en contra, al único que benefician es precisamente a Aeroméxico, pues ya no se verá obligada a dar una retabulación de salario a los 5 años, y se queda en 10. ¿No me digan que jamás pensaron que rechazaban la retabulación? Al ser mayoría la gente del contrato B, era el único logro por el que de verdad valía la pena luchar.

La gente de Ricardo Del Valle se está reacomodando políticamente, y como lo dije líneas más arriba, queda claro que no está buscando la mejora de las condiciones laborales de los sobrecargos; de haber sido así, hubiera invitado a la gente a votar a favor, y aprovechar que la empresa ya había aceptado la retabulación de salario a los 5 años, y no a los 10 como actualmente están.

Lo que persiguen es demostrar que tienen el músculo suficiente para tirar una revisión de contrato, y salir a culpar a la actual representación sindical. Su interés es posicionarse como la opción en las próximas elecciones en ASSA. Algo tan básico y predecible, como darse cuenta de que las condiciones de los agremiados están en un tercer o cuarto plano.

Porque saben de antemano que los sobrecargos no van a estallar ninguna huelga. Ahora la parte más delicada: la Reforma Laboral del 2019 no aclara cómo salir del empantamiento en caso de que se vuelva a negociar y otra vez se consulte a la base, y el resultado sea negativo, porque se pueden seguir así de aquí a la eternidad.

Nuestro estatuto no tiene prevista la figura de la consulta; sí la de Juntas Particulares, pero éstas no lo son. Cuando en el pasado nos llegó a suceder, solíamos dar por terminadas las votaciones y darle “fire” a la propuesta, con todas las consecuencias que conllevaba, entre ellas el riesgo de que la empresa se levantara de las mesas y a cambio pidiera un convenio de ahorros; porque está en todo su derecho.

¿Les hablaron de esa posibilidad cuando los convencieron de votar en contra? En la mesa ya había una ganancia concreta, y subieron la apuesta al rechazarla; una jugada riesgosa que se puede convertir en un balazo en el pie.

No les voy a hablar bonito, y mucho menos a endulzarles el oído, quiero ver cómo salen de este berenjenal en el que se metieron, ya sea por manipulables, por indolentes, por crédulos, o de plano por ignorantes.

¡No tienen que creerme a mí! Los invito a que debatan entre ustedes, se informen, pidan cuentas, pregunten y contrasten versiones. Tomen las riendas de su vida, y si existe una nueva consulta, voten de manera responsable. Si las consecuencias son las que esperaban, ¡felicidades!, pero si son adversas, estarán tranquilos de que su voto fue en consciencia, y no tendrán que derribar ninguna puerta, ni crucificar a nadie.

 

Ximena Garmendia
 12 de julio de 2026